Mikhail Nikolaevich Ledenev
embajador de Rusia en Nicaragua
El 9 de mayo de 1945 a la 1:01 A.M. (hora de Moscú) se firmó en Berlín en presencia del legendario Mariscal Soviético Gueorgui Zhúkov el Acta de la Capitulación Incondicional de Alemania. Desde entonces, se celebra en Rusia el Día de la Victoria, muy especial para los pueblos de nuestro país. Muchas familias han perdido a seres queridos en la Gran Guerra Patria. Todos tienen algún antepasado o familiar quienes lucharon en los frentes o trabajaron en la retaguardia.
El camino fue difícil, trágico, victorioso. Perdimos más de 26 millones de vidas. Las tropas de Hitler y de sus aliados, entre los que se encontraban la mayoría de los países europeos, ocuparon Kiev y Minsk, asediaron Leningrado e incluso llegaron a las puertas de Moscú donde sufrieron su derrota sonora.
La siguieron otras batallas que cambiaron el destino del mundo: las de Stalingrado; de Prokhorovka donde se enfrentaron 1500 tanques; la operación “Bagratión” y otros.
A medida de su avance los Soldados Soviéticos eran testigos de horribles atrocidades que los invasores fascistas y sus cómplices cometían contra la población civil. Los nazis proclamaron como meta la exterminación total del pueblo ruso y de los otros pueblos que vivían en la URSS. En Berlín querían asegurar un “espacio vital” (“lebensraum”) sólo para sí apropiándose de las tierras y recursos naturales ajenos. Todos los “indeseados” fueron brutal y masivamente exterminados.
Es por eso que el 19 de abril de este año se conmemoró por vez primera el Día de la Memoria de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético, establecida por el Presidente de Rusia Vladímir Putin.
El Ejército Rojo avanzaba, liberando tanto el territorio de la URSS como las ciudades europeas del yugo nazi: Bucarest, Sofía, Budapest, Varsovia, Bratislava, Viena. El 2 de mayo cayó Berlín. Hitler se suicidó y fue instalada la Bandera de la Victoria sobre el emblemático edificio del parlamento alemán – Reichstag.
El 9 de mayo de 1945 retumbó sobre Moscú un majestuoso Saludo de la Victoria, en el que participaron mil piezas de artillería. Mientras tanto, en una capital europea ocupada – Praga – aún continuaron los últimos enfrentamientos con los restos de selectas tropas nazis.
Dicen que el mariscal Zhukov pronunciaba en aquel entonces: “Ellos no nos perdonarán esta nuestra Victoria”. Año tras año se han ido olvidando las lecciones de numerosas invasiones fallidas contra el mayor país del mundo. Y ahora desde las capitales occidentales vuelven a surgir graves amenazas contra Moscú y se están urdiendo intrigas y planes de acertar una “definitiva derrota” a Rusia.
El olvido de las lecciones de la Segunda Guerra Mundial sitúa al mundo y a la Organización Universal – la ONU – en una situación de crisis extremadamente grave y difícil. Va acompañado de una sorprendente negligencia por las consecuencias catastróficas del uso de armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares.
El Presidente Vladímir Putin y el Ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, han advertido reiteradamente a los líderes occidentales de las nefastas consecuencias que acarrearía el avance de la maquinaria militar de la OTAN hacia el Este hasta nuestras fronteras. Oídos sordos.
Ahora el mundo entero está pagando la arrogancia de las élites occidentales, con sus estándares morales bien conocidos, por su falta de respeto a los principios básicos de la indivisibilidad de la seguridad y el respeto a las minorías étnicas, su cultura, religión e idioma.
No será fácil superar una profunda división provocada por la chocante implantación de la ideología de la derecha ultrarradical en Kiev. Y siguen empecinados en alimentar el conflicto con un apoyo militar, mediático, financiero y del espionaje sus generosos patrocinadores. Con indicios de diferentes enfoques entre los EE.UU. y la UE en cuanto a necesidad de la búsqueda de una solución negociable, los avances siguen siendo modestos.
En este complicado contexto, se valora aún más la postura de los países de la Mayoría Mundial y muy especialmente de Nuestra Hermana Nicaragua en rechazo a la revisión de la historia verdadera y el respeto a la memoria de los combatientes que dieron sus vidas para acabar con la inhumana ideología nazifascista.
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