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Asesinos seriales en El Salvador

José Guillermo Mártir Hidalgo

Las sociedades industrializadas son promotoras del asesino serial. Estados Unidos es el prototipo de sociedad industrializada y ocupa el primer lugar en asesinos en serie. Le siguen en el ranking Gran Bretaña, Alemania y Francia.

En Estados Unidos la investigación de asesinos seriales está más difundida. Es por eso que en ese país se registran la mayor parte de asesinos seriales de la historia. El índice de asesinato serial es más bajo en el resto del mundo, porque se les persigue menos y se les identifica con menor proporción.

La realidad de El Salvador no es ajena de los asesinos seriales. Gustavo Adolfo Parada Morales, alias “El Directo”, cometió diecisiete asesinatos entre mil novecientos noventa y seis y mil novecientos noventa y nueve. Esteban Ortiz Benito, alias “El Picaflor” o “El más buscado”, cometió cuatro homicidios y es sospechoso de otros dos, esto entre mil novecientos noventa y siete y mil novecientos noventa y ocho en la Ciudad de Panchimalco. José Edgardo Ortiz Pascual, alias “El asesino de Panchimalco”, cometió veinte asesinatos durante la década del dos mil. Entre el dos mil dos y dos mil tres, “El destripador de El Salvador” o “El descuartizador de El Salvador” violó, asesinó y descuartizó con una motosierra a cinco mujeres jóvenes. Entre mil novecientos ochenta y cinco y mil novecientos noventa y dos, “El asesino de travestis” asesinó a nueve homosexuales con varios impactos de bala en el pecho, cuyos cuerpos eran lanzados de un vehículo. En mil novecientos noventa y ocho, “El Loco del picahielo” asesinó a nueve alcohólicos indigentes con heridas en el pecho con un objeto corto punzante. En el dos mil uno “El asesino de la moneda de colón salvadoreño” o “El asesino de prostitutas de Guatemala”, asesinó a siete prostitutas salvadoreñas en Ciudad de Guatemala.

Muchos criminales salvadoreños, libres o encarcelados, tienen las mismas características de los asesinos en serie. Por eso el psicólogo y criminólogo forense salvadoreño Marcelino Díaz Menjívar no desecha que haya algún asesino en serie suelto. Ya que muchos criminales consuetudinarios actúan como psicópatas, como puede evaluarse de la brutalidad con que cometen sus crímenes. Pero la fiscal salvadoreña Daisy Marina Rodríguez niega que haya asesinos en serie en nuestro país, pues nunca se ha demostrado que una misma persona haya cometido más de tres homicidios.

LA MENTE CRIMINAL

La tesis de Vicente Garrido, criminólogo y psicólogo español, es que el asesino serial quiere ser otra persona, alguien que sea capaz de ejercer una influencia brutal en su medio ambiente. Esa influencia le proporcionará una nueva identidad que le otorgará poder. En su obra “La Mente Criminal” sostiene que detrás de la mayoría de los crímenes de los asesinos seriales hay una pulsión o energía sexual y una tensión interna con carácter de compulsión, que impele cruzar el límite y matar.

Por asesino en serie se define a quien mata al menos a tres personas en lugares diferentes y entre un crimen y otro hay un periodo de enfriamiento. En el asesino en serie hay una carrera homicida que va a perdurar en el tiempo. En cambio en el asesino en masa, mata a cuatro o más personas en un solo acto de violencia y en el mismo escenario.

Garrido presenta cinco categorías motivo de los homicidios de los asesinos seriales: sexo-sadismo, poder-control, venganza, lealtad, lucro y generar terror. La motivación sádica se ajusta a infligir dolor físico o psicológico a la víctima. El sádico siente placer sexual cuando tortura, sin que se produzca agresión sexual explícita. El asesino serial busca poder y control que se deriva de causar miedo. El poder que obtiene lo libra de la locura y la desesperación. El crimen lo mantiene cuerdo y pegado a la realidad. El deseo de vengarse de la sociedad significa desquitarse de una vida gris que le ha hurtado reconocimientos y placeres. Por ejemplo el rencor a las mujeres de clase alta simboliza el desprecio a una clase social a la que no puede aspirar pertenecer. El asesinato por lealtad y amor exige la participación activa de la pareja en el acto homicida. Es poco frecuente en el asesino en serie la búsqueda del lucro con sus crímenes. Ya que estos están preñados de resentimiento y odio. Y generar terror lo encontramos en asesinos paranoicos. Estos tienen como meta absurda reprender a una organización o castigar a la sociedad entera.

La mayor parte de los asesinos seriales son psicópatas, aunque poco frecuentes, existen asesinos seriales psicóticos. El departamento de Ciencias de la Conducta del Buró Federal de Investigaciones de los Estados Unidos clasifica a los asesinos en serie como organizados, desorganizados y mixtos. El asesino organizado es muy metódico en la forma de matar, el asesino desorganizado es poco metódico en la ejecución del asesinato y el asesino mixto presenta elementos propios de los asesinos organizados y desorganizados.

Los asesinos en serie suelen llevar una vida solitaria en su niñez, se ven extrañados del mundo de juegos y pasiones juveniles, por lo que se refugian en un mundo de fantasías donde puede ir tomando cuerpo la necesidad de influir en el mundo de un modo perverso y destructivo. Solo unos pocos psicópatas se inclinan a matar, la mayoría se contenta con hacer miserable la vida de los demás, explotando y engañando a los que pueden manipular.

Los asesinos en serie encuentran una justificación o razón para matar. Una estrategia utilizada es la disociación, es decir, la aceptación que hay un monstruo dentro de él. Es la admisión que hay una parte enferma en su Yo que no puede controlar y es la responsable de sus asesinatos. Otra estrategia de justificación es asentir que la moral y los sentimientos convencionales son propios de seres inferiores y él está por encima del bien o del mal. Esta forma de pensar lo hace verse superior en virtud de su inteligencia o creencias. Abraza la idea que el mal es un privilegio de los poderosos y superiores.

La respuesta violenta y la respuesta sexual están dirigidas por los mismos órganos cerebrales. Una respuesta sexual aceptable se muestra en una relación consentida. Y una respuesta violenta se ejerce para evitar un mal mayor o para defender nuestra vida y propiedades. El asesino en serie motivado por la lujuria no ha sido capaz de realizar con éxito esa diferenciación. La motivación general del asesino serial es el control de una parcela de la realidad, donde encuentran su mayor realización personal.

La dactiloscopia es una herramienta de primer orden para identificar al culpable de un crimen. Esta es una rama de la criminalística que se ocupa de las huellas dactilares. A finales del siglo diecinueve se encontró que las huellas dactilares son únicas para cada individuo. Hay tres tipos de huellas: latentes, que son formadas por el sudor. Visibles, cuando los dedos se manchan de sangre, tinta u otro medio similar. Y moldeadas, son impresiones en superficies blandas como masilla, jabón, queso, etc. En el lugar del crimen las más comúnmente encontradas son las impresas por el sudor.

Otra herramienta para identificar positivamente a un culpable es la huella genética. Cada persona tiene su propio Ácido Desoxirribonucleico (ADN) y el análisis del perfil genético se puede realizar en toda célula de nuestro cuerpo: semen, sangre, piel, tejidos y huesos. Otras fuentes de información son la antropología y odontología forenses. Los huesos son un diario donde escriben las marcas que dejan acontecimientos a lo largo del tiempo. Igualmente, no hay dos dentaduras idénticas. Para identificar a un sujeto es necesario tener sus radiografías dentales.

Hans Gross, austriaco y padre de la criminalística (1847-1915), creó la palabra criminalística: conocimientos científicos que investigadores necesitan para analizar lo que sucedió en una escena del crimen. La escena del crimen constituye la esencia de la investigación criminal.

Edmond Locard, criminalista francés (1877-1966), desarrolló el principio fundacional de la investigación criminal: “es imposible que el delincuente actúe sin dejar rastro de su presencia” -El Principio de Transferencia-.

Modus Operandi, son los actos necesarios para consumar el asesinato y salir lo mejor librado de él. La conducta de firma es una expresión de la fantasía del asesino. Una lectura correcta del modus operandi y la conducta de firma es esencial para realizar un perfil. El perfil es una hipótesis de la personalidad del posible autor de un asesinato: su estilo de vida y las variables demográficas como edad, sexo, raza y nivel socio económico. Para obtener el perfil criminológico se utiliza la psicolingüística forense, que estudia el lenguaje oral y escrito para analizar casos de secuestradores. Se analiza el modo en que el sujeto selecciona las palabras, las escribe o las dice, así como la estructura de las frases. Otro recurso es el Perfil Geográfico, formulación de la hipótesis de dónde puede estar viviendo el asesino. Se predice la residencia del homicida a partir de las diferentes ubicaciones de sus ataques.

LA MENTE ASESINA

David Abrahamsen, psiquiatra forense noruego-estadounidense, en su obra “La Mente Asesina” sostiene que la mayoría de homicidios son cometidos por individuos tipo ego-desarmónicos. El asesino carga un torbellino de emociones almacenadas desde la infancia. Cuando estas emociones son provocadas y este se encuentra frustrado o en estado de excitación se vuelve violento. El homicidio es provocado y estimulado inconscientemente por la víctima. La victimología explica la forma en que la víctima contribuye a su propia muerte o a otro crimen. El homicidio tiene su raíz en las emociones humanas. Inclinan nuestra mente al homicidio la frustración, el temor y la depresión. El homicidio puede ser desencadenado por conflictos internos de grave intensidad.

El homicida tipo ego-armónico surge de una subcultura donde la agresión hostil y la violencia declarada han llegado a ser cotidianas. En este tipo de homicida hay poca o ninguna disgregación de la función del ego, el homicidio es racional y conscientemente aceptable. Y en el homicida psicótico hay una ruptura total con la realidad.

El deseo de muerte está dirigido contra el propio ego, pero el homicida temeroso de matarse a sí mismo mata a otra persona en su lugar. Los impulsos homicidas y suicidas están íntimamente entrelazados. Todo homicida es inconscientemente un suicida y todo suicida es un homicida psicológico.

El asesino político muestra una mayor preocupación por la sociedad y los acontecimientos mundiales. En él hay una represión ilimitada de fantasías de venganza que engendran odio contra el mundo. Por lo que está obligado a destruir o crear un nuevo mundo a su propia imagen.

El asesino ordinario tiene el afán de poder. Obtener poder acrecienta su propia estimación, la cual está fincada en la identidad sexual. El acto sexual es equilibrio entre tensión y relajación. Un homicidio es la expresión vital de tensión, que se resuelve explosivamente en relajación.

En el homicidio el sexo es sustituido por violencia. Por tanto, el asesino anhela vehemente obtener poder, para demostrar a su víctima que tiene poder de matar.

Al perseguir poder, intenta restaurar su confianza masculina narcisista. La violencia es defensa del ego contra la angustia de la pérdida de autovaloración masculina.


1Anexo: Asesinos en serie por países. En: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexos:Asesinos_en_serie_por_países

  2Anexo: Asesinos en serie por países. En: Opus Citatum.

  3Villalobos, Ernesto. Mentes Criminales. En: http://archivo.elsalvador.com/vertice/2002/11/23/deportada.html

  4Villalobos, Ernesto. Mentes Criminales. En: Opus Citatum

  5Garrido, Vicente (2007). La mente Criminal. En: assets.espapdf.com/b/Vicente%20Garrido/La%20mente%20%20criminal%20(1833)/La%20mente%20criminal%20-%20Vicente%20Garrido.pdf

  6Abrahamsen, David (1982). La mente asesina. México: Fondo de Cultura Económica.

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