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Estructuras para energía eólica construidas en la porción del océano Pacífico de la República Popular China. Foto Diario Co Latino/Francisco Elías Valencia.

Un viaje a China para ser contado

Francisco Elías Valencia
Enviado Especial
@DiarioCoLatino

La presidenta de la Conferencia Consultiva de la Provincia de Zhejiang lo dice con toda claridad y franqueza: “quiero que cuenten a la gente de su país lo que han visto”. Para quienes se preguntan por qué el gobierno de Beijing ha invitado a una delegación de 14 periodistas de diferentes líneas editoriales a visitar tres de las provincias más desarrolladas de República Popular China, con gastos pagados, Ge Huijun les da la respuesta.

Y con ese propósito, durante diez días, la delegación de periodistas, bajo la responsabilidad de Steven Kawas, en representación de la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia, ha ido de lugar en lugar entrevistándose con diferentes funcionarios de alto nivel, pero también visitando lugares turísticos emblemáticos como la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida o la plaza Tianamen, en Beijing.

O la torre de Shanghái, la segunda más alta del mundo, después de la de Dubai, que desde el piso 118, y gracias a su arquitectura circular, se puede observar toda la ciudad; es decir, en los cuatro puntos cardinales, quedando a la vista de propios y extraños la pomposidad y la pujanza económica de la provincia, y de la nación, en general.

Desde el piso 118, la ciudad parece un mar de edificios pequeños y un hormiguero de vehículos miniaturas conquistando cada metro de las prolongadas autopistas. Por la noche, desde el barco, abordado en la terminal del crucero de La Perla Oriental en el río Huangpu, recorremos varios kilómetros río arriba, y viceversa, para contemplar las múltiples arquitecturas de edificios, que dan la sensación de que se está en occidente y no en Asia. Y es que hay edificios que dan la impresión de que se está en Nueva York, París, Italia o cualquier capital de un país desarrollado, según la enseñanza occidental.

Torre de Shanghái, con 600 metros de altura y 127 pisos, es la segunda más alta del mundo después de la de Dubai.
Foto Diario Co Latino/Francisco Elías Valencia.

“Esto que ven no es verdad, es un holograma, una conspiración de los chinos para hacernos creer que China es lo que estamos viendo”, bromea uno de los integrantes del grupo, con lo que demuestra no solo la admiración de lo que está viendo, sino de lo que nos ocultan en El Salvador, bien por cuestiones políticas ideológicas, bien por mezquindad humana.

Lo anterior se demuestra con las reacciones adversas que provocó la apertura de las Relaciones Diplomáticas y Comerciales con China, no solo de parte de un sector más politizado e ideologizado de empresarios, sino también, de la embajada de los Estados Unidos en El Salvador.

Desde aquí, en China Popular, si pensamos en las oportunidades de negocio, intercambio cultural o de cooperación para el desarrollo suena “muy pueblerino” -sin pretender ser peyorativo con el uso del término- el debate o tratamiento mediático sobre la venta o no de la isla Pericón a un “empresario Chino”. Esa modernidad y desarrollo de China se puede observar desde el autobús que desde el aeropuerto nos conduce al hotel en pleno centro de Beijing, con sus calles limpias y sus inundadas pero ordenadas vías exclusivas para ciclistas y motociclistas, y su atractiva jardinería en sus arriates o zonas verdes, no solo por los colores vivos de sus flores, sino también por sus formas artísticas. O desde el tren de alta velocidad que nos conduce de Beijing a Zhejiang, a 380 kilómetros por hora, para poder recorrer los 1,400 kilómetros que las separa –la distancia que hay entre El Salvador y México-, se pueden observar decenas de pueblos o municipios de altos e innumerables edificios. Lo mismo hemos visto, desde el autobús que desde Zhejiabg nos conduce a Shanghái, y a pesar de que estamos seguros de que las edificaciones y sus estructuras arquitectónicas tienen sus peculiaridades, de una a otra provincia, dos aspectos tienen en común el desarrollo alcanzado y la modernidad.

Es decir, la pujanza y majestuosidad de República Popular China. La víspera del retorno de la delegación a El Salvador, fue llevada en autobús al puerto de carga en aguas profundas de Yangshan, en Shanghái, en el océano Pacífico. Para llegar al puerto, a dos horas del centro de Shanghái, se transitaron 30 kilómetros sobre un puente sobre el mar. Ya en el puerto, nos condujeron hasta la oficina de máquinas, donde se controla la carga y descarga de los barcos, pues las 19 gigantescas grúas se manejan de forma automática, por eso no se ven obreros, solo contenedores colgados de las grúas y carros sin choferes recibiendo la carga. Esto y más es lo que podemos contar de lo que hemos visto en China, en los pocos días de nuestro improvisado viaje, y lo que la presidenta de la provincia de Zhejiang espera que contemos. Pero no podemos dejar de preguntarnos si vamos a aprovechar la apertura de las relaciones diplomáticas y comerciales con China Popular, o si vamos a esperar un tiempo para agotar la agenda de quienes inventan fantasmas y difunden los temores ideológicos, a pesar de que sus patrones hacen negocios con China Popular a escondidas del pueblo y de los Estados Unidos.

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