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Crónicas de un Gitano en el CENTRO

Waldemar Romero ,

Escritor

El caminante encuentra su propio destino en las calles, avenidas, las aceras, en toda la periferia. El centro de San Salvador desde su génesis ve desfilar infinidad de personajes, desde los más formales y cristianos, hasta los patológicos en cualquier área o local de algún edificio antiguo del casco urbano. El desplazamiento social de los últimos meses dimensiona una serie de contradicciones sociales y económicas.  Caminar por caminar, conocer por conocer, hablar por hablar,  bajo cualquier contexto, en situaciones extremas  salvar la memoria histórica de algún lugar. Desde que los cambios llegaron al centro se da una diversidad de opiniones, existe una gran diferencia entre encontrarse con una cinta amarilla que delimita un crimen a encontrarse una peatonal recuperada y reconstruida. Hay mucho que observar dentro de esos procesos.

La señora que vende papel higiénico y pasta Colgate transmuta su venta para vender la fruta de la época, y tienen cinco hijos repartidos en el Centro para cubrir la venta del día, y su marido es una vendedora de frescos naturales que se desplaza por la Rubén Darío, quien para mitigar el hambre compra almuerzos de un dólar porque es más cómodo.

Sí, es difícil, dirán al ser un observador más de los movimientos del Centro. Encontrarse con armas a pleno día, los Mareros esperando en distintos puntos, vigilando las paradas de buses, los locales de DVD piratas de la pandilla contraria. El sentido más estructurado y progresivo de territorialidad que pueden imaginar y presumir.

¿Hay Ranas?, es una pregunta habitual en las tantas calles, y que te percatas que se refieren a Militares, entre tantos códigos urbanos que utilizan.

Hallar una fiesta de quince años con la euforia de un carnaval por toda una calle, vestidos rosa por todos lados; y a un costado el Cine izalco, donde se exhibe porno y es de los más antiguos del Centro para disfrutar de imágenes, que para muchos turistas resulta surrealista, para las caravanas de europeos y suramericanos que hoy es común ver, cuando hace cuatro años atrás era difícil ver caminar a algún extranjero fuera de la cripta de monseñor Romero.

Ahora la gente ansía conocer la Décima calle poniente, bajar hasta el Zurita; ir al mercado Ex cuartel, observar las cafeterías de alta clase que se han establecido a lo largo de este año. ¿Por qué cafeterías y no otra clase de negocio?, que tanto tiempo se establecieron en un principio como el café Bella Nápoles (de larga historia y procesos sociales), pero la situación económica provocó el apocalipsis de esta emblemática cafetería. Se debe tener aprecio por las distintas imágenes surrealistas como la militarización en el sentido más profundo de territorialidad. Los borrachos del San José que no paran de cantar y perseguirte, el billar la Dalia con siete décadas de existir dentro de esta espiral del tiempo, donde encontrarnos abrazando una vendedora de la Primera avenida norte, un pandillero de la MS, una bruja de alrededores del calvario, un travesti desplazado por la revitalización, la revitalizaron del centro histórico o desplazamiento del centro histórico, con todos sus demonios y todos sus ángeles en plena transmutación en toda este espiral del tiempo y la locura, la diversidad sexual en su esplendor como un verdadero mecanismo de boom social, todo esto es lo normal. Solo transitamos por las calles plagadas de gatos, los edificios hablan y gritan la soledad de los amaneceres de locales con ropa usada. El reggeton a la orden del día, insultar un microbusero de la 42B con su amante una antropóloga de la Sorbona en el asiento de las nenas único y perecedero con los tiempos de los microbuseros y travestis en los anales del tiempo y las glorias del centro histórico.

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