Saúl Méndez
Colaborador <
El pasado 12 de mayo, el Centro Cultural de España (CCE) inauguró la exposición «Salarrué. El viaje eterno», una muestra que explora la obra pictórica y el pensamiento artístico de Salvador Salazar Arrué, escritor y artista plástico salvadoreño nacido el 22 de octubre de 1899 y fallecido el 27 de noviembre de 1975.
Organizada por el CCE y el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), la muestra cuenta con la curaduría de Antonio Romero y textos de Carlos Henríquez Consalvi, Miguel Huezo Mixco y Jorge Palomo.
La institución también destacó que la inauguración fue accesible para personas sordas, mediante interpretación en Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA).
«Salarrué. El viaje eterno nos acerca a la singular concepción de la vida y del ser humano de Salarrué a través de 14 pinturas al óleo, tres copias de aguafuerte de placas restauradas, 10 facsimilares de dibujos de su libro de cuentos y leyendas O-Yarkandal, fotografías familiares, objetos personales, documentos y artículos sobre pintura», detalló el CCE.
La mayoría de estas obras se exhiben por primera vez y forman parte del acervo artístico de Salarrué que resguarda el MUPI. Las piezas fueron sometidas a un proceso de conservación y restauración a cargo de Carlos Díaz, lo que permitió recuperar la intensidad de los colores, la estabilidad de los soportes y la nitidez de sus detalles originales.
«Además de las piezas de Salarrué, la exposición incluye la voz del artista en una entrevista que Sharon Cherry le realizó en 1973, así como el audiovisual LONRA, creado por la Asociación Cultural Azoro», explicó el CCE.
La exposición, que permanecerá abierta al público hasta el 26 de junio, propone una lectura sobre el lenguaje pictórico de Salarrué que, por un lado, se abre a múltiples interpretaciones y, por otro, se delimita por las claves proporcionadas por el propio autor, quien definió su obra desde su visión particular del ser humano y su relación con el entorno, según explicó la curaduría.
El recorrido de la muestra también presenta una línea temporal que inicia con su abuelo, un emigrante español casado con una salvadoreña, y destaca la influencia que tuvo como educador al sentar las bases de una familia ilustrada que Salvador Salazar Arrué llevó hasta sus últimas consecuencias.
Desde la perspectiva del curador, Antonio Romero, la obra de Salarrué se distancia de la representación naturalista y busca conectar al espectador con un universo más complejo y profundo: un mundo armónico con el cual vincularse y «hacerse uno con la vida».
«Salarrué no intenta dar explicaciones a través de su pintura; más bien busca ofrecer acceso a su particular manera de comprender el mundo y la vida como un todo, desde una ética que concibe al ser humano más allá de la carne: un ser capaz de evolucionar en un sentido espiritual y metafísico», sostuvo Romero.
«Sus personajes construyen atmósferas, trascienden el tiempo y nos insertan en una dimensión en la que el público “se hace uno”, al menos durante el breve instante de inmersión en el lenguaje visual, para, en palabras de Salarrué, “estar conmigo en el Paraíso” y ser ambos uno con la Vida. Por tanto, el arte moderno no es un intercambio ni una enseñanza, tampoco un simple recordatorio anecdótico. Es una maravillosa comunión», concluyó.
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