Caralvá
Intimissimun
Gaceta de la República de El Salvador en la República de Centro-América
San Salvador, mayo 24 de 1850
Revista de periódicos americanos
CRONICA AMERICANA
Inglaterra y Centroamérica
En otro número hemos insertado las últimas comunicaciones habida entre Nicaragua y el vicecónsul británico Mr. Foster con motivo de la cuestión mosquita; pero no son aquellas las últimas notas diplomáticas que inserta la Gaceta de León. Los supremos gobiernos de Honduras y El Salvador habían protestado contra la ocupación del puerto de S. Juan de Nicaragua, y este paso de los dos ejecutivos centro-americanos motivó las contestaciones que van a continuación insertadas, entre Mr. Chatfield, el cónsul general ingles en Guatemala, y el Secretario de relaciones exteriores de El Salvador.
Al Sr. Secretario principal del gobierno de El Salvador. Consulado general británico Guatemala, 7 de julio de 1848 – Sr. – He recibido la Gaceta oficial de El Salvador Nº 66, que acompaña el su oficio de V. de 30 último, y mi atención se ha dirigido al decreto del Presidente del Estado fecha 31 de mayo de 1848- Es con bastante sentimiento que observo esta nueva prueba de disposición del gobierno de El Salvador de oponerse al de S.M.B especialmente después que hecho todo esfuerzo, como el representante británico en Centro-América, de cultivar una cordial armonía con las autoridades de ese Estado; sin con desconocer el poder del Presidente de emitir cualquier decreto que tenga por conveniente, es mi deber observar que cuando se da un decreto afectando intereses británicos injusta o inconstitucionalmente “el Estado de El Salvador no debe sorprenderse si se le hace responsable por la indiscreción de sus gobernantes” – Me abstengo de demostrar aquí sobre el rencor no provocado que claramente ha dictado este acto o decreto, pero debo decir que habría mejor convenido con la dignidad de su administración si primero se hubiera inquirido sobre la verdad de los hechos sobre que tan precipitadamente ha legislado; porque tal averiguación le hubiera hecho saber – “1º Que no es verdad que el puerto de S. Juan siempre ha sido reconocido pertenecer a Centro-América, 2º Ni que el río San Juan, hasta el fuerte S. Carlos, esté ocupado ni poseído por las armas de S. M. – 3º Que la tarifa establecida en el puerto mosquito de San Juan el 1º de enero de 1848 es obligatoria al comercio de Granada por el río de S. Juan” “En conclusión debo exponer para conocimiento de su gobierno de U. que traerá este decreto bajo la consideración del gobierno británico, en orden a que tenga conocimiento, de las adversas tendencia de ese gobierno, que le hacen salir de su puesto innecesariamente y no solicitado, a acometer al gobierno de la Reina en un asunto que prácticamente no afecta los intereses de El Salvador” – Tengo el honor de ser etc. – Federico Chatfield.
Contestación del gobierno de El Salvador a la comunicación anterior
Ministerio de relaciones y gobernación del S.G. del Estado – Casa de gobierno S. Salvador, julio 14 de 1848 – Sr. Cónsul general del gobierno británico en Centro-América – Puse en conocimiento del Sr. Presidente de estado la nota de V. fecha 7 del que cursa, y aunque que me había ordenado devolverla a V. sin contestación, por no venir en términos urbanos y decorosos dignos del gobierno a quién V. representa y del a quien se dirige, sin embargo conteniendo dicha nota especies que deben publicarse, para que lleguen a conocimiento del todo el mundo, me ha autorizado para responder a V. en los términos siguientes:
No han sorprendido al gobierno de El Salvador ni el estilo ni los conceptos nada comedidos de su citada, porque dirigiéndose a sostener procedimientos de igual irregularidad y violencia, no podría ser de otra suerte.
- inculpa a este gobierno de oponerse al de S. M. B. V. le atribuye haber obrado irregular e inconstitucionalmente en la emisión del decreto de 31 de mayo del presente año, amagándole con su responsabilidad por la indiscreción que en su conceto ha cometido. Absteniéndose, según dice, de demostrar el rencor no provocado con que se dictó este decreto, pretende en seguida desmentir los conceptos que apoyan dicha resolución que comprende, y, que por último, concluye con la amenaza de llevar a la consideración de su gobierno las adversas tendencias de este, que según dice, le hacen “acometer” al de la Reina en un asunto que en su concepto no afecta los intereses de este Estado.
No hay cosa en el mundo más natural que la falta de acuerdo, entre el que agravia y el que es agraviado, y que en el hecho que los divide el uno tenga un concepto opuesto al del otro, y si sucede que el que agravia sea el más poderoso, tampoco hay cosa más natural que él ponga toda su razón en la amenaza, la injuria, la fuerza y la violencia.
La justicia entre el fuerte y el débil no debe valer menos porque esté de parte de este, y entre los hombres sensatos y los gabinetes ilustrados toca más bien al primero que al último en ceder, porque es del poder y la grandeza la generosidad, con tanta propiedad como corresponde al débil conservar su propia existencia.
Contra Centro-América, nación pequeña se han empleado las armas de Gran Bretaña nación grande y poderosa ¿y para qué? para desmembrar su territorio.
El Sr. cónsul, que apoya y sostiene y probablemente ha tenido una gran parte en esta usurpación, se resiente y da por ofendido porque El Salvador la resiste, no con las armas, sino con una justa protesta, de no reconocer por legítimo el acto y sus consecuencias.
El Sr. cónsul, que para ciertos casos ha solicitado haber valer la Constitución y leyes generales de la república de Centro-América en que seis Estados formaban la nación, pretende ahora que El Salvador, uno de estos, no debe afectarse de la desmembración de Nicaragua, otro de ellos, sin mas motivo que el de que el concepto que le era favorable en el primer caso le es contrario en el segundo.
Si no existiera la primera liga nacional que unía a los Estados, todavía quedaban nuevos pactos que estrechasen o hiciesen uno el interés de Nicaragua con el de El Salvador en la ocupación de su territorio por la armas inglesas, al paso que por intereses en ella las armas británicas les ha sido preciso crear la llamada nación mosquita, darle un potentado, y hacerse sus aliados y protectores. ¿Y para qué? para cometer una usurpación, ¡qué diferencia tan grande entre la legitimidad con que El Salvador sostiene la justicia de Nicaragua y los títulos con que la atacan las armas británicas! Nada menos es que la que se encuentra entre el que defiende sus derechos y el que los ataca, prevalido solo de su fuerza.
No sorprenderán a ningún buen centro americano los descubrimientos que ha hecho el Sr. cónsul. Usted ha encontrado una nación mosquita que jamás ha existido, y un rey aliado que para darle ser se fingió; ha encontrado también que el puerto de San Juan que el gobierno español poseyó por 300 años; que defendió con sus armas contra las del gobierno inglés, que tuvo en uso como puerto muchísimos años y que finalmente poseyó y usó Centro-América desde que se constituyó en nación, y aun después que los Estados se dividieron por la guerra civil, siempre ha pertenecido a la nación mosquita, para poder conseguir que ahora sea de la Gran Bretaña.
Si esto pudiera estar bueno para que el Sr. cónsul lo sostenga, no lo está para que los centro americanos le demos crédito.
El gobierno de El Salvador, en la emisión de su decreto citado, ha obrado constitucionalmente y dentro de la órbita de sus atribuciones; cree haber cumplido uno de sus primeros deberes; que cree haber sostenido la justicia en un punto de la mayor importancia para el Estado que le ha encargado sus mayores intereses, y, por último, cree haber puesto a cubierto los derechos de la República, que jamás pueden ser indiferentes al Estado de El Salvador, cuya suerte está por mil razones ligada a la suya. El Sr. cónsul habrá visto ya igual decreto al de El Salvador que se ha expedido por el gobierno de Honduras, lo que prueba la identidad de la causa y la justicia que se palpa en ella.
Dificultades se han experimentado para la reorganización nacional, pero el sentimiento, el deseo de ella, compartido de los Estados una sola nación, esta en todos los pueblos de Centro América, y está también en todos sus gobiernos.
Si como el de este Estado cree que el de V. reparara el agravio cometido en la ocupación de San Juan, esperara le diera su aprobación, no por el esto excusaría la protesta dicha, porque dañaría más al honor y a la gloria del gobierno inglés la pequeña adquisición del puerto de San Juan, de la manera que se ha hecho, que aprovecharía a sus intereses dicha ocupación, siendo más glorioso al gobierno de El Salvador sucumbir con honor en la cuestión que ceder en ella cobarde y bajamente, y por último sabe este gobierno que hay una justicia universal, y que al que la ataca al fin le llega su vez de ser reprimido y talvez abatido.
El Sr. cónsul supone que este gobierno ha dicho que las armas británicas ocupan la boca de San Juan hasta el fuerte de San Carlos, y que Granada esta sujeto a tarifa establecida después de la ocupación. Nada de esto se ve en el decreto a que se refiere, contrayéndose a decir que las armas británicas llegaron hasta San Carlos antes del armisticio y que después se estipuló quedase el puerto en poder de los ingleses y vigente la tarifa que se estableció en la primera ocupación.
El Sr. cónsul, agraviando a Centro-América, y el gobierno de El Salvador en unión de otros de los Estados defendiéndola, no es posible que estén de acuerdo; pero si lo es que no se insulten recíprocamente y que cada uno guarde el decoro que es debido al otro. De lo contrario, las relaciones que se tengan, lejos de conciliar las diferencias, servirán solo para aumentarlas, creándola de peor naturaleza. El gobierno de El Salvador no es fuerte; pero por no serlo no está privado del derecho de que se le guarden el respeto y dignidad debidos a todo gobierno. En tal concepto, si en lo sucesivo el Sr. cónsul no usa en sus comunicaciones del decoro y comedimiento que corresponden, omitirá contestarle, pues si ahora lo hace es únicamente por la razón que antes dejó expuesta. Tengo el honor de ser de V. su atento servidos. Juan J. Bonilla. amazon.com/author/csarcaralv

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