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La lección del debate

Claraboya

LA LECCIÓN DEL DEBATE

Por: Álvaro Darío Lara

Mi muy estimado amigo, Mario Roberto Ramírez, un destacado matemático y practicante de los caminos místicos, me hizo llegar, gentilmente, esta hermosa fábula, que sin más preámbulos pongo ante la consideración de ustedes, amables lectores:

“Según una antigua tradición de ciertos templos Zen japoneses, un monje que está de paso, puede pasar allí la noche después de ganar el debate con uno de los habitantes del templo. En caso contrario, tiene que irse. En el norte de Japón había un templo dirigido por dos hermanos.  El hermano mayor era muy erudito y el hermano menor le costaba mucho comprender las enseñanzas y sólo tenía un ojo. Cierta tarde un monje llegó a pedir alojamiento.

El hermano mayor estaba muy cansado, pues había estado estudiando durante muchas horas, así que le dijo al hermano menor que fuera y se hiciera cargo de la discusión. -Pídele que el diálogo tenga lugar en silencio -dijo el hermano mayor. Luego el Forastero y el hermano menor se fueron a debatir en silencio en la sala principal del templo. Poco después el viajero llegó corriendo y se acercó al hermano mayor y dijo: -Qué tipo más sabio es tu hermano. Ha ganado limpiamente la discusión, por lo que tengo que irme. Buenas noches. -Antes de marchar-dijo el hermano mayor-, te ruego que me cuentes cómo fue el diálogo. -Está bien -dijo el viajero-, en primer lugar, yo levanté un dedo para representar al Buda. Entonces tu hermano levantó dos dedos para corregirme que uno es el Buda y otra su doctrina.  Así que yo rápidamente levanté tres dedos, para aclararle que uno es el Buda, otra su doctrina y otra sus seguidores. Entonces tu iluminado hermano agitó su mano y me dio con su puño cerrado en la cara, para indicar que los tres procedían de un mismo acto de comprensión.

Y así es como me ganó.  Dicho esto, el viajero se marchó. Poco después llegó el hermano menor, corriendo y súper molesto. -Me he enterado de que ganaste la discusión -dijo el hermano mayor.

-Yo no gané nada -dijo el hermano menor-. Este viajero es un hombre muy insensato y lo ando buscando. – ¿Si? -dijo el hermano mayor-. Dime el tema de la discusión. -Pues -dijo el hermano menor-, el muy desgraciado en cuanto me vio, levantó un dedo para insultarme indicando que yo sólo tengo un ojo. Pero como él era forastero, pensé que yo tenía que ser muy cortés, por lo que yo levanté dos dedos, felicitándole por tener dos ojos. Ante lo cual, el miserable grosero levantó tres dedos, como queriendo decir que entre los dos sólo teníamos tres ojos, por lo que me enfadé y le di un puñetazo en la cara.  Y así que se fue y lo quiero encontrar. El hermano mayor se rió”.

Al igual que el Hermano Mayor, y que ustedes, imagino, yo también he reído con esta magnífica lección de sabiduría. Mario Roberto, nos lo explica en estas sencillas palabras: “Es una profunda reflexión sobre la realidad y las interpretaciones que hacemos de la realidad y que son las que generan nuestras emociones, miedos y ansiedades”.

Que cada uno de nosotros, pueda renunciar a sus prejuicios, miedos y boberías, que, insensatamente, albergamos en nuestras mentes ¡Qué así sea!

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