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El comandante Schafik Hándal junto a los combatientes de la FAL.

El 24 de marzo de 1980 surgen las fuerzas armadas de Liberación FAL

SIEP

La primera fase de vida de las Fuerzas Armadas de Liberación inicia en marzo de 1980 y se centró en garantizar los recursos materiales y humanos, en un ambiente en el que existían internamente bloqueos y reservas”.

La incorporación del Partido Comunista de El Salvador (PCS) a la lucha armada es una decisión que se toma en 1977, que se afianza dos años después en 1979 y que se oficializa el 24 de marzo de 1980 con la creación de las Fuerza Armadas de Liberación, FAL.

El viraje a la lucha armada… Domingo Santacruz

Domingo Santacruz, dirigente de la CP del PCS en entrevista con SIEP informa: “La dirección del PCS permaneció en San Salvador hasta diciembre de 1980. Luego la represión la obligó a salir. Solo nos quedamos de la CP Lucio y yo. Y luego a Lucio lo capturan y lo mandan a Mariona y me quedo solo. Claro, tenía la ventaja de haber vivido clandestino desde 1970, por diez años, y el enemigo no me identificaba. Esto me permitió vivir toda la guerra aquí en San Salvador, entraba y salía, subía al cerro de Guazapa, pero regresaba (…) Salí a finales del 81 pero volví a regresar pronto”.

Agrega: “Claro, tenía un equipo, conducía un equipo de dirección intermedia fogueado, que funcionó durante toda la guerra y garantizó nuestro trabajo en el Área metropolitana. Hablo de Rolando, Fidel, Tito y nos mataron a Manuel Cantarito y a Arturo El Bello”.

Menciona: “Hubo que dar una lucha enérgica para garantizar el viraje a la lucha armada acordado por el VII Congreso de abril de 1979, porque habían serias resistencias internas a diversos niveles. En 1980 enviamos a Cuba el primer destacamento para formarse como oficiales de las FAL. La única mujer era Yuri, que hoy vive en Canadá. Eso fue a principios de 1980. Esos fueron meses intensos para organizar el aparato militar. La CP envió una directriz a las células para que se definiera que compañeros iban a integrarse a las FAL”.

Reconoce que: “Hubo resistencia. Algunos compañeros alegaban que era una medida contraproducente, aventurera, porque se iba a “arrancar las raíces” de todo lo acumulado en el movimiento sindical y popular. “Lo que tanto nos había costado se va a destruir”, argumentaban estos militantes. La respuesta de la CP fue categórica: lo toman o lo dejan, se alinean o quedan fuera. Y explicaba la CP que: “Esas raíces” estaban chocando con un muro que había que derribar. O se integraban al esfuerzo armado o quedaban fuera. Al final no se les sacó, sino que se aislaron ellos mismos”.

“Por otra parte, – señala- esta el caso de Petrarca, que a mediados de febrero de 1980 con un grupo de pobladores de San Pedro Nonualco se insurreccionó y se fueron para el Volcán Chinchontepec, al cantón las Ánimas y luego a cerros de San Pedro (…)”.

Señala que “la CP ordenó: todos a la guerra (…) Y los que no dieron el paso, al final no quedaron fuera sino que se conformaron con seguir en el movimiento sindical tradicional (…) Como dirección lo que hicimos fue aplicar la orientación del VII Congreso. Tuvimos acusaciones de estos sectores que nos calificaron como víctimas del aventurerismo revolucionario. En realidad, ellos no supieron estar a la altura de los acontecimientos (…)”,

“La CP argumentó –continúa Eduardo- que el movimiento sindical había dado la espalda a la lucha política electoral y a la construcción de un amplio ejército político de masas y que no era cierto que el trabajo sindical era la única manera de acumular fuerzas. Habían otras formas como lo demostraba la experiencia de otras fuerzas de izquierda”.

Comandante René Armando.

Añade que “tampoco era cierto lo contrario, que abandonando el movimiento sindical y formando grupos guerrilleros iba a acumularse. El ejemplo eran las FPL que después de su surgimiento en 1970 no lograron inmediatamente el seguimiento de grandes masas, ni desarrollarse como fuerza guerrillera. Del 70 al 79 lo que construyeron fue un ejército político de masas. Y para esto tuvieron que dar un viraje a su concepción inicial”.

Considera que “las fuerzas político-militares durante los años setenta no se desarrollaron ni fueron alternativa real pero si demostraron que fueron capaces de dar el viraje hacia la construcción de un poderoso ejercito político de masas que luego se expreso en el BPR, el FAPU, las LP-28, el MLP y cristalizó en la CRM”.

Piensa que “en nuestro caso, fue al contrario, el viraje lo tuvimos que dar hacia la lucha armada, después de agotar el periodo de la construcción del Ejercito Político de Masas, que lo logramos con la lucha Electoral y Sindical, que fueron las dos vertientes principales de donde se alimentó el PCS”.

Manifiesta que: “Debe de reconocerse asimismo el agotamiento del movimiento sindical de carácter tradicional que influíamos, y el surgimiento en este terreno de otras concepciones que vinieron a dinamizar y lograron avances significativos en su propuesta de lucha contra la dictadura como fue el caso de ANDES 21 de Junio, la FSR, AGEUS en la experiencia de las FPL y FENASTRAS en el caso de la RN”.

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