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“Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”

En el libro de Roberto Morozzo, buy viagra “Monseñor Romero: Vida pasión y muerte en El Salvador”, se pone en duda la frase que utilizamos como titular, y que habría sido dicha por Monseñor Oscar Arnulfo Romero, en una entrevista con el periodista guatemalteco José Calderón Salazar, para el periódico El Excelsior de México (Pag. 268-276).

Morozzo, en su obra biográfica sobre el futuro Beato Romero, en calidad de investigador, pone a los lectores suficientes evidencias documentales y cronológicas que la frase no salió de la boca del Obispo Mártir, tal cual quedó plasmada en los periódicos extranjeros el 25 de marzo de 1980, pero, con el pasar de los años, concretamente 35 años después, hay suficientes evidencias que en efecto, así fue.

Es decir, Monseñor Romero pudo haberla dicho o no, esa ya famosa frase, lo importante es que ha quedado impregnada en la mente colectiva a escala mundial, no solo nacional, y por lo tanto, es suficiente para acuñársela, porque así lo dice el pueblo, así lo dice la feligresía cristiana.

Además, así fue. Es decir, desde el momento en que Monseñor Romero recibió la bala disparada por Marino Samayoa Acosta, por órdenes del mayor Roberto d´Abuisson Arrieta, Monseñor Romero muere instantáneamente, como sus verdugos lo querían, pero inmediatamente resucita en el pueblo salvadoreño.

Resucitó entre el pueblo que lo lloraba en la iglesia misma donde se da el holocausto; en las consignas del pueblo organizado, en las oraciones de los feligreses que le acompañaron una semana después en el entierro, y hasta en la sangre derramada por los fieles católicos, cuando fueron atacados con bombas y balas lanzadas desde los edificios que circundan la Catedral metropolitana en el día de las exequias.

Y fue el pueblo organizado el que alzó las primeras consignas, haciendo eco del pensar y sentir del pueblo católico y “Romeriano”, que validaban la ya famosa frase. El Movimiento de Liberación Popular (MLP), entre sus pintas y consignas del mismo 24 de marzo, tras conocerse el asesinato de Romero decía: “Monseñor Oscar Arnulfo Romero, vives en las luchas del Pueblo” (en el libro de Morozzo pag. 275).

Por su parte, Las Ligas Populares 28 de Febrero, expresaban:  “Monseñor Romero no ha muerto; viven en el corazón de todo un pueblo que lucha incansablemente”.

El Frente de Acción Popular Unificada (FAPU) no se quedó en silencio y proclamó “Monseñor Romero vive en el corazón y las luchas del pueblo” (pág. 275).

Y así fue, Monseñor se quedó en las mentes y corazones de sus fieles, organizados y no organizados, creyentes y no creyentes. Y por más que la derecha, incluida la iglesia oficialista, quisieron opacar el nombre de Monseñor Romero, sus palabras, las de las homilías, sus vivencias con sus fieles en caseríos y cantones, se fue asentando como parte de la cultura popular, de un pueblo que lo hizo Santo, desde el día en que los Escuadrones de la Muerte y la Oligarquía salvadoreña pretendieron matarlo para siempre, pero no pudieron.

Porque en efecto, lo mataron, pero “resucitó en el pueblo salvadoreño”.

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