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El continuo sometido

EL CONTINUO SOMETIDO

Por Mauricio Vallejo Márquez,

Escritor y editor Suplemento Tres mil

Las dictaduras militares nos dejaron como herencia el conformismo y agachar la cabeza. Nos dejamos que pasen sobre nosotros sin que digamos nada, sin reclamar. Lamentablemente, la latencia de volver a dictaduras o gobiernos autoritarios y totalitarios es algo real.
Nos tratan mal y nos quedamos callados, nos golpean y procuran hacernos ver como algo ajeno al pueblo o a la ciudadanía pisoteandonos por no tener poder ni contactos en la perriferia de la autoridad. Enfrentamos las injusticias en nuestros empleos como si fuera algo correcto, en donde se nos exige obediencia como si estuvieramos en el ejercito. Observamos a la gente sin ética que va trepando y teniendo libertad financiera.
Esa costumbre absurda de siempre decir sí a lo que se impone sin razonarlo y aún sabiendo que todo está mal, nos llevará al caos y la destrucción, ya no se diga quedarse de brazos cruzados y hacer como si no pasa nada.
¿Porqué no podemos cambiar eso? olvidamos que el cambio que beneficie a la nación no lo va a traer un candidato político, ni un presidente, mucho menos un diputado que no razona y considera que la gente no es pueblo.
El cambio real comienza en cada individuo, cuando se percata que nadie en el poder le va a solucionar la vida.
No porque sea malo ayudar a los demás. El detalle es que nos han metido tanto en la cabeza que debemos dejarnos, que cada uno salva su pellejo. Tanto nos entró eso en la cabeza que mientras estemos bien nos tiene sin cuidado que otros estén mal y la sociedad llena de resentimiento, revanchismo y falta de empatía hace más grandes las distancias de la ya dividida nación en la que cohabitamos.
Hace poco recordé la enseñanza de un rabino, que afirmaba que es bueno enseñar a otros a pescar. Pero, ¿cómo va a pescar si tiene hambre? Primero se debe alimentar al individuo y luego enseñarle a pescar. Se debe alimentar y enseñar, no imponer.
Es obvio que el solo alimentar puede generar comodidad y a veces pereza. Sin embargo, no es ningún misterio que en nuestro país las oportunidades son escasas y además las que existen no tratan como seres humanos y con dignidad a los empleados, anunciando que si están en desacuerdo pueden irse porque hay miles en la cola a la espera de esa plaza..
Así que uno debe enfrentar el sistema, al poder y a la falta de empatía. Debemos desaprender la forma en que nos educaron para aprender la forma en que debemos vivir, buscando la justicia social, la solidaridad y la dignidad, pero sobre todo la unión en nuestra nación entendiendo que en la diversidad y la tolerancia se encuentra el bien común.
Al fin de cuentas que real eso: «el cambio está en uno».

 

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