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lunes , 23 octubre 2017
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El Consenso como lenguaje de convivencia: la gran lección de Adolfo Suárez González

Víctor Corcoba Herrero*

El mundo necesita hombres de Estado como lo fue en su momento el conciliador presidente del Gobierno español Adolfo Suárez, search here siempre dispuesto al diálogo para promover el bienestar social de todos. En aquellos años jóvenes en los que uno comenzaba a escribir en diversos medios de comunicación, no siempre fui comprendido al ensalzar la figura de este hombre de amplios horizontes y de consenso. Estaba convencido de que sería una persona irrepetible. Confieso que me tenía ganado el corazón, aunque jamás me afilié a partido alguno. Mi pasión por escribir fue tan profunda que opté siempre por esta vía de libertad. En cualquier caso, servidor ya tenía claro, porque el hambre por el Estado de Derecho me había hecho fuerte, que la democracia era una necesidad prioritaria para todos los pueblos, en la medida que nos suministraba una protección y un ejercicio efectivo de los derechos humanos, por los que siempre había soñado.

Indudablemente, los hombres de Estado como Adolfo Suárez, saben que la democracia no se puede exportar, ni tampoco imponer, es una forma de vida, una actitud de servicio, que se tiene o no se tiene. El mérito radica en que él supo gobernar para el pueblo, no para los suyos, que tampoco le entendieron en ocasiones, procuraba comprender y escuchar a todos especialmente a los más débiles. Su historia está ahí, y no seré yo quien la juzgue, pero entendió que los pueblos no desean un gobierno autoritario y apostó sin reservas por un diálogo inclusivo en un país diverso. Su valentía por acoger esta pluralidad fue enriquecedora. Sin duda, los esfuerzos por ese espíritu democrático, de gobernanza consensuada, han merecido la pena, y hemos de estarle por siempre agradecidos. En este sentido, hubo un tiempo que los gobiernos de todo el mundo miraban a España con cierta admiración, por esa transición ejemplar llevada a cabo por este irrepetible líder político, que con su transparencia y actitud de servicio fortaleció el imperio del derecho y el respeto de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente reconocidas.

Pasar de una dictadura a la democracia sin derramamiento de sangre, a mi juicio, se debió principalmente a esa capacidad persuasiva del consenso. Adolfo Suárez supo pilotar como nadie el timón del Estado de Derecho, y gracias a su talento e incondicional capacidad de trabajo, consiguió con su conocido: “puedo prometer y prometo”, avanzar hacia una ciudadanía responsable y lograr, en aquel momento, que las formas democráticas de gobierno funcionasen debidamente. Fue el hombre de la Democracia en España; y no sólo en el sentido de un procedimiento frío, sino que permaneció más allá del término e hizo germinar el fruto de la aceptación de unos para con otros, convencido de los valores que inspiran los ordenamientos democráticos.

Suárez sabía que debía existir consenso en valores tan sublimes como el bien común, la dignidad de las personas y el respeto a los derechos humanos. Si en estos valores no existiese asentimiento resultaría imposible la estabilidad democrática. Y claro, que existieron. Por eso, su apuesta por edificar una cultura democrática despertó un entusiasmo, en parte injertada por su apasionamiento por la política de consenso. Al fin, todos queremos dejar oír nuestras voz. Participar. Y ciertamente, a todos nos incumbe por igual nuestro futuro común. Pero hay que asegurarlo con ese espíritu que tuvo Suárez de comprensión y razonamiento, sin radicalismos intransigentes, que nos impidan convivir. (Primera entrega)

*Escritor corcoba@telefonica.net

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