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Este domingo en la Cripta de Catedral Metropolitana se recordó la homilía de 1987, de monseñor Óscar Arnulfo Romero donde llamó a cuidarnos de los falsos profetas y de quienes solo buscan beneficios personales y no la justicia. Foto Diario Co Latino/Yaneth Estrada

Llamados a desenmascarar el mal y reclamar contra las injusticias

Yaneth Estrada
@caricheop

En los momentos de caos social, pandemia, y alarmas de guerras, la Comunidad de la Cripta de Monseñor Romero llamó a cuidarnos de los falsos profetas, quienes no trabajan por denunciar las injusticias, ni estar a favor de los menos favorecidos, sino que buscan crédito personal o poder. Para monseñor Romero, cada cristiano y miembro de la Iglesia, al igual que la Virgen María debe acompañar los momentos de llanto y sobrellevar problemas, pero ante todo, debe denunciar injusticias y predicar la verdad, aunque esta sea incómoda.  “Que cada cristiano, que cada miembro de esta Iglesia, que todos, al igual que María, como ella, sepamos enjugar lágrimas y consolar tristezas, pero, como ella también, valiente en su profesión profética, sepamos desenmascarar el mal y reclamar contra las injusticias, porque la redención de los hombres según el cántico mismo de la Virgen, está ligado a la justicia que los hombres hagamos en la tierra y al respecto que aquí tributemos a la verdad de Dios”, dijo en su homilía del 15 de julio de 1979 el ahora santo Oscar Arnulfo Romero. Además, con un vida de santidad, monseñor Romero llamó a trabajar para Dios y no para que nos adulen, por riqueza o por poder político, ya que estos testimonios hacen la diferencia entre un seguidor de Jesús, y un falso profeta. A la vez nos invita a llevar las buenas nuevas de salvación por todo el mundo, ya que al momento de recibir a Cristo fuimos marcados por el Espíritu Santo.

La fiesta de Pentecostés 

También, el padre Alberto Chávez, vicario de Catedral y capellán de la Cripta, recordó la fiesta de Pentecostés, el segundo domingo más importante del año litúrgico, en donde los cristianos tienen la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.

En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).

Es así como el papa Benedicto XVI, el 27 de mayo de 2012, recalcó que “esta solemnidad nos hace recordar y revivir la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y los demás discípulos, reunidos en oración con la Virgen María en el Cenáculo (cf. Hch 2, 1-11). Jesús, después de resucitar y subir al cielo, envía a la Iglesia su Espíritu para que cada cristiano pueda participar en su misma vida divina y se convierta en su testigo en el mundo. El Espíritu Santo, irrumpiendo en la historia, derrota su aridez, abre los corazones a la esperanza, estimula y favorece en nosotros la maduración interior en la relación con Dios y con el prójimo”.

Mientras que en la mesa de las ofrendas se colocó a Monseñor Romero simbolizando al buen pastor enviado por Cristo, también la frase “Ten vocación misionera” como mensaje de las buena noticias de salvación, la canasta de víveres como una responsabilidad que tenemos de denunciar las injusticias contra los pobres y el pan y el vino que al comulgar se convierte en cuerpo y sangre de Cristo.

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