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sábado , 21 octubre 2017
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La diligencia judicial

La diligencia judicial

Santiago Vásquez
Escritor

Son las seis de la mañana, search mind en la carretera, seek el tráfico como siempre, malady difícil; humo, bocinas en altos decibeles por todas partes, grandes filas de vehículos queriendo avanzar, por su parte el Doctor Peraza como siempre comienza a perder la paciencia, llenándose de estrés.
Más adelante algo inesperado le sorprende, un accidente de tránsito que deja como resultado cinco personas gravemente heridas y tres fallecidos, una octogenaria y dos jovencitas; nadie se puede mover en aquella confusión, las ambulancias pidiendo el paso para socorrer a las víctimas; a toda esta situación hay que agregarle que la energía eléctrica se ha cortado, los semáforos no funcionan, por fin logra avanzar unas dos cuadras, pero antes de llegar a su oficina, lo detienen nuevamente, el paso está restringido, un negocio ubicado a la par de su lugar de trabajo  había sido víctima de un asalto, un presunto ladrón había sido capturado y una vendedora ambulante yace en el andén asesinada en el percance.
Todo aquel lugar se encuentra acordonado, al cabo de un buen rato logra llegar a su destino, abre su oficina y deja escapar un profundo suspiro como queriendo sentir una tranquilidad no poco común
En su casa, su mujer se afana en organizar su agenda diaria que la reparte entre el cuidado de los niños, el gimnasio y atender un pequeño negocio que en poco tiempo ha prosperado mucho, se trata de una pequeña zapatería.
Después de superar este terrible calvario por las calles de la ciudad, llega un poco tarde, ordena unos papeles en su ataché y se sienta frente a su computadora.
Las horas comienzas a recorrer el día, buscando entre segundo y segundo un pequeño descanso, pero es imposible, el tiempo no perdona a todo  aquello que se le pone enfrente, es impetuoso, rígido, serio, desbastador: el tiempo no permite otra cosa que desvanecer los días y llenar de angustia a todos los seres humanos.
Son las 9 de la mañana.
Buenos días Doctor Peraza.
Le dice una alta y elegante señorita a quien eternamente le acompaña una maliciosa sonrisa, quien tiene el enorme privilegio de ser su secretaria y en quien deposita todas sus penas porque le es fiel.
-El reo dela celda 15 requiere de una diligencia Doctor.
-Ahhh, Bueno, entonces programe una salida para el viernes a las 11 de la mañana.
.Muy bien Doctor, le responde aquella hermosa dama con una mirada llena de coquetería.
Aquella bella mujer de tez blanca, ojos amarillos y  cabello rubio no pierde la oportunidad de estar cerca de su jefe haciéndole consultas por insignificantes que estas sean.
Fuera de aquella oficina en aparente calma, el bullicio de los comerciantes ofreciendo sus mercaderías, compradores insatisfechos reclamando con furia los vueltos, toda una serie de acontecimientos pasan desapercibidos para el Doctor Hipólito Peraza.
A las diez de la mañana con once minutos, una llamada le cae al celular en forma repentina, rastrea el número pero aparece como llamada desconocida.
-Aló
Aloooooooooó
Aloooooooooooooooó
Nadie contesta
El celular vuelve nuevamente a timbrar.
-Aló
Aló. Despacho del Doctor Peraza.
Nuevamente  un profundo silencio se apodera del lugar.
La misteriosa llamada se repite durante cinco veces, el nerviosismo se incrusta en lo más íntimo de su ser quien camina de un lugar para otro.
-¿Qué será esto?
Replica en silencio, tratando de buscar una explicación a tan lamentable experiencia.
-Necesito unos documentos para la audiencia de mañana, por favor, me los elabora.
-Ahorita se los redacto Doctor, le contesta Kimberly, su secretaria.
Sentado nuevamente frente a su computadora, la enciende, abre su correo para revisarlo, un escalofrío recorre todo su cuerpo al ver un mensaje dirigido a su nombre, lo lee detenidamente, lo vuelve a leer, no cree lo que está pasando.
“hoy por la noche, necesito lleves con vos, 5000 dólares, sabemos de tus hijos y tu mujer, sabemos dónde vives y que haces y no te hagas el pendejo, hoy a las nueve de la noche te esperamos, sin policías, si no, tu familia pagará las consecuencias, no queremos ningún error.
Su secretaria lo mira fijamente  a los ojos, lo observa aturdido y confundido, un sudor helado le recorre por toda su frente, toma la taza de café que está a su lado y la desparrama en unos sobres de papel manila que están en su escritorio.
-¿Le pasa algo Doctor?
No…No…¡Nada! ¡Todo bien.
Pero la realidad es otra
En su desesperación porque todo vuelva a la calma, hace una llamada a su casa para constatar que todo marcha de maravilla, pregunta por sus hijos, su mujer le comenta que todo se encuentra en completo orden.
A las once de la mañana se dirige al cajero, retira el dinero de cuatro tarjetas de crédito y los prepara en una pequeña bolsa de cuero color café, lo guarda bien en su maletín para que nadie sospeche nada.
A las dos de la tarde, recibe nuevamente la llamada, todo aquel desconcierto, incertidumbre y temor lo atrapan nuevamente como queriendo despertar de una terrible pesadilla.
-No estoy jugando, por la noche, el dinero completo.
-¿Dónde se lo llevo?
Le contesta con una voz distorsionada
-Yo se lo diré llegado el momento.
La llamada se corta repentinamente.
Ese día, aquel respetado hombre del Derecho no salió a su acostumbrado almuerzo, se quedó en su despacho jurídico pensando muy bien los pasos que iba a dar ante aquella difícil situación.
A las seis de la tarde envuelto entre papeles, cartas, solicitudes y otros menesteres, el  abogado sale con paso apresurado y se sube al carro, un viejo escarabajo de los años setenta, se encamina a su casa, su mujer lo recibe con mucha alegría como siempre; sus hijos lo esperan; pero ese día entró en un completo silencio.
-¿Te pasa algo amor?
Le dijo Samanta, su mujer.
No…no, nada, todo bien.
No sabía contestar otra cosa que esa misma expresión.
La cena quedó servida, no siente deseos de comer, solo de pensar en las llamadas desconocidas.
A las ocho cuarenta y cinco de la noche, aquel hombre le dice a Samanta:
-Ya vuelvo…
Tengo una diligencia que realizar, se despide de un beso, se sube a su automóvil y emprende su viaje.
Faltan cinco minutos para las nueve, el celular no lo suelta de su mano, a las nueve en punto recibe la tan ansiada llamada.
-Poné atención a lo que te voy a decir carajo.
A la salida de la ciudad, por un portal que se encuentra bajo una ceiba, dos cuadras antes de una gasolinera, allí nos reuniremos.
Ya sabés, puntual, sin policías y con el dinero completo.
El hombre, temblando y sudando y en completa soledad, llegó a la cita a la hora indicada, parquea su carro a la orilla de la carretera, se baja con mucho sigilo, se sienta sobre unos ladrillos de concreto y espera.
Después de unos minutos y bajo el manto de la noche, una motocicleta se acerca; un joven corpulento y de gran parecido se dirige a al invitado, desenfunda un revolver y apunta al Doctor Peraza; este, con mucho cuidado se acerca, le entrega el dinero; trata de averiguar quién es, pero en medio de aquella oscuridad no lo reconoce, lleva un gorro pasa montañas color negro, difícil reconocerlo y sin pronunciar ninguna palabra emprende su huida; en ese instante don Hipólito saca una cuarenta y cinco y dispara ocho veces el joven, quien  cae de la motocicleta abatido por los certeros disparo.
Inmediatamente se sube a su antiguo escarabajo y se marcha a su casa.
En un ambiente de mucha cordialidad su esposa lo espera aún despierta, junto a sus hijos, en la sala de aquella lujosa mansión.
El señor Peraza llega donde lo esperan con toda la alegría del mundo, se quita el elegante traje color negro, lo coloca en el perchero, sacude sus lentes y cuando ya se encuentra un poco más calmado de aquella terrible travesía, pide una taza de café.
La noche ha cubierto como recio aguacero de negrura todo aquel ambiente, su hijo más pequeño le pinta en la frente unas rueditas con un plumón de tinta verde.
-¡Papá, juguemos!
-Otro ratito hijo, le contesta muy sereno.
-¿Pasa algo mi amor?
-No…No…nada, todo bien.
Todo esto parece acontecer como parte normal de una realidad de incertidumbre que se vive día a día en la ciudad.
Después de meditar, platicar y compartir pormenores sin importancia, ha llegado la hora del esperado descanso, mandan a su recámara a los niños y se quedan durmiendo en el sillón de la sala, un sillón muy grande estilo Luis XVI.
A las cuatro de la mañana del día siguiente, el señor Peraza prepara sus cosas de trabajo.
Antes se da una ducha, le sirven el desayuno y enciende la televisión para ver el noticiero matutino, el noticiero de las seis.
ULTIMA HORA, se lee en primer plano en forma intermitente,  aumenta la percepción de sus sentidos y lee más adelante:
“CONTINÚA LA OLA DELINCUENCIAL”
“UN ABOGADO QUE LABORABA EN LA FISCALIA GENERAL DE LA REPÚBLICA ES ABATIDO A BALAZOS COBARDEMENTE A LAS NUEVE DE LA NOCHE, CUANDO SE DIRIGÍA EN SU MOTOCICLETA HACIA SU CASA, SUPUESTAMENTE DESPUÉS DE REALIZAR ALGUNAS DILIGENCIAS JUDICIALES, JUNTO A SU CADAVER SE ENCONTRABAN UN MALETÍN Y UNA BOLSA DE CUERO COLOR CAFÉ, SE DESCARTA EL ROBO YA QUE SUS PERTENENCIAS LAS TENÍA EN SU PODER”
La noticia seguía expandiéndose por los medios como pólvora.
Y continuaba:
“SE TRATA DEL ABOGADO MARCOS PERAZA, HIJO DEL PROMINENTE JURISTA, EL DOCTOR HIPÓLITO PERAZA, LAS AUTORIDADES HAN INICIADO LAS INVESTIGACIONES PARA DAR CON EL PARADERO DEL HECHOR O HECHORES”
Nuevamente, aquel hombre, acostumbrado a ver entrar y salir reos de los penales, realizando los más difíciles procesos judiciales se ve atrapado en una extraña jugada que le ha tendido  el destino, una situación incontenible y sin salida.
¡Mi hijo! Exclama, sin que nadie se dé cuenta de su pena con un fatídico desconcierto.
En los periódicos aparecen esquelas mortuorias, alusivas al profesional del Derecho con las más sentidas y profundas condolencias.
En todas partes se respira una sensación de dolor y miedo.
Los días se van desesperados después de aquel incidente,
-El Licenciado Marcos Peraza, fue asesinado
Murmura una mujer que está esperando el bus.
-¡Pobrecito!, y no hay testigos.
Comenta otra que está a su lado.
Él las mira con disimulo, saca un cigarrillo, lo enciende y emprende su viaje a su despacho.
Su secretaria lo recibe con un profundo pesar.
-Mi más sentido pésame Doctor.
-Gracias. Le contesta un poco distraído.
-¿Le puedo ayudar en algo?
Le pregunta ella.
-NO…no… todo bien
Responde inmediatamente, como sólo él lo podía hacer.
-Ya están los documentos.
.Excelente, ya los firmo.
Una llamada lo despierta de su realidad.
-Aló.
-Hola mi amor.
Toma unos folders y se dirige a su secretaria.
-Ya regreso, tengo una nueva diligencia.
Aborda su inseparable amigo, su escarabajo de los años setenta, sintoniza la radio y escucha al locutor de turno:
“ATRAPAN A LOS ASESINOS DEL LICENCIADO MARCOS PERAZA, HAY SUFICIENTES PRUEBAS QUE LOS INCRIMINAN, LOS SUPUESTOS SICARIOS SON TRES MENORES DE EDAD ORIGINARIOS DEL CANTÓN LOS CEDROS”

Mientras escucha esa noticia, un aire de satisfacción le llena su rostro, sonríe, apaga la radio y escucha un CD con su canción favorita:

MÍRAME FIJAMENTE A LOS…

La distracción al volante por poco le hace perder el control.

CULPABLE SOY YOOOOOO
CULPABLE SOY YOOOOOO
Por momentos un terrible ahogamiento le oprime su pecho.
La vida en la ciudad continúa.
El Doctor Hipólito Peraza es un prominente jurista Constitucionalista de la República como pocos.
Este año lo elegimos con mucho orgullo
“ABOGADO DEL AÑO”

Así reza un anuncio donde  le otorgan el premio, por una Sociedad de Abogados, por los notables avances en materia penal y por sus aportes al sistema judicial.
El crepúsculo canta a lo lejos con su claro fulgor de luna, mientras su familia lo espera, después de realizar cansadas y difíciles diligencias.
Las sirenas de una ambulancia y de un carro de la policía patrullan las calles de la cuidad, en su recorrido dejan las huellas de un sensible zumbido por  las paredes de la angustia.
Las campanas de la iglesia del pueblo llaman a misa.
La leve brisa de la soledad despierta a la madrugada.
Su viejo escarabajo de los años setenta, continúa recorriendo aquellas calles de la capital.
El Doctor Peraza sigue impartiendo justicia porque para eso lo ha preparado el sistema.
Su ascenso en la carrera judicial no se detiene,  cada año es objeto de grandes condecoraciones y viajes al exterior para aprovechar su talento como un hombre de leyes.
Los faroles de las calles parecen pispilear de reojo mientras los vendedores recorren las calles ofreciendo sus mejores mercancías a sus clientes,
Un caso más de justicia ha sido resuelto por los jueces, un homicidio ha sido ha sido solucionado con gran esmero..
— ¿Una tacita de café Doctor?
Otro momento Kimberly, ahorita vuelvo…
Una nueva diligencia le espera.
Su mujer le llama pero…..
su tiempo está agendado con mucha precisión.

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