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María Esperanza Rodríguez señala el peligro que representa para una construcción la cárcava formada en la comunidad 3 de Enero, de la hacienda Prusia, en Soyapango, que afecta a alrededor de veintidós familias del lugar. Foto Diario Co Latino/Guillermo Martínez

Viviendo cerca del abismo

Fotos y texto: Guillermo Martínez
@DiarioCoLatino

“A mí me da miedo ir a dormir a la casa porque puedo sentir los pedazos de tierra que se caen y me da miedo que nos podamos morir”, dice Alexander Emmanuel Miranda de 7 años, durante una reunión convocada por habitantes de la comunidad 3 de Enero de la hacienda Prusia, Soyapango, con autoridades municipales y gubernamentales, debido a cárcavas que ponen en peligro a más de veintidós familias.
Alexander tiene cinco días refugiado junto a sus parientes en el centro escolar San José Obrero, y dice que prefiere dormir allí, donde no teme perder la vida debido a un derrumbe repentino.
De acuerdo a directivos comunales, la problemática dio inicio luego de los terremotos de 1986 y 2001; en los últimos años se ha agravado por el colapso de tuberías de desagüe de varias empresas y de un rastro privado que operan en las cercanías. Ahora, la cárcava tiene alrededor de unos treinta metros de profundidad y varios cientos de metros de longitud que amenazan con derrumbar varias casas y una calle de terracería.
“Aquí antes pasaban carros”, afirma Abelina Flores, una señora de 73 años, delgada y de baja estatura, pero con mucha energía. Con sus ojos pequeños, llenos de incertidumbre, recorre el camino y dice en voz baja: “pero ahora les da miedo pasar, hasta a uno, a pie; no vaya a ser que se desmorone”, asegura.
En la reunión, el edil de este municipio, Juan Pablo Álvarez escuchó las peticiones de los pobladores y pidió a la comunidad un acta para ser discutida en los próximos días con su concejo municipal, con la que de llegar a un acuerdo, se podrá realizar una declaratoria de emergencia para el lugar. Esto permitiría iniciar con trabajos de construcción de viviendas, reubicación y traslado de pertenencias a un terreno cercano, cedido por una de las empresas señaladas como responsables por los pobladores.
Además, le permitiría hacer las peticiones necesarias al MOP, ANDA y Medio Ambiente, con el fin de que contribuyan con la comuna a solucionar la problemática durante el próximo verano. “Si no tienen ellos, que nos ayuden a gestionar ayuda a nivel internacional, nosotros vamos a intentar hacerlo”, afirmó.
Mientras tanto, a unos 200 metros de la reunión comunal, María Esperanza Rodríguez, de 67 años camina entre lo que un día fueron habitaciones de lámina y maderos de su humilde vivienda, que ahora están desoladas, buscando algo de las pocas pertenencias que pueda rescatar del vacío que la amenaza a tan solo diez metros.

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