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SEMBLANZA DE EDUARDO AVILÉS RAMIREZ Viajero y cronista

Alexander Zosa-Cano,

Escritor

                                                                                                                                           

El fundador de los Goyena en Nicaragua

En 1825 llega a Nicaragua Sebastián Camilo García Goyena, conocido como Sebastián Goyena, no se tiene certeza el por qué utiliza el segundo apellido de su padre, sí las razones de su llegada a suelo nicaragüense: era miembro de la división centroamericana de pacificación, compuesta por 500 hombres, liderada por el general Manuel José Arce; una decisión en pro de la pacificación de la Guerra Civil. Goyena ingresa a las filas del ejército nicaragüense un año después. «Fue comandante alterno de la fuerza que Argüello mandó contra don Pedro Benito Pineda. Goyena se destacó por su cruel actuación en las filas de Argüello» (Duque-Estrada, 2014, p.168). Es importante destacar que Goyena quiso verse, más tarde, inmerso en el mundo de la política nicaragüense, logró ser diputado; sin embargo, el 25 de julio de 1832 se le acusa y se procede por «delitos comunes i faltas graves en el desempeño de sus deberes».

Sebastián Goyena se afincó definitivamente en el barrio de Subtiava, León, donde fundó los Campos de Goyena. Don Jerónimo Pérez, en su Obras Históricas Completas (1928) describe a Goyena como «alto y delgado, blanco, nariz recta, ojos azules y pelo color de oro, en que tenía mucha vanidad, pues no se lo cortaba, y usaba una trenza adornada con cinta celeste que ceñía alrededor de la cabeza y echaba sobre una oreja. Le decían cara de venado, por alguna semejanza con el hocico de este animal, y en sus vestidos procuraba singularizarse; sus pantalones rojos eran compuestos o forrados en las piezas anteriores con pieles, como badanas u otras de clase […] Entraba Goyena a un pueblo; los chapiollos corrían a sepultarse, porque ni las mujeres estaban garantizadas» (pp. 526-532)

Sebastián Goyena contrajo matrimonio con la dama guatemalteca Pía Valdivieso Cortés del cual nacieron dos mujeres: Adela Goyena Valdivieso (¿? – 1859) y Bienvenida Goyena Valdivieso. La primera fue morena y sin rasgos físicos similares a los de su padre por lo que «se llenó de notoria contrariedad» y la segunda fue una niña blanca y, sobre todo, deseada por su padre, como lo apunta don Alejandro Barberena Pérez.

Adela Goyena Valdivieso, a los diecisiete años de edad, se fugó con Juan Pablo Ramírez Zelaya (¿? – 1861). Cinco fueron sus descendientes: 1. Virginia Ramírez Goyena (¿?) que se casó con el agricultor y educador Justo Pastor de la Rocha; 2. Miguel Ramírez Goyena (5 de diciembre, 1857-23 junio de 1927), destacado educador, autor de la obra La Flora Nicaragüense. Su primera esposa fue Felipa Zavala (¿? – 13 de septiembre de 1889); 3. Juanita Ramírez Goyena; 4. Soledad Ramírez Goyena y 5. Matilde Ramírez Goyena (1851-24 de febrero de 1916).

 

Familia Avilés Ramírez en Juigalpa, Granada y León 

Juigalpa, en ese entonces, es un pequeño pueblito bucólico de calles pedregosas y unas pocas decenas de habitantes. Don José Jirón Terán (1978), sostiene que don Eduardo Avilés Mora y su esposa «eran propietarios de una finca grande de ganado y otra de café» (p.6).  Sin duda, por la ubicación de la casa, frente al parque central de Juigalpa, donde fue la Kodak hasta la Escuela Asunción, la familia Avilés era muy importante. Es más, a mediados del siglo pasado el domicilio era conocido como «la casa de las avilés». Del matrimonio Avilés Mora y Ramírez Goyena fueron procreados doce hijos, según el profesor Edelberto Torres, eran como «la tribu bíblica». Sin embargo, solamente existen registrados nueve que describo brevemente:

1. Luisa Matilda de Jesús Avilés Ramírez nació en Managua el 20 de junio de 1879 y murió 24 de junio de 1880. Acta n.º 306, Folio n.º 152 y 153.

2. Francisco Avilés Ramírez nació en Managua el 28 de septiembre de 1880 y murió 24 de junio de 1880. Acta n.º 372, Folio n.º 186.

3. Salvador Avilés Ramírez nació en 1881 y murió el 27 de noviembre de 1883 a la edad de dos años. Acta n.º 603, Folio n.º 268.

4. José Luis Avilés Ramírez nació el 1 agosto de 1883. Acta n.º 0436, Folio n.º 134.

5. Matilde Avilés Ramírez nació en 1885, su vida la transcurre en Managua con el oficio de doméstica y muere en el barrio San Antonio de la capital el cinco de diciembre de 1955, a la edad de 70 años, producto de una hemorragia cerebral. Procreó una «hija ilegítima» que llamó Adilia Virginia Avilés que inscribió don Coronado Núñez el 24 de agosto de 1916 en el Acta n.º 1348, Folio n.º 116. Siete años después la niña fue reconocida por un señor de apellido Guillén en el Folio n.º 160 y 161 del libro de Reconocimientos de Managua en 1922.

6. Virginia Avilés Ramírez se desconocen datos.

7. Luis Avilés Ramírez nació en Managua en 1893, contrajo nupcias con la señorita Susana Balladares con la que procreó a Carlos (¿?), Adilia Matilde (Managua, 30 de diciembre de 1910, registrada en el Acta n.º  1714 del año correspondiente — ¿?) y Luis de Jesús (León, 7 de diciembre de 1913, registrado en el Acta n.º  1466 del año correspondiente — Managua, 11 de abril de 1914, defunción registrada en el Acta n.º 198, Folio n.º 451), el pequeño murió con asistencia médica de meningitis a los cuatro meses, sus padres hicieron lo posible por salvarle la vida pero les fue imposible. Luis Avilés Ramírez desarrolló su vida como negociante, tenedor de libros, contador mercantil, profesor de Latín y Griego del Instituto Nacional Ramírez Goyena, destacado poeta por lo que obtuvo varios premios y reconocimientos. Murió a las once de la noche del 8 de diciembre de 1938 producto de una hemorragia cerebral.

8. María de los Ángeles Avilés Ramírez nació en Juigalpa y murió de muerte natural el 25 de julio de 1892 a la edad de tres años con nueve meses. Reportó la defunción don Inocente Cruz, procurador judicial al señor alcalde de la ciudad, Acta n.º 32, Folio n.º 0599 del libro correspondiente.

9. Francisco Eduardo de Jesús Avilés Ramírez nació en Juigalpa el 7 de febrero de 1895. Está registrado en la partida de nacimiento n.º 20 del libro de Registro de las Personas del año correspondiente. Don Eduardo Avilés Mora, su padre, compareció ante Rosalío Sequeira, alcalde municipal, el 14 de febrero de 1895, para notificar que «en esta población, el siete del corriente, a las dos de la tarde, su esposa doña Matilde Ramírez de Avilés dio á luz […] varón sin señales particulares». Luego al investigarse en el libro de bautismo correspondiente al año de 1884-1886, Folio n.º 34, literalmente se lee: «En la Parroquia de Catedral, Nuestra Señora de la Asunción, el día 17 de febrero de 1895, se bautizó solemnemente a FRANCISCO EDUARDO DE JESÚS AVILÉS RAMÍREZ, hijo de Eduardo Avilés y Matilde Ramírez. Habiendo sido sus padrinos: Rodolfo Toledo y Martha Báez. Bautizado por el Presbítero José Esteban Peña».

La familia vende todas las propiedades en Chontales y se trasladan a León en 1901, posiblemente para buscar oportunidades educativas para los niños. Cruzan el lago Cocibolca en el Vapor Victoria y se hospedan varios días en la casa de doña Dominga Zelaya de Chamorro. Granada es la segunda tierra que Eduardo conoce temporalmente, en esos días entabla una fuerte amistad con su primo Pedro Joaquín Chamorro (Jirón, 1978, p.6). Eduardo hizo estudios de primeras letras en el Colegio de Vicente Ibarra y posteriormente en el Seminario Conciliar de San Ramón – León, institución de mucho prestigio e importancia nacional.

La infancia de Eduardo se desarrolla en la Calle Real, de León, la flamante ciudad universitaria, cerca de las familias Tijerino y Tellería. Eduardo de siete años (1902) ayudaba a su tío, el maestro Miguel Ramírez Goyena (1857-1927) a coleccionar plantas, sin duda sería una experiencia única para la vida del intelectual. De su niñez casi nada se está al corriente, excepto datos que el mismo describe en cartas, crónicas y una entrevista concedida al periodista hondureño Rafael Heliodoro Valle. Leamos este abstracto de una epístola que le envía a su amigo, el Dr. Julio Linares, citada por el Dr. Carlos Tünnermann Bernheim (2007): «Fui, siendo rapaz, en todos los vericuetos de la montaña nicaragüense, su único ayudante en la confección de su FLORA. Ayudante material, quiero explicar: desde las seis de la mañana cazábamos florecillas, él examinándolas con una lupa en la diestra, como si fuesen mariposas inanimadas, protegiéndonos del sol con sendos sombreros de palma; florecillas que íbamos metiendo con mucho cuidado en una gran mochila de metal que yo llevaba amarrada con tirantes a la espalda» (p. 239).

Desde 1904 la compañía mexicana de zarzuelas y de variedades que dirigía el notable violinista Eduardo Unda y su esposa la actriz María Murillo hace gala de su talento magistral en los escenarios de León y Managua. En 1907 Eduardo escribe sus primeras crónicas teatrales para un periódico leones «de cuyo nombre no vale la pena acordarse». El único pago que recibe el jovencito son los boletos para las presentaciones, pues las notas no debían firmarse ni revelar que él era el autor.  La explicación nos la da Ramírez: «habría sido una vergüenza para el diario que se supiera que su crítico teatral era un mozalbete de pantalones cortos».

En 1910 Nicaragua sufre una guerra civil y Avilés Ramírez de 15 años se enrumba a apoyar y defender el gobierno que dirigía el presidente José Madriz: lucha contra los conservadores, se embarca y llega a Chontales donde es recibido en San Ubaldo por los amigos de su padre, y de ahí se enrumban a pie hasta Juigalpa, donde «Eduardo Avilés Ramírez fue recibido jubilosamente» el propósito era truncar los propósitos de Emiliano Chamorro. En la batalla de San Vicente, lucha fuertemente pero «es herido y hospitalizado en El Rama y dado de baja y recibido como héroe en León […] fue ayudante del General Paulino Godoy y luego del General Perdomo». (Jirón, 1978, p. 6).

Trotamundos, Avilés Ramírez                                                                                                                                          (Centroamérica, Cuba, Europa, África, Asia)

Luego de sus luchas apoyando el gobierno liberal de José Madriz se traslada en 1912 a El Salvador donde trabaja en el diario El Salvador de su amigo Ramón Mayorga Rivas y luego vive en Guatemala donde se desempeña como jefe de redacción del diario La República de Aguirre Velázquez y en el diario de Centroamérica.

En 1916 regresa a Nicaragua, dos motivos: La noticia que el poeta Rubén Darío está en las puertas de su último viaje. Ya Avilés Ramírez había tenido la experiencia de conocer al bardo en su retorno en 1907, cuando apenas el pequeño Avilés tenía 12 años. Avilés recuerda los hechos en Libro de las Crónicas (1978) de manera siguiente: «Después de haber estado muchas veces junto al poeta (Rubén Darío), a veces oyéndolo recitar a una distancia de un metro en 1907, y estando yo en la República de El Salvador nueve años después, cuando iba a morir, en previsión del acontecimiento emprendí viaje a Nicaragua y desde la estación de León me dirigí a la casa en que estaba viviendo sus últimas horas. Y aunque visitas al ilustre moribundo estaban inflexiblemente prohibidas, gracias al Dr. Luis H. Debayle, padre de Margarita Debayle del poema, y que era no sólo su viejo amigo, sino su médico de cabecera, yo logré visitarlo. Al decir visitarlo exagero: porque apenas si logré ya contemplarlo algunos momentos … Cuando entré eran como las cuatro de la tarde – en compañía del Dr. Debayle, descubrí la gran pieza en que iba a morir, sumida en densas penumbras. Una sola lucecita brillaba junto al lecho. Nos acercamos andando de puntillas. La gran cabeza de Rubén se destacaba sobre las almohadas, la barba crecida, los ojos cerrados, la respiración trabajosa, la frente y las mejillas perladas de sudor. Con un movimiento de suma audacia llevé mi mano, con extrema delicadeza, hasta su frente, en la que mantuve algunos instantes, a pesar de haberme impresionado la temperatura altísima que lo devoraba. El cuerpo reposaba de lado, hacia nosotros». El motivo número dos: la noticia que su madre, doña Matilde Ramírez Goyena, se encontraba mal de salud. El 24 de febrero de 1916 se rinde a la muerte producto de afectaciones en el hígado y con asistencia médica.

Avilés Ramírez se traslada a Cuba en 1917, donde vive nueve años, colabora en El Diario de la Marina, Prensa Cubana, Revista Avances, Arte y Decoración, Bohemia, Habano, Información, El País, El Tiempo, Pro-Arte Musical, Revista Cubana y El Fígaro. Dos años después regresa a Nicaragua para ofrecer las últimas atenciones a su padre, don Eduardo Avilés Mora, que falleció producto de un cáncer pulmonar a las 2:20 minutos de la mañana del 11 de mayo de 1919. Luego retorna a Cuba su segunda patria y como él lo dijese «y en ciertos aspectos mi primera».

Una de las grandes amistades que don Eduardo Avilés cultivó en su estadía en la isla caribeña fue con el pintor japonés Tsougouharu Foujita nacido en Edogawa en 1886, que se desenvolvió en su época como uno de los grandes artistas plásticos del mundo. En 1932 Foujita visitó Cuba, único viaje a este país caribeño, en el cual presentó una colección ovacionada por todos los intelectuales de su época. En El Diario de la Marina, escribió en uno de sus artículos «el mayor acontecimiento de arte que se ha efectuado en Cuba desde tiempo a la fecha».

Eduardo escribió en 1926, un artículo sobre el pintor «Foujita, el introductor del orientalismo» donde dicta lo siguiente: «Hablar de Foujita, es manosear los símbolos. Hoy, el formidable dibujante japonés, es eso: un símbolo. Apartándose un poco de la pureza Oriental, y acercándose otro tanto al arte de Occidente, logró realizar lo que nadie había logrado: ser occidental sin dejar de ser japonés. Su obra, varía y rica, fina y de expresiones sorprendentes, es en el fondo una sabia mezcla de valorizaciones opuestas. Sin traicionar su origen es europeo. Y ni se le puede aceptar entre los que efectuaron el transplante espiritual, ni se le puede catalogar entre los puristas del arte del Oriente. Por eso París le admira, le mima y le paga. Sus cartones, que van a adornar los salones dorados del quartier de la Estrella, alcanzan precios fabulosos. Su figurita magra es tan popular como la del mismo Cocteau. Y es uno de los pocos grandes artistas extranjeros que, en esta ciudad que niega casi sistemáticamente las hojitas de laurel a los que no nacieron en suelo francés, en un regateo incomprensible, ha sentido crecer, bajo su planta leve, toda la primavera sonriente de la gloria» Tanta admiración le tenía don Eduardo al pintor Foujita que cuando este viajó a París, Eduardo le organizó un homenaje. Es posible que en esta fecha el pintor realizara el excelente retrato al grafito que ilustra este trabajo.

Cuando Eduardo decide viajar a París, en 1925, luego de nueve años de estadía en la isla, los intelectuales de La Habana se congregan para rendir tributo al intelectual, que duró hasta las dos de la mañana. El académico Jirón Terán, hace algunas anotaciones sobre este evento: «florido de recitaciones y discursos al que asistieron personalidades del mundo social, oficial de las letras, la cultura y el arte, la iniciativa privada, y así todo el cuerpo diplomático acreditado en la Perla de Las Antillas». Desde la Ciudad Luz recorre el mundo «desde Spitzberg hasta el alto de Egipto y desde las orillas del Betis hasta las orillas del Éufrates… Turquía, Tierra Santa en Argelia en Marruecos; desde la zona Tórrida de América hasta la del Asia».

En su periodo francés la carrera literaria del cronista estuvo marcada por el éxito. Publica en los más destacados diarios y revistas de América y Europa: Diario de Yucatán, Excelsior, El Informador, El Nacional, El Porvenir, Revista del Norte, El Sol de México, Universal y Revista Universidad de México; en Nicaragua publica algunas de sus crónicas en los diarios y revistas: El Gráfico, La Noticia Ilustrada, Pantalla, La Prensa y Renovación; en Venezuela aparecen sus escritos en el periódico El Nacional. Ya en sus años de madurez, don Eduardo Avilés Ramírez, manejaba contactos con una cadena de treinta y seis periódicos de América y Europa, donde enviaba cada uno de sus artículos.

El antiimperialismo 

Don Eduardo Avilés se ve ligado a proyectos culturales que defendía la identidad de los pueblos en especial su Nicaragua. La Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos de París -AGELA- (1925-1933), tuvo en su momento una posición voraz contra el antiimperialismo, dentro de esta se destacaron ilustres intelectuales de Centroamérica y aunque no fue fundador se destacaron los nicaragüenses, estudiantes de leyes, Diego Manuel Sequeira y León Debayle Sacasa quien resultó electo de la primera directiva como primer secretario adjunto.

El 13 de enero de 1927, mientras la invasión norteamericana era una vivencia en Nicaragua, AGELA y APRA (Frente Único de los Trabajadores Manuales e Intelectuales de América Latina) invitaron a una manifestación en apoyo a Nicaragua, actividad que tuvo lugar en Salle des Horticulteurs. «Miguel Ángel Asturias –apunta Arturo Taracena Arriola— y el periodista nicaragüense Eduardo Avilés Ramírez (1897), habían solicitado un aval a Romain Rolland-(1866), quien, en carta fechada en Villeneuve el 11 de enero, se solidarizó con la protesta. Miguel de Unamuno, también lo hizo». (1989, p. 72). En esos momentos el cronista se vuelve un férreo luchador por la defensa de la soberanía nacional.

Bibliografía básica 

Las publicaciones de Eduardo Avilés fueron de carácter variado: ensayos, poesías y crónicas — las más estudiadas por la crítica literaria—. Presentaré las siguientes referencias bibliográficas: 1. (1928) Simbad (Hombres, piedras y paisajes). París: Editions Excelsior.  2. (1933) Marruecos. Madrid: Talleres de la Editorial Castro. Encuadernación Rústica comercial — Colección Un viaje cada semana. 3. (s.f) Simbad II y otros poemas. París: Editions D´Alquete. 4. (1929) Páginas escogidas de Armand Godoy. Royère, Jean (prologuista); Eduardo Avilés Ramírez (traductor) París: Editions Excelsior 5. (1945) Síntesis martiense para extranjeros. [Carta de Eduardo Avilés Ramírez.] Autor José de La Luz-Leon Editor Avignon, les Livresnouveaux. 6. (1932) Las letanías de la virgen. Traducción y prefacio de Eduardo Avilés Ramírez. Madrid: j. m. Yagües. [Papel especial; impresión a dos tintas] 7. (1970) España en los versos y en el corazón de Rubén Darío. S.L.: Flers, Imprimiere Folloppe. 8. (1944) Prosas de Eduardo Avilés. En R. Barón Castro (Comp.) Selección de prosistas modernos hispanoamericanos (pp. 70-71).  Madrid: Ediciones Atlas 9. (1983) Verso y poesía. Francia: S.I.  10. (s f.)  Crónica. Oro del sendero. París: S.I.   11. (1978) El libro de las crónicas. Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República.  12. (1929) Las versiones de Armand Godoy: Páginas escogidas. Traducción de Eduardo Avilés Ramírez. París: Editions Excelsior 14. (s.f) Entretien… avec Carlos Vicuiia. Revue de I Amerique Latine. XXII. p. 273 15. (s.f.) Entretien sur l’Ameriqueavec Alcides Arguedas.  Revue de I Amerique Latine XXI. p. 312 16. (s.f.) Entretienavec Jose Vasconcelos. Revue de I Amerique Latine XXII. p. 399 17.  (s.f.) Entretien… avec Enrique Larreta. Revue de I Amerique Latine. XXII. p. 77 18. (1964) Defensa y explicación de Rubén Darío. Madrid: Seminario-Archivo Rubén Darío-Ministerio de Educación Nacional. 19. (1999, sábado 6 de marzo) El Gran Entierro de Rubén Darío. La Prensa Literaria.  p. 8. 20. (1989) El Libro de las Notas. Venezuela: Academia Nacional de la Historia. Colección: Serie: El libro menor.21. (1986) Realidades y Sueños. Paris, Francia: s.i. 22. (septiembre de 1937) Desde París: ideas estéticas de Pío Baroja. Puerto Rico Ilustrado. 28 (1439). p. 9. 23. (1980, 25 de mayo) Grandes poetisas cubanas, Amalia del Castillo. Diario de Yucatán. 24. (s.f) La Cultura Francesa en la América Latina. El Nacional de México. 25. (1926, 6 de enero) Recuerdos de José Manuel Poveda. La venganza de los dioses El País. p. 3. 26. (Octubre de 1926) Pintores cubanos en Paris, Antonio Gattorno. Social. 11 (84). p. 3 27. (Junio de 2011). La Universidad búsqueda constante de Carlos Tünnermann Bernhein. Revista Temas Nicaragüenses (38). p. 32-33 28. (06 de julio de 1930). La comedia Literaria. Revista Bohemia.  29. (20 de julio de 1969). Fernando Paz Castillo y el Modernismo. El Universal. p.4  30. (17 de junio de 1953). Julio Antonio Mella y la Plaza de la Concordia. Bohemia, p. 2  31. (1937) La Cultura Francesa en la América Latina. Revista Universidad de México. pp. 6-7

Se debe destacar, dejó inédito su libro de Memorias compuesto de III tomos, cada uno de 500 páginas junto a 200 fotografías históricas. Según el cronista era su «única verdadera gran obra».

Homenajes y honras fúnebres 

Entre los homenajes que se le realizaron al cronista figuran: Orden al Mérito Carlos Manuel Céspedes en el Grado de Comendador, siendo esta la más alta condecoración de Cuba, Miembro de Honor n.° 1 de la «Asociación de Reporters»  de La Habana, Miembro Correspondiente de la Academia Cubana de la Lengua, Miembro de Honor de la Asociación de los Periodistas de Cuba, Palmas Académicas, Legión de Honor de Francia, Orden de la Estrella de Suecia, Premio Literario de Perú, Orden Alfonso El Sabio, en grado Comendador, Reino de España, Hijo Predilecto de Skyros, Isla Griega, Cónsul de Nicaragua en España, Portugal y París, Biblioteca Municipal Eduardo Avilés Ramírez-Diriamba, Carazo y Orden al Mérito Cultural Eduardo Avilés Ramírez por Colegio Rey David de Juigalpa.

Eduardo Avilés murió el 17 de junio de 1989 a la edad de 94 años a las 16 horas y 30 minutos en la Avenida Victor Hugo en Bourg –la- Reine pero fue enterrado en un pequeño pueblo llamado Caumont Sur Durance. Un hombre consagrado a letras, y en palabras de Jorge Eduardo Arellano (1997): «Brillante, nutrido de erudición cosmopolita, sabio en experiencia e historiador, geógrafo y psicólogo; en fin: un fino y cotizado escritor… En esencia, enalteció artísticamente la crónica refiriendo libros y monumentos, hechos y paisajes, autores e ideas, recuerdos y anécdotas» (p.97).

Bibliografía

1. Arriola, A. T. (1989). La Asociación General de estudiantes latinoamericanos en París (1925-1933). Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 15(2), 61-80.

2. Arellano, J. (1997). Literatura Nicaragüense. Managua: Ediciones Distribuidora Cultural. 

3. Barberena, A. (septiembre de 1963). Miguel Ramírez Goyena. Revista Conservadora, VII (36), 36-44.

4. Duque-Estrada, E. (2014) Nicaragua: Historia y Familias Managua: El Autor

5. Jirón T. J. Homenaje a Avilés Ramírez: Biografía, Relaciones Literarias y obras de Eduardo Avilés Ramírez (La Prensa Literaria, pp. 6-7) 1978

6. Pérez, J. (1928) Obras Histórica Completas. Managua: Imprenta y Encuadernación Nacional 

7. Tünmermann, C. (2007) Valores de la Cultura Nicaragüense. Managua: Centro Nicaragüense de Escritores.

ALEXANDER ZOSA-CANO (Santo Domingo, 1987: docente, poeta e investigador) Egresado de la Escuela Normal Regional Gregorio Aguilar Barea (2010) y Licenciado en Ciencias de la Educación con mención en Lengua y Literatura Hispánica (2015) en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Actualmente es docente del Instituto Nacional de Chontales y de la Universidad Nacional de Ingeniería UNI Región Central-Juigalpa donde imparte clases en áreas básicas. Es Miembro Correspondiente de la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua, Miembro de Número de la Academia Nicaragüense de Ciencias Genealógicas, Miembro Directivo del Clan Intelectual de Chontales. Le han otorgado, entre otras, distinciones: Medalla 50 Aniversario Centro Escolar Pablo Hurtado (2009); Mención del Premio Único del III Concurso Nacional de Poesía Joven «Leonel Rugama» (2013); Orden al Mérito Cultural Eduardo Avilés Ramírez (Grado Comendador, 2014); Tercer Lugar en el Concurso Internacional de Poesía El Mundo lleva alas (Miami,2015); Mejor Maestro de Chontales (2017); Mejor Maestro de Nicaragua (2017); Diploma Honor al Mérito (Clan Intelectual de Chontales, 2017), Medalla Orgullo de la Educación (2017) y Medalla del Certamen de Innovación y Creatividad Educativa para la Calidad de los Aprendizajes (2017).

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