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Masferrer y la Navidad

Claraboya

MASFERRER Y LA NAVIDAD

Por: Álvaro Darío Lara 

El término navidad, como sabemos, procede del latín “nativitas”, que significa nacimiento. Para el mundo cristiano es probablemente una de las fiestas litúrgicas más importantes, sino la más importante, por el profundo significado que posee, en tanto se conmemora el nacimiento del Maestro Jesús.

La historia no señala –precisamente- el 25 de diciembre, como la fecha clara del natalicio del Maestro de Galilea. Fue la Iglesia Romana, quien fijó la fecha, sustituyendo las festividades paganas dedicadas al “Natalis Solis Invicti” (el Nacimiento del Sol Invencible) por las nuevas efemérides del catolicismo.

Al margen de esto, la personalidad del Maestro Jesús, su filosofía y praxis humana fundamentada en el amor universal, han sobrevivido a través de los tiempos, más allá, de las deformaciones y manipulaciones religiosas, morales y políticas, que se ha hecho del mensaje cristiano.

Fue don Alberto Masferrer, además de un gran escritor y pensador salvadoreño, un hombre que buscó con apasionada sinceridad los caminos místicos y esotéricos, buscando la VERDAD y tratando de vivir en feliz concierto con ella.

Uno de los personajes que más cautivó a don Alberto, fue Jesús. A él quiso dedicarle un volumen completo, del cual sólo alcanzó a escribir y publicar algunos apartados. Este texto se intituló: “Estudios y figuraciones sobre la vida de Jesús”, yendo desde la “Anunciación y Nacimiento”, hasta el “Bautizo”.

Al respecto, la nota editorial de “Estudios y Figuraciones sobre la vida de Jesús”, (Dirección de Publicaciones, 1972) nos dice en un fragmento:  “El escritor salvadoreño Alberto Masferrer tuvo siempre el proyecto de escribir una extensa vida de Cristo, a la cual habría de consagrar sus mejores esfuerzos; sin embargo su propósito no logró realizarlo plenamente, viendo escrito tan sólo algunos capítulos que aparecieron el año de 1927, bajo el título de Estudios y Figuraciones sobre la Vida de Jesús (…). Masferrer en estas páginas, abandona el tono didáctico que caracteriza a otras obras suyas y eleva su estilo a una altura lírica acorde con el tema tratado”.

Como ya se ha dicho, cuando Masferrer habla del Maestro de Galilea, involuntariamente, habla de sí mismo, en el sentido de la propensión irrenunciable hacia la Luz Mayor. Veamos un apartado, donde sitúa al Nazareno con Juan Bautista: “Jesús expuso y detalló la doctrina de la renunciación, aprendida en sus viajes, hablando con discípulos de Buda, el Rabí de la India; habló de Platón, que había enseñado la doctrina del Verbo, y de la posible manifestación del Cristo que vive latente en cada hombre. Los dos advirtieron una noche, tras de silenciosa y dilatada meditación, que esta doctrina del Cristo realizado, era la misma que Daniel, siglos antes, simbolizó con las palabras de EL HIJO DEL HOMBRE, y en la cual se encontraba no sólo la promesa de futuros Mesías espirituales, sino también la de una Humanidad santificada, en la cual habría de realizarse la misión de Isaías: cuando los hombres harían de sus espadas rejas de arado, y de las lanzas, hoces para segar las mieses…” (p. 141).

Cuando Masferrer cita el pasaje de los Magos, lo hace con un ineludible tono espiritual y poético: “Una estrella le sirvió de guía a los magos; como era natural, tratando de conducirles a la presencia del que venía para ser más alto que los reyes. Nos enseña la estrella, que en el universo todo se halla enlazado y en perenne relación; que los altos sucesos espirituales no se cumplen sin afectar a los más altos seres, y que aun los astros han de colaborar para el advenimiento de un dios…” (p.40).

En definitiva, es época de navidad, época de transición en el mundo, el solsticio de invierno se instala, para luego ceder a la intensa luz estacional que llegará. Así, tendrá que llegar para todos los habitantes de este planeta, una mañana diferente. Trabajar por ello, sin desmayo, no perdiendo la firme promesa de mejores días, deberá ser nuestro gran consuelo.

Finalizamos, entonces, aferrados a la esperanza, y citando a don Alberto, en su maravillosa recreación del Maestro Jesús: “Jesús, alzando los ojos, respondió, lento y suave, con las palabras de Isaías. –Rabí, en verdad te digo que cuando venga el HIJO DEL HOMBRE, habitará el lobo con el cordero, y el tigre se acostará con el cabrito, y el león y el buey doméstico andarán juntos, y un niño les llevará a pacer. Entonces la vaca y la osa andarán juntas, y juntas andarán sus crías, y el recién destetado, extenderá sus manos dentro de la caverna del basilisco. Porque la Tierra, estará ya entonces llena del conocimiento de Jehová, así como la mar rebosa ahora calmada de sus aguas…” (p.142).

 

 

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