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Oro en Cuscatlán,  Antonio J. Coệlho

Caralvá

Intimissimun

Gaceta del Salvador en la República de Centro-América

San Salvador 26 1850

Mineralogía

Francisco Revelo Gobernador y juez de hacienda del departamento de Cuscatlán.

El Sr. Dionisio Ramírez vecino de Perulapía ha descubierto una veta mineral de oro y plata en el valle nombrado Tacanagua en ejidos de aquel pueblo a distancia de dos leguas, correspondiente al partido de Cojutepeque de este departamento, la que ha denunciado formalmente el 27 de marzo del corriente año con arreglo a las ordenanzas del ramo mandadas observar por decreto de las Cámaras Legislativas de 28 de febrero de 1848, y ha sido admitida por auto de esta fecha, previos los trámites respectivos, amparado y mandado se fijan carteles en los lugares públicos de esta cabecera y pueblos inmediatos a la enunciada mina; y se pone de noticia de todos los estantes y habitantes en los lugares expresados para que el que acaso la hubiere descubierto, cateado o trabajado sin desampararlo, ocurra a esta Gobernación a usar de su derecho dentro del término de noventa días contados desde la fecha el presente, que es librado en la villa de Suchitoto 20 de abril de 1850. Francisco Revelo, J.  Antonio Peña, secretario.

 

Referencias geográficas

Diccionario geográfico de El Salvador /Ministerio de Obras Públicas, Instituto Geográfico Nacional de El Salvador   v II  — San Salvador: Talleres litográficos de Instituto Geográfico Nacional, 1971 —   pág.371

Tacanagua. Cantón del m. de Oratorio de Concepción, depto. de Cuscatlán. Esta situado a 1.5 kms. al N.E. del pueblo Oratorio de Concepción. Comprende el crío. de Tacanagua. Pob. 563.

Tacanagua, Caserío del ctón. Tacanagua, mun. Oratorio de Concepción, depto. de Cuscatlán.  Esta 1.5 kms al N.E. del pueblo Oratorio de Concepción, con el que se comunica por camino de herradura. Tiene escuela. Elev.  610 m. S.N.M.

Tacanagua Río del mun. de Suchitoto, depto. de Cuzcatlán.

Gaceta del Salvador en la República de Centro-América

San Salvador enero 4 , 1850

                  Comunicado

As for those who have devoted their time and talents forthe service of their felloso -creatures, et is bue a debt gratitude to perpetuate their memories by makin posterity acquianted with their merits an usefulness – Para inmortalizar la memoria de aquellos hombres beneméritos que han consagrado su tiempo y sus talentos  en beneficio de sus semejantes, es un deber de gratitud transmitir a la posteridad una noticia de su mérito y servicios. – Art. Biografía de la Enciclopedia Británica.

Es una verdad confirmada por la historia de los siglos, que en todos los tiempos y naciones, ha sido enviado por la Providencia algún genio benéfico, que haciendo los mayores esfuerzos posibles, y sobreponiéndose a toda clase de preocupaciones, ha creado o mejorado los conocimientos necesarios a la conservación de la especie humana. En efecto ¡Cadmo enseñó a los griegos el uso de los caracteres! El abab de U Epée (Abad Charles Michel de l´Épée) fundó la institución de los sordo-mudos, admirable monumento levantado a la humanidad doliente y Juan Lancáster perfeccionó el método de enseñanza  muta que lleva su nombre, por el cual todas las clases de la sociedad adquieren la instrucción con más rapidez y facilidad, y con menos dispendios. Entre nosotros apareció uno de estos genios bienhechores que introdujo y propagó este mismo método, precursor de los progresos que la juventud salvadoreña ha hecho desde el año de 1834 hasta la fecha.

Don Antonio J. Coệlho nació por los años de 1755 en San Salvador o bahía, ciudad de primer orden del imperio del Brasil. Sus padres le dieron desde su tierna edad una educación esmerada, e hizo los estudios necesarios para la carrera del comercio, que abrazó.

Dedicado a esta clase de ocupaciones, viajó en su juventud por algunas naciones de la Europa, y recorrió toda la América Meridional antes española. Después se estableció por muchos años en Estrados Unidos, de donde por las vicisitudes de la fortuna pasó a la patria de Moctezuma. Conocido en esta nación por su adhesión al sistema republicano, se atrajo la amistad de los principales personajes que figuraban en la escena política, y desempeño con exactitud y desinterés destinos de grande importancia.

Ligado íntimamente por relaciones de amistad con el general Guerrero, uno de los héroes de la independencia de aquella república, le confirió una comisión de alta política cerca de Centro-América, y con el objeto de desempeñarla llegó a Guatemala el año de 1830. A poco tiempo de permanecer en aquella ciudad, tuvo lugar la muerte de Guerrero y este funesto acontecimiento que cambió el aspecto político de México impidió el regreso de Coệlho, y desde entonces formó el proyecto de establecer en el país una escuela de enseñanza mutua.

Conociendo el D. Gálvez que a la sazón era jefe del Estado de Guatemala, las aptitudes de D: Antonio Coệlho lo mandó a Chiquimula en donde formó  el primer establecimiento lancasteriano. Durante dos años que permaneció enseñando en aquella población, sus discípulos hicieron muchos adelantamientos; y habiendo tenido noticia  de este buen preceptor el Gobierno de este Estado lo llamó y en consecuencia llegó aquí a principios del año 1833.

Luego que tomó posesión de su destino, se dedicó exclusivamente a la enseñanza de sus discípulos, sin embargo  de las circunstancias desfavorables que lo rodeaban, pues es notorio que El Salvador estaba entonces despedazado por las facciones intestinas, cuyo estado de las cosas paso más de una vez en peligro su existencia.

Desde el momento que Coệlho abrió su escuela, concurrió una multitud de jóvenes de todo el Estado de diferentes edades y fue tan grade el esmero que puso en su enseñanza, que dentro de poco adelantaron considerablemente no solo en primaria, sino también otros ramos de los conocimientos humanos más elevados, como geografía y las lenguas francesa e inglesa, siendo de advertir que en aquel tiempo no pasaban de tres los sujetos que tenían nociones de las más generales divisiones de nuestro planeta, consecuencia precisa del atraso en que dejaron los españoles a nuestros padres.

Cuando a favor de la traslación de las autoridades federales se consolidó la paz en el Estado, la escuela lancasteriana denominada Aurora del Salvador, aludiendo a las luces que propagaba, llegó al apogeo de su prosperidad. Los alumnos de ella adelantaron en la escritura sacando una bella y elegante forma de letra; en la lectura leyendo con al puntuación y propiedad necesarias; y en la aritmética resolviendo por medio de sus reglas problemas complicados y difíciles. Como tengo dicho antes, se enseñaron ramos en que hubo no menores progresos.

En  los sucesivo la Aurora llegó a ser escuela normal de donde salieron muchos jóvenes que en los demás putos del Estado, difundieron los conocimientos que habían adquirido en aquel acreditado establecimiento.

No solamente instruía el Sr. Coệlho a sus discípulos en los ramos de enseñanza mencionados, sino también los formaba para que algún día figurasen en el mundo culto por sus maneras afables y urbanas y por su trato fino y desembarazado. El extenso conocimiento que tenía de las costumbres del mundo civilizado le sugería medios adecuados para aleccionar a la juventud en esta parte principal de la buena educación.

En las horas destinadas al descanso reunía a los niños, y los entretenía agradablemente con su conversación constructiva y amena. En sus viajes había adquirido un profundo conocimiento del corazón humano, y de tan ilustrada experiencia se aprovechaba para dar prudentes consejos a los alumnos.

Era humano, benéfico, sensibles y muy reconocido a los favores que se le hicieran. Sin temor a faltar a la verdad puede decirse que nunca se presentó un desgraciado a su vista a quien no socorriese. Ejercía principalmente su beneficencia con sus discípulos pobres que se acogían a su protección.

Dentro de poco tiempo de planteado el método de enseñanza mutua, el Estado de El Salvador cambió de aspecto. La juventud poseía ya nociones generales delas relaciones de nuestro planeta con el mismo sistema solar; escribía con corrección y limpieza, formando esta época contraste con las anteriores en las cuales no había quien supiese pronunciar las letras de nuestro alfabeto. No es esto una exageración; es un hecho presenciado por mis contemporáneos entre quienes escribo.

Coệlho fue el primero en el Estado que aunque extranjero, enseñó que la pronunciación ll de la c son diferentes a la y – y de la s.

Como era aficionado a la agricultura compró una chacra en las inmediaciones de esta ciudad y en sus ocios cultivaba. Fue el primero que enseñó en el Estado el cultivo del café, que desde entonces se  ha propagado entre nosotros y tenía tanto gusto que puso esta finca a  que llamó La Esperanza en términos de ser el único de recreo de toda la ciudad.

En los últimos años de su vida dejó la escuela pública, y estableció una privada, en donde la juventud hizo los mismos progresos que en la Aurora – Por manera que este hombre benemérito trabajó incesantemente durante el transcurso de once años y por resultado de sus benéficas tareas se ven en el día muchos sujetos discípulos suyos que desempeñan destinos de consideración.

Coệlho era de limitados conocimientos pro los transmitía a sus semejantes, así es que en él se confirma esta verdad de un autor inglés, a saber: que pocos llegan a ser eminentes, pero que todos pueden ser útiles.

Hacia algún tiempo que su salud estaba muy quebrantada a causa de su avanzada edad y de la vida sedentaria a que estaba reducido. Por último se le declaró una hidropesía, que al cabo de quince días de prolongados sufrimientos lo hizo exhalar el último aliento el 29 de diciembre del año 1844 a los ochenta años y nueve años de edad.

Su muerte fue generalmente sentida, sus discípulos no se separaron un momento del lecho del dolor y el gobierno dio un testimonio de magnanimidad y de que apreciaba el mérito, mandando que su cadáver fuese sepultado gratis en el Iglesia de la Merced, en donde existe.

En atención a los grandes servicios que prestó el filántropo Sr. Coệlho enseñando a la juventud en una época de tanta ignorancia teniendo en consideración las bellas prendas de que estaba dotado, la gratitud salvadoreña exclama todavía con Horacio ¿quis desiderio sit pudor aut modus tam cari capites? .

San Salvador enero 1 de 1850

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