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La Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria (PRO-VIDA), lleva ayuda humanitaria a las comunidades en situación de vulnerabilidad en la zona rural del país. La enseñanza de la agroecología para huertos caseros, permite a las familias obtener alimentos e ingresos económicos a su grupo familiar. Foto Diario CoLatino/Cortesía.

PRO-VIDA promueve huertos caseros con mujeres y agricultores frente a crisis alimentaria

Gloria Silvia Orellana
@DiarioCoLatino

La Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria (PRO-VIDA) viene trabajando desde hace 4 años en la implementación de “huerto caseros” con mujeres y agricultores de subsistencia en distintas zonas del Occidente del país, a fin de contribuir en la reducción de la “crisis alimentaria” debido a las sequías o inundaciones en el país.

“Ante esta crisis alimentaria que vive el país por el alto costo de los alimentos y los insumos agrícolas, factor que agudizan la pobreza, es que  PRO-VIDA desarrolla, junto con las mujeres, este tipo de huertos caseros, tipo invernaderos, explicó Miguel Cartagena, encargado de comunicación de PRO-VIDA.

La Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria (PRO-VIDA) fue fundada en octubre de 1984, como iniciativa de un grupo de parteras, promotores de salud, personal médico y de enfermeras, que promueven procesos participativos de salud integral, gestión de riesgos y resiliencia al cambio climático. Así también, el desarrollo territorial y fortalecimiento institucional para la mejora de la calidad de vida de la población.

PRO-VIDA , apoya las mujeres y agricultores de subsistencia, con semillas de tomate, chile verde, rábano y pepino . Que complementan con el aprendizaje en la elaboración de abono orgánico y biofertilizantes foliares para aplicar a sus cultivos. Foto Diario CoLatino/Cortesía.

“Hemos venido trabajando con un grupo de más de 20 mujeres en el distrito de San Ignacio, Chalatenango, pero, también, apoyamos a otras 20 mujeres agricultoras y 20 agricultores de subsistencia de las comunidades indígenas La Barranca y Los Pérez, del distrito de Santo Domingo de Guzmán, municipio Sonsonate Centro”, agregó.

“También tenemos trabajo con otro grupo de 20 mujeres y 20 agricultores de subsistencia, de las comunidades indígenas Loma Larga y Santa Rosa, del distrito Santa Catarina Masahuat, municipio Sonsonate Norte”, señaló Cartagena. La Oficina Nacional de Estadísticas y Censos (ONEC), del Banco Central de Reserva (BCR), ha registrado que el costo de la Canasta Básica Rural ronda los $185.16 dólares, que implica un aumento con respecto al año 2023.

Cartagena manifestó que los huertos caseros o domésticos de tipo invernadero permiten a las mujeres cultivar diversas verduras u hortalizas, dentro de una estructura cerrada, que les permite tener control de las condiciones de sus cosechas frente a las plagas o exceso de sol o de lluvias.

“Esto favorece mucho, sobre todo, para mujeres y los agricultores de subsistencia, y también fortalecemos los conocimientos de las mujeres con asesoría de agrónomos para una mejor producción”, reiteró.

“También, estamos desarrollando con las mujeres el manejo de módulos de aves, lo que les permite comercializar huevos o pollos, y así fortalezcan los ingresos en la economía del hogar”, sostuvo Cartagena.

A las mujeres y agricultores de subsistencia se les apoya acotó Cartagena, con semillas de tomate, chile verde y pepino, que se complementa con el aprendizaje de los participantes en la elaboración de abono orgánico y bio fertilizantes foliares para aplicar a sus cultivos. “Esto les permite una producción agroecológica saludable, evitando el uso de agrotóxicos. Y es que, el exceso de lluvia ha provocado pérdidas en estos cultivos -algunos- lo han perdido todo, mientras, otros experimentaron un 50% de pérdidas, lo que impacta en su seguridad alimentaria y poder generar algo de ingreso para sus familias”, manifestó.

“El año 2023 hubo pérdidas por la sequía y en este año 2024 por exceso de lluvia, lo que han considerado las comunidades y los Pueblos Indígenas, como un verdadero impacto del cambio climático que les afecta en sus medios de vida”, afirmó Cartagena.

La decisión de PRO-VIDA, de impulsar estas iniciativas sociales, se enmarca en la alta vulnerabilidad en que viven miles de familias en la zona rural, que constata los porcentajes de la ONEC, que señalaron que 4 de cada 10 salvadoreños viven en hogares propensos a caer en pobreza (2023), y existen 1.8 millones de salvadoreños viviendo en pobreza.

“Ante esta situación y las constantes lluvias, hemos acompañado en asesoramiento a estas mujeres de San Ignacio, para minimizar pérdidas en sus cultivos, logrando un impacto positivo en la alimentación de sus familias y en su economía al vender parte de su producción”, agregó.

“El esfuerzo de apoyo ronda los 8 mil dólares en compras de semillas e insumos para hacer los abonos orgánicos”, indicó Cartagena, quien comentó que este apoyo se enmarca en el proyecto: “Recuperando medios de vida con énfasis en mujeres afectadas por la pandemia COVID-19, revitalización del idioma nahuat, prevención de desastres y gestión del agua en 4 comunidades indígenas de El Salvador”.

Proyecto que desarrolla la Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria PRO-VIDA, junto al financiamiento de el Colectivo El Salvador ELKARTASUNA, Gobierno de Navarra y Ayuntamiento de Villava-Atarrabia, Así como, por la Solidaridad Internacional País Valenciano y Generalitat Valenciana.

Transferencias de ayuda monetaria 

Miguel Cartagena informó de la gestión de fondos en efectivo, en apoyo a comunidades de mayor vulnerabilidad en el distrito de San Francisco Menéndez, dando priorirdad a las que fueron afectadas por fenómenos climatológicos como en este caso, por el fénomeno de la sequía de 2023.

“Este fenómeno climatológico impactó, sobre todo, a hombres y mujeres agricultores de subsistencia que perdieron en totalidad sus cultivos de granos básicos, -recordemos-, que cuando hay pérdidas de cultivos se eleva la crisis alimentaria y , a raíz de todo esto realizamos un proceso de gestión para encontrar ayuda monetaria para estas familias vulnerables”, dijo.

Frente a los fenómenos climatológicos, se genera “una disminución en la disposición y acceso a alimentos de las familias”, y mucho más sobre el “impacto económico”, porque de la producción de subsistencia siempre buscan una posibilidad de vender una parte y así generar ingresos a sus hogares y comprar otros insumos alimenticios.

“Son situaciones muy complejas, entonces, con esta ayuda de transferencias monetarias, es decir, un fondo en efectivo se cambió la disposición anterior de entregar paquetes de comida como respuesta humanitaria, porque algunas veces, no contaba con los alimentos que las familias consumen”, explicó.

“Con este fin, las familias van a disponer de fondos para comprar aquellas cosas que le hagan falta en su hogar que no sólo están dirigidas a la compra de alimentos, también pueden ser medicamentos, insumos para mejorar sus casas como láminas, ladrillos, cemento si fue dañada. Y así no se limitan a las familias”, reiteró Cartagena.

Esta respuesta de la transferencia monetaria en efectivo se realizó con comunidades de San Francisco Menéndez, al Sur de Ahuachapán, y se ejecuta en el marco del proyecto: Respuesta Humanitaria a Necesidades Urgentes de Asistencia Alimentaria, Nutrición y Protección en Zonas Críticas del Corredor Seco y la Ruta Migratoria en Centroamérica.

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