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José María Cuéllar en el tiempo

Alfonso Velis TobaR
Poeta, clinic rx investigador y ensayista
M.A Carleton University

 

De su vida cotidiana

El 17 de octubre de 1980 camino a San Marcos se apaga trágicamente la existencia del poeta José María Cuéllar (1942), no rx arrollado por un bus de la ruta 11, causándole una muerte instantánea. Aconteció en circunstancias muy raras. Se sabía que Chema y su familia eran perseguidos, asediados por razones políticas. Sobre todo en una época en que el poeta milita intensamente. Por la amistad que teníamos, sabíamos de nuestras correrías revolucionarias. Muchos compañeros sentimos el dolor de perder un amigo querido por todos, un poeta popular en El Salvador. Matilde Elena López, quien estuvo cerca de él, en una nota dijo muy triste: “Desaparece en la flor de sus días, en un momento convulsionado y trágico  de nuestra historia. Chema Cuéllar, un poeta que tiene su gran historia, su historia perseguida, su historia combativa.” (Prensa Gráfica, 03/22/1981)
Estas reflexiones pertenecen a un homenaje que rindo al amigo Chemita Cuéllar, con quien nos conocimos en 1973. Yo, joven en los avatares de mi poesía. Llegó a quererme como hermano, compartíamos los estudios y la poesía en la Universidad Nacional, los libros a la par de esa bohemia. Con quien nos escapamos de la muerte y aguantamos los gases lacrimógenos de la dictadura fascista en 1978 apoyando y protestando en la plaza Libertad por el fraude de los comicios electorales de ese año, un fraude descarado de la oligarquía y los militares de turno para imponer al General Romero.
Aquella noche con miedo, yéndonos entre toda la masa, eran como las doce de la noche, cuando con gran pompa militar, el ejercito con camiones y soldados, se tomó la Plaza Libertad esa madrugada rodeando a todos los manifestantes, poniendo otro cordón para apresar a los que huyeran de la concentración. Chema y yo nos quedamos entre toda la masa entonando vivas  contra el enemigo, un capitán o coronel con un megáfono desde el cine Libertad advertía a gritos a la multitud, que nos moviéramos del lugar.  Cantando y respondiendo los lideres Claramount  Lucero y Morales Erlich, a quienes descaradamente se les había arrebatado la presidencia,  nos fuimos yendo adentro de la iglesia el Rosario. Fuimos acribillados hasta el altar mayor por los encapuchados rociándonos gases lacrimógenos, a niños, ancianos, mujeres y hombres. Nos sacó la Cruz Roja. Nos fotografiaron cuando salimos. Por todos lados agarraban tu silueta y un fogonazo al mismo tiempo te segaba los ojos para después andarte persiguiendo por medio de las fotos.
Tiempo que junto con Chema anduvimos apoyando, editando  revistas. Recuerdo la Revista “Neruda”. Con Chema, recorrimos algunos bares populares de San Salvador: el “Mar y Tierra”, la “Praviana”, el “Faro”, escuchando mariachis, tríos y otros poetas amigos: Luis Melgar Brizuela, Joaquín Meza, Alfonso Hernández y Alfonso Quijadurias, José Roberto Cea, Uriel Valencia, con quienes compartíamos la bohemia de vez en cuando, la poesía, la disciplina de las tareas políticas, apoyando la lucha estudiantil y de las masas democráticas revolucionarias. Los años de 1970-1978 fue un tiempo de organización de  masas, con el fin preparar y esperar las condiciones internas del lanzamiento revolucionario, que estallaría en 1980, año trágico en que asesinan a Monseñor Romero, por venir enfrentando y encarando a la oligarquía y al ejercito, intentando persuadirlos en el nombre de Dios para que detuvieran la matanza.
Siete meses después se da la muerte trágica de José María Cuellar.
Una tarde  Chema, me invitó,  iba a visitar a Monseñor Romero. Platicamos quince minutos, le dimos nuestra poesía, nos sentamos con Monseñor en las bancas de catedral, a eso de las 4:00 de la tarde,  su tema fue la poesía. Fueron agradable esos minutos con Monseñor Romero, quien en esos momentos enfrentaba a la oligarquía, el sector castrense  militar y al mismo sector reaccionario en el interior de la iglesia, Monseñor muy suave, sencillo en su hablar, su elocuencia, su humildad me impresiono. Hablando de poesía, admiraba a Juan Luis de León, el fraile San Agustín, en Juan de Letrán,  dijo que quería conocer más la poesía de Roque Dalton. Monseñor moría asesinado por la oligarquía y los militares, autor intelectual Roberto d´Abbuisson y otros. Este hecho retrogrado encendió más la mecha de la revolución para estallar en la guerra armada por esos años. Una década de violencia social, de lucha a vencer o morir, emprendida por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) contra la dictadura  militar y la oligarquía terrateniente, apoyada por el imperialismo yanqui. Había que jugárselas de una u otra forma colaborando de alguna manera con la causa liberadora. En lo personal no solo en lo político sino que a través de la literatura desde los Cinconegritos y otras revistas universitarias,  donde se podía publicar poesía,  fuimos muy atrevidos al momento que se vivía, pero la situación lo exigía, para un poeta y escritor consciente, sabias donde debías estar, colaborando a favor del pueblo. El pueblo ya estaba cansado de fraudes electorales. Ello dio nacimiento a las escuadras de milicianos, desde los inicios del 70.   Las organizaciones políticas y armadas, que surgen ante la opresión, el pueblo en lucha por la justicia social, por el respeto a los derechos humanos; y el pueblo se declaró en guerra de liberación nacional. Manifestaciones de todas las organizaciones populares, todos  los sectores laborales del pueblo.
Ante todo Chema Cuellar, en sus acciones revolucionarias, poeta de extracción popular, desde joven participa de lleno en las contiendas políticas afiliado al Partido Comunista de El Salvador (PCS),  del cual Chemita Cuellar es fiel militante, no solo él, sus hijos Claudia María, José y su esposa Lilian,  valiente su familia entera.
En mis correrías con el poeta Chema Cuellar, recuerdo allá por 1975 en adelante, casi como agarraditos de la mano, nos llevaba al poeta  Nelson Brizuela (a quien acabo de conocer), a oír pláticas del Partido en la Escuela “Camilo Campos”. Entonces allí pude escuchar a Mélida García Villas, al líder Schafik Jorge Handal, alegría para Nelson y yo conocer al legendario héroe de 1932, don Miguelito Mármol, compañero de lucha de Farabundo Martí en 1932. Un mito de nuestra historia, símbolo de la revolución salvadoreña. Que lo fusilaron un día de 1932 pero no lo mataron logrando salir vivo del paredón sin haber recibido el tiro de gracia, lo conozco gracias a las correrías del poeta Chema que me introdujo con él la primera vez, llevándonos a oír charlas al partido o en las barracas de madera de humanidades.
Gracias a Chemita Cuéllar, a Alfonso Hernández, pude después compartir la amistad de tales personajes de los que había oído la historia.
Recuerdo esa década, la situación se iba poniendo más violenta en el país, siempre la crisis económica, la lucha de clases que vivíamos; mientras hay buitres mayores que se hartan y descuartizan al pueblo con ansias de muertes y persecuciones. Gozaba mucho de la compañía de Chemita Cuéllar, desde el Departamento de Letras de la Universidad, compartiendo cursos académicos. Carrera que Chema nunca culmina, por esa misma disciplina, su militancia en el partido, en el cumplimiento de su trabajo de propaganda política, me consta, yo mismo le colaboraba bastante, en repartirla entre otros compañeros de letras, por la confianza de convivencia que teníamos; y en más de una ocasión amanecí durmiendo en su casa, por eso de los toques de queda, la ley marcial. Te podían matar los retenes militares. Alguna vez prefirió quedarse en mi casa. Ahí en la universidad, justamente por esos años, conocí a  Mario Noel Rodríguez Mejía, siempre huidizo de los problemas políticos, estudiantiles, alejado de toda participación revolucionaria. Compañero de curso “Teoría del lenguaje” que el profesor Luis Melgar Brizuela, poeta el mismo, buen docente, sabíamos que había pertenecido al grupo Piedra y Siglo, ya me llamaba eso de la investigación, indagándome de los poetas nacionales, quería  conocerlos en persona. Así conocí a mi cuate Mario Noel Mejía, poeta y compañero de promoción… También conocí por casualidad otro compañero de letras Humberto Palma, inquieto, siempre nervioso y apresurado, con un cigarro todo el tiempo; poeta que ya en los 80s, es capturado por el enemigo, se dice que proporciono información (tal vez por las torturas) fue bulla cuando  cayó prisionero, así cuentan.   Recuerdo que allá por 1975, visito al compañero Miguel Hueso Mixco, junto con Horacio Castellanos Moya, y nos presenta, en su página literaria de El Mundo “La Golondrina”, publica nuestros poemas, es la época de su revista el Papo Cosa Poética, yo había publicado poemas en periódicos de Sonsonate y en Ahuachapán. No sé, si terminaron sus estudios, porque yo sí me gradué, y participando siempre en las actividades revolucionarias desde el seno de los estudiantes universitarios mismos, donde había libertad de reunirnos para planificar actividades con los frentes estudiantiles, el FUERZA, AGEUS, UR19, además de tareas  que se debían hacer bajo dirección de Alfonso Hernández y Alfonso Quijada Urias, en familia todos en trabajo clandestino conspirábamos.
Por medio de Chema Cuéllar también recibí alguna orientación política en instantes de participación estudiantil, pues  no podías quedar aislado, como escritor debías estar al lado de los pobres, en contra de los que oprimen al pueblo. Allí conocí a otros revolucionarios, expositores: Pepe Rodríguez Ruiz, Armando Herrera (Gato Herrera, profesor de literatura), a Matilde Elena López, editaba la Revista “Caracol” donde Chema dedico una elegía muy lirica a la muerte de Claudia Lars (1899-1974), conocí a Dagoberto Gutiérrez, a Roberto Franco, a Chamba Juarez, a Rafael Mendoza, Castrorrivas, Julio Iraheta Santos y otros que escapan a mi memoria. El momento exigía organización y testigos. Alfonso Hernández anda en plena militancia en esos momentos, cuadro ejemplar muy responsable, según me consta. Pues andamos colaborando mucho en las tareas del hermano. A través de Alfonso Hernández conocí a Alfonso Quijada Urias, hermano que milita, recibo formación de cuadro, lecturas de Marx,  el Capital, Lenin, los poemas de Nazin Himet, Roque Dalton, Hochy Ming y las tesis de Mao Setung,  toda la literatura,  la Revista CASA de las Américas, una publicación valiosa, considerada  “comunista”,  si te la encontraban. ¡Dios me guarde, olvídate!  Ya eras sospechoso o muerto. Me las hace llegar el  poeta Alfonso Hernández, esos días anda en plena clandestinidad, en militancia disciplinada, viajamos a Guatemala. Colaboro mucho con mi esposa en algunas tareas de la Resistencia Nacional. Recopilo poesía investigando materiales que el hermano me encomienda. Como recoger hasta los estribillos de los inodoros públicos de la plaza hula hula, siempre los utiliza en sus escritos. Entre la seriedad política Alfonso, Chema, también tenían su pisca de humor. La poesía en vinculación con el trabajo clandestino, eso sí con miedos, el enemigo acechaba, cualquier sospecha era lamentable, había que moverse. Lo viví con mi familia, mis cuatro hijos pequeños, cambiando de residencia de un lugar para otro burlando al enemigo. Mi esposa fiel colaboradora, tuvo mucha suerte, de no ser un día desaparecida, cuando el enemigo había asaltado y tenía ya controlado una oficina. Dios me guarde que alguien te pusiera el dedo, la cosa se iba poniendo más peliaguda. Digamos que el asesinato de Monseñor Romero el 24 de marzo de 1980, encendió más la mecha del alzamiento revolucionario, una lucha sangrienta se avecinaba. Yo trabajaba como maestro o asesor de deportes, promotor de programas extraescolares, escritor de guiones para TVE. Chema llegaba a visitarme mucho al Circulo Estudiantil de San Salvador. Por esos años  practicaba mucho Judo, era experto maestro, los alumnos me querían. El mismo Alfonso Hernández y otros compas, recibían clases como preparación física de mi parte, cursos impartidos en las meras barbas del enemigo, llegaban algunos compas. Por otro lado mis juntas siempre con Chema Cuellar eran de casi todos los días en el departamento de letras o en el cafetín universitario. Y acercándonos al momento de su accidente Chema anda en pleno trabajo con el partido, sobre todo en el sector universitario. Encontraba a Chito Silis por ese lado del círculo estudiantil y la colonia Minerva, casi todos los días trabajando, con las comunidades aledañas. Ya  nos sabíamos las andanzas. Yo graduado en los deportes, atleta nacional en la rama de judo cinta negra segundo Dan, participe entre 1970  y los 80s, en  Guatemala, Panamá, Costa Rica, al mismo tiempo dedicado con pasión inmensa a la poesía, a leer a leer y a leer mucho todo el tiempo, escribir, poeta joven, consciente siempre de una conducta moral que debemos ante el pueblo, quería conocer lo más que pudiera de literatura, sus problemas, sus poetas revolucionarios de Latinoamérica y del mundo entero. Hubo entre esas andanzas ciertos momentos, Chema Cuellar y los Alfonso nos juntábamos, antes de que se matara en su motocicleta, se dice que el enemigo lo buscaba, ya lo habían ubicado, su vivienda donde hace poco se había mudado, casi a escondidas parecía una buhardilla, ahí encontramos al poeta meditando, lo visitamos pocas semanas antes de su muerte.
También en 1976 habíamos fundado el Circulo Cultural  “Francisco Gavidia” en la Universidad Nacional, integrado por Adaly Cubias, Antonio Reyes, Ali Adolfo Castaneda (teatro), poetas Nelson Brizuela, (Carlos) Alfonso Velis Tobar, lidereado por José María Cuellar. El poeta David Hernández, nos presentó en el Suplemento Salamandra #2. Diario El Mundo 6/11/76, publicando poesía y un fragmento de la novela inédita de José María Cuellar, extraviada en la editorial universitaria. Sí, es que no desapareció con las tomas por esos años por parte del régimen represivo del Coronel Molina, tomándose a fuerza bruta con armas y tanques, los recintos universitarios. La lucha estudiantil o de masas, cada quien por su lado pero unidos en el fondo por la justa lucha liberadora. También comparto tiempos con José Roberto Cea, investigando a su lado. Compartí por esos años también mucho con otros poetas y escritores como don Carlitos Saz, Mauricio Vallejo Marroquín, un año después sería desaparecido para siempre. La muerte de Reynaldo Echeverría, de Mauricio Saballos, de Jaime Suárez Quemaìn, poetas que iba conociendo de mi promoción literaria, Roberto Quezada, Ceballos, Rigoberto Góngora, Joaquín Meza, Miguel Ángel Chinchilla, Daniel Eguizábal, Carlos Santos etc. etc.  Roger Lindo, Víctor Valle, Gilberto Santana, Chico Aragón, Alejandro Masis, Ulises Masis y Luis Galindo.
En mi exhaustiva pasión por investigar donde pude, por rescatar la obra literaria del hermano, siguiendo sus huellas para no quedar perdida en el tiempo. Esculqué la mayoría de páginas literarias, revistas de la época como: la Pájara Pinta, Cultura, Nosotros, Juez y Parte, de los 60s en adelante, época de oro de las letras con apoyo de la universidad nacional. Años en que Chema Cuellar es responsable de algunos números de la Pájara Pinta. Se mencionan a José Roberto Cea, Manlio Argueta, Roberto Armijo, Tirso Canales, Ítalo López Vallecillos. Busqué de Chema Cuellar, en antologías nacionales, diccionarios en Centroamérica. Quise rastrear, no solo su poesía, su narrativa, Chema escribía cuentos, me hablaba de una novela que preparaba, no recuerdo su nombre. Me dijo que se la extraviaron en la editorial universitaria.
En esta parte ya para cerrar. Prevalecen mis planteamientos, a través de la crítica que enmarca aspectos estéticos de la poética y la vida trágica de José María Cuellar, su trayectoria literaria, su conducta moral como creador. Poeta de militancia política, consecuente con su oficio de escritor revolucionario. Quiero aclarar que prevalece un criterio personal de la poesía de José María Cuéllar al mismo tiempo ir recreando el ambiente social que vivimos. En todo caso se trata de rescatar su obra y su ubicación generacional en el proceso histórico literario del país. Nuestro fin es rescatar su memoria, seguir sus huellas en el tiempo, junto a su obra. Y en particular sintetizar una breve critica de cada uno de sus libros que se le conocen y su visión de mundo. Fue un poeta que supo enfrentar con heroísmo; un ejemplo para los poetas del futuro, como creador, consecuente con los principios políticos a favor de la liberación nacional.
No recuerdo si Chema ya había muerto, pero Lilian sufrió en familia, dura persecución y dolor, el martirio de perder a sus hijos, Claudia María y José, quienes al parecer, fueron secuestrados por los escuadrones de la muerte, asesinados o cayeron combatiendo contra el ejército genocida. Chema Cuellar, al igual que sus hijos y esposa, sabían morir por amor a la justicia, a la libertad y por la felicidad de todos. Así de sencillo era Chema Cuellar,  que amaba  a su pueblo, por quien soñó, como dice en su poesía, nunca fuera un país alegre, siempre un país triste, sufrido imbuido en sus tragedias históricas: “Vivir en este país/ con una historia que nunca ha sido alegre/ que nunca ha pintado la risa/ ni ha depositado felicidad en los hogares/ vivir en este país con una historia/ llena de generales/ una historia llena de torturas/ y una lucha tenaz por arrancar el pan/ no es una historia alegre/ni se le parece/ por eso/ la historia de mi país/ es una historia amarga/y nosotros/ somos frutos amargos de esa historia”…

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