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Blanca Raquel de Alvarenga, integrante de ACMA, afirma que la nutrición de su familia ha mejorado con legumbres cultivadas desde la agroecologia. Foto Diario Co Latino/cortesía UNES

Huertos agroecológicos restauradores de ecosistemas

Gloria Silvia Orellana
@DiarioCoLatino

Miriam Sosa muestra su huerto familiar, mientras explica el proceso de preparar la tierra, lejos del concepto tradicional que utiliza agroquímicos. En las eras de su pequeño terreno sembró semillas criollas y las cubrió con “bocashi” (abono orgánico) libre de químicos altamente tóxicos de la producción de legumbres y frutos. “El bocashi conservará la humedad, se la pusimos a la tierra y la revolvimos muy bien para que no reseque rápido y vamos a restaurar los suelos y el ecosistema”, explicó Sosa.

Miriam, junto a otras mujeres, hombres y jóvenes, del caserío El Porvenir , municipio de San Francisco Menéndez, Ahuachapán, pertenece a la Asociación Intercomunitaria para el Desarrolla y la Gestión Sustentable de la Microcuenca EL Aguacate (ACMA), que desarrollan el proyecto “Potenciando procesos productivos sostenibles y resilientes para la seguridad y soberanía alimentaria“, con apoyo de la Unión Europea (UE), UNES y OIKOS.

Andrea Padilla, especialista en género e integrante de la UNES, afirmó que el proyecto cuenta con diferentes componentes, entre ellos está el establecimiento de iniciativas productivas que concretamente se realiza a través de huertos agroecológicos.

El proyecto conteien el componente de restauración de ecosistemas, que precisamente las comunidades que se encuentran en la zona costera, están apostándoles a restaurar el bosque salado o manglares de la zona media y ribera de la cuenca.

“Todo esto va acompañado de diferentes procesos de formación. En su primer año, las mujeres de las comunidades se capacitaron en el manejo de sus huertos familiares. Como manipular diferentes plagas de manera agroecológica, para no contaminar la tierra, ni sus alimentos. Y podemos decir, que durante este primer año han podido garantizar la alimentación en sus hogares y eso es muy bueno”, consideró.

La agroecología se constituye en una herramienta fundamental para el cuido de los bienes naturales. Su concepto, reiterado por las organizaciones ecológicas, que describen como una “actividad integral que salvaguarda los recursos naturales y la biodiversidad”, que le da ese carácter restaurador de los ecosistemas y entornos de las comunidades.

“En la etapa que nos encontramos ahora, que es una -Feria de Alimentación Saludable-, aquí en caserío El Porvenir (San Francisco Menéndez), en su segunda etapa, que tiene como fin visibilizar a las compañeras para que puedan comercializar su producción”, agregó.

“Muchas de las mujeres que están aquí vienen en un segundo año de participación del proyecto y tienen en manejan alrededor de 12 especies cultivadas en su huerto casero, ahora, el siguiente paso es como generamos espacios para que ellas puedan comercializar sus productos ”, manifestó Padilla.

Del proyecto, la UNES destacó la importancia de una “alimentación saludable”, que incluye productos orgánicos producidos localmente y reduciendo el consumo de comida chatarra en las familias. Y la “visibilización de las mujeres productoras de alimentos orgánicos”, sumado al trabajo en la conservación y restauración de los ecosistemas, principalmente los manglares.

Las “ferias locales o comunitarias”, es una opción para la comercialización, por su versatilidad al posibilitr otras dinámicas como: el comercio justo, reducción de distancias y costes de transportación para las compras. Y es una oportunidad más amplia al papel a las mujeres productoras, cuando pueden vender sus excedentes de producción.

La Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) consideró también que estas ferias locales o comunitarias, donde se comercializarán hortalizas producidas por las mujeres desde sus huertos caseros y productos derivados de la pesca en el manglar, extraídos por familias pertenecientes a la ACMA, promoverán el consumo local y saludable. En la feria se prepararon platillos elaborados con estos diferentes productos.

En cuanto a salvaguardar los recursos naturales y la biodiversidad, a través de la agroecología, se suma también la promoción, la adaptación y la mitigación frente al cambio climático. Y que también, puede contribuir a mejorar la resiliencia desde la “agricultura de supervivencia”, en especial en comunidades que residen en zonas de alta vulnerabilidad por eventos climáticos y situaciones de inseguridad alimentaria.

“Ahora soy una agricultora y emprendedora”, expresó, Blanca Raquel Mendoza de Alvarenga, al comentar que hacomenzado con su huerto casero, junto a su familia.

“Aquí estamos todos involucrados desde el más chiquito al más grande, todos trabajamos en conjunto para producir hortalizas orgánicas. Estamos cultivando tomates, chiles dulces, repollo, cebolla, cebollines, chipilín, mora, yuca, pepino, pipianes, y tenemos una milpa que ya viene la cosecha de los elotes. También tengo en mi parcela sembrada plantas aromáticas como el romero. Y también, nos dedicamos a veces a pescar para comer un pescado fresco o solamente vamos por diversión al mar”, señaló.

Para Blanca Raquel, es muy importante compartir su experiencia y motivar a otras mujeres de otras comunidades a emprender esta modalidad agroecológica, como una alternativa para mejorar la nutrición en las dietas familiares y obtener ingresos económicos. “Yo animo a otras mujeres y les motivo a iniciar como mujeres emprendedoras, así como las que están empezando a que permanezcan aprendiendo. Nosotras que ya estamos un poco más adentro de este proceso, les digo que si quieren hacer algo bueno entren al proyecto, si quieren emprender que los huertos caseros si funcionan”, agregó.

“Porque nosotras sabemos que estamos sembrando y sabemos al final de la cosecha vamos a obtener algo que nos va a beneficiar como alimento sano, porque no lleva químicos porque nosotros preparamos nuestros propios plaguicidas, preparamos la tierra. Y cuando comemos sabemos que es sanamente y no nos hará daño”, sugirió de Alvarenga.

Y si bien, estos huertos familiares, utilizan el Bokashi, que es un abono orgánico sólido, producto de un proceso de fermentación que acelera la degradación de la materia orgánica y que por su composición no atrae insectos indeseable a los cultivos, también demandan de semillas no transgénicas.

Oscar Valladares, técnico de la UNES, a cargo de un “Banco de Semillas”, reafirmó que buscan asegurar la “disponibilidad” de semillas locales y de calidad para los huertos caseros.

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