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Vivencias de un trece de enero

VIVENCIAS DE UN TRECE DE ENERO

Por: Marlon Chicas, El Tecleño Memorioso

“Aquí estamos, aunque algunos ya no están a nuestro lado, ya el otoño arrasó con el verano, y el invierno será crudo, pero aquí estamos. La primavera llegará” (Marcos Vidal).

Como olvidar 20 años después, un sábado 13 de enero de 2001, a las 11:33 am, cuando mi amada Ciudad de Santa Tecla es asolada por un potente terremoto magnitud 7.7 en escala de Richter, con 45 segundos de duración, llevando consigo la vida de muchos tecleños, así como años de historia en infraestructura pública y privada, dejando una estela imborrable de luto y dolor.

Aún recuerdo mi fallido viaje con el personaje a quien doy vida hace 33 años, a la pintoresca ciudad de San Bartolomé Perulapía en Cuscatlán, mientras realizaba mi asepsia dental, a un par de minutos de emprender dicho viaje,  la tierra se estremeció como nunca en lo que tengo de vida, mi corazón me indicó buscar a mi octogenaria madre, entrelazándonos en un abrazo, encomendándonos al creador, pasada la tempestad llegó la calma, un ambiente sombrío se apoderó del entorno, llantos, gritos y sirenas se escuchan por doquier presagiando una catástrofe

Como funcionario dispuse avocarme a la comuna tecleña, poniéndome a la orden del alcalde, durante mi recorrido por la ciudad, veo con impotencia y tristeza, humildes familias limpiando escombros de lo que fue su morada, madres con sus hijos en brazos, edificaciones históricas destruidas sin misericordia, mi amada Iglesia del Carmen que, de niño disfrute fracturada de muerte en sus cimientos, nuestros portales yacen desplomados, el panorama desolador rompió mi corazón en llanto.

Una inmensa montaña de tierra y lodo baja de la Cordillera del Bálsamo sepultando a familias en la Residencial Colina 1, con pala en mano inició la búsqueda de sobrevivientes entre hierros retorcidos, gritos que se apagan con el pasar de las horas, padres desesperados intentando ubicar su vivienda, un grupo de cuerpos yace al pie del Padre Pedro, fraile franciscano que ora por el eterno descanso de sus almas.

Preparando una improvisada morgue a los fallecidos, a espera de ser reconocidos por sus deudos, pidiendo al Creador fortaleza, asimilando una realidad que jamás imagine ser testigo, ante tal acontecimiento, la resiliencia de los tecleños se manifestó, jamás vencidos, sacando fuerzas de flaqueza y levantándonos de la adversidad.

Como olvidar el designio del Creador al hacerme responsable de la fosa común, 20 años después llego a la comprensión, que Dios quiso que desarrollará esa labor, de la cual no me arrepiento, dando santa sepultura a más de 800 personas que descansan en la paz del Señor, en el Cementerio General de Santa Tecla, por quienes elevo una oración.

Sirva este póstumo homenaje en el 20 aniversario del terremoto del 13 de enero, que enluto a mi querida Ciudad de las Colinas, pidiendo al Creador que la historia no se repita, ruego por el descanso eterno de quienes en vida fueron y resignación a sus familias, sin olvidar las palabras de Jesús “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”, requiescat in pace.

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