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Poemas a la patria. Porque la tierra es la carne

POEMAS A LA PATRIA

PORQUE LA TIERRA ES LA CARNE

Redacción Suplemento 3000

 

NACIÓN – Jorge Galán (Medianoche del mundo)

 

Oh dueña, oh mía, santísima y nefasta,

bajo el rosado vuelo de las aves,

y bajo el agujero amarillo donde una gacela de oro

hace su nido efímero y lo llena de crías semejantes a ella,

dejaré las letras de un himno,

y sobre tus tejados, aún de tierra roja,

inclinaré mi cabeza humedecida

en el aplauso interminable de tu invierno sin nieve

y reuniré todo lamento y toda terrible declaración de amor

para decirte dónde estamos perdidos,

para dejarte migajas de inhabitables días destrozados

y que puedas llegar hasta nosotros.

Oh hermana enorme, loba del color de las azucenas sucias,

eres la inmensa huésped de las aguas del alba,

una vieja mujer con anillos de ónice y pezuñas de jaguar,

globos negros son tus palomas que explotan en el aire.

Oh madre enferma y santa, tu cabeza es una gallina

haciendo equilibrio en el horizonte de marzo,

tu huella es un país que llega con la noche,

tu primavera, una estación de trenes en cuyo andén

se desbordan tilos enfurecidos, altos

tan altos como muchachos a la sombra, y más altos aún,

semejantes a brisa súbita erguida como un animal majestuoso

bajo todas las aguas del pacífico, ese mar solo nuestro,

ese páramo repleto de caballos dementes

que chocan entre ellos y se expulsan

a través de una piadosa muerte blanca, un grito blanco

que destroza los muelles y las piedras.

Un ruido de gaviotas es lo que sé de ti, Madre,

temible Madre siempre en éxtasis,

y por eso bendíceme otra vez y yo te bendeciré

y estaremos juntos al amparo de tu inaudita iglesia,

esa Iglesia llena de niños santos

arrodillados para siempre…

 

III [yey] fragmento Luis Borja (UMIT)

 

La tierra no se puede perder

Porque se perdería el sustento y la saliva

Perdería mi lengua y la voz

Es más, perdería el grito de la sangre

¿Y entonces, qué sentido tendría resistir?

Me quedaría mudo como la piedra

Me quedaría habitado por todos los vacíos

Nadie me vería zanjando los nombres de la sangre

Por eso, yo me resisto con el golpe

Yo me resisto agitado por el polvo y los astros

Y desde ahora, no encuentro el sosiego

Yo soy el padre del que habla

Y no me pueden quitar la tierra

Porque la tengo metida en cada herida de la cara

Porque han sido las manos de polvo que me sostienen

Y eso, señores, sólo se quita con la muerte

Yo soy el padre del que habla

Y no me pueden quitar la tierra

Porque la tierra es la carne

Porque la tierra es el hueso

Porque la tierra es el puño

Porque la tierra es la sangre

Porque yo soy la tierra

 

 

 AFUERA – Alfonso Quijada Urías

 

Afuera el río arrastra las corrientes del tiempo:

hojas, flores y animales muertos.

En su rumor despierto. Lejos escucho los gritos de la gente,

aquellos que discuten de finanzas; aquellos que van

de un pasillo a otro pasillo

señalando el gran día que nunca llegó.

No soy yo quien regresa, sino el otro,

aquel que en le Café se sentaba bajo un árbol a contemplar las
gentes,

mientras sus manos desparramaban migajas sobre la mesa

para el decoro de las moscas pegadas en el vidrio

donde el tiempo reflejó su crisis. Una noticia alarmante.

Un crimen que nadie esclareció.

Afuera el río -no me importa su nombre- sigue su curso furioso.

Toda patria es tu patria. Pasan las gentes, todo un río de rostros.

¿Qué haces a esta hora, sentado y conmovido en este viejo
puente al mediodía?

Oyes voces antiguas diciéndote al oído: regresa.

A donde quiera que vayas es lo mismo.

Pero no seré yo quien regrese sino el otro.

Afuera corre el río, el mismo río, su nombre es diferente.

Seres que no conozco me saludan, mientras contemplo el domo

y trato de asir tu espacio: cuerpo de la memoria.

 

 

Yo, el brujo – José Roberto Cea

 

Yo soy Quirino Vega,

Tengo hierbas de pájaros malignos

Para falsear candados y memorias.

Tengo, además, oraciones que alejan la maldad

Y hacen retroceder al enemigo.

 

Yo, Quirino Vega,

Sé matar la cal viva, pero sufro.

Hace años que he muerto para el ángel,

Pero me sobreviven, la Chagua Théspan, mi mujer,

Y los diez hijos.

Seis hembras ya cazadas y casarse,

Y el resto, unos muchachos locos,

Alegres como pascuas.

Lo que sé, lo heredo de mi padre.

Él sabía sus cosas. ¡Tantas sabía!

Que me alcanzó a dejar mucho que vale.

Por ejemplo, su corazón de codorniz salvaje.

Y ese afán tan limpio,

De agua que no cede en el pantano,

Que todo lo del mundo se encuentra en su lugar.

 

El nombre que me puso,

Según dicen las piedras del coral,

Fue para que yo no perdiese el camino.

Y las espinas no dejaran su huella en mi memoria.

Y las hormigas me trajeran gusanos moribundos,

Sapos muertos y cogollos de plantas misteriosas

Que harán perder el agua de las pilas…

 

Yo, Quirino vega,

Siempre anduve en camisa de once varas

Por decir la verdad a quema ropa

Y no hacer uso de platos de lentejas.

 

No di palos de ciego, me cayeron.

Pero ahí voy, de memoria en memoria,

Más querido que el aire y que el dinero.

Repartiéndome azul, a manos llenas.

Dándome de verdad, completamente nuevo en cada entrega.

Sin sudar tinta, sí, pero soberbio.

Así somos los brujos en Izalco.

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