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Canción de lucha en la protesta cotidiana en la poesía de César Lazo

Canción de lucha en la protesta cotidiana en la poesía de César Lazo

Presentar a un poeta grande como su palabra pareciera fácil, tadalafil más no es así, se necesita acercarse al canto de un hermano originario de la Sabana, Honduras (1954, y a quien por eso de las azares conociera en El Salvador, en el 2010, cuando nos embarcamos, junto al poeta venezolano Fredy Ramón Pacheco, a realizar un Encuentro de Escritores como miembros número uno de la asociación Poetas del Mundo. La idea era pronunciarnos en contra del giro drástico y beligerante tiempo en que se baña nuestra patria. En esa fecha, César Lazo extendió su brazo solidario y aceptó la invitación en donde se dio cita poetas como patricia Chig, Manuel Luna, Marina de la Cueva (QEPD), Wilfredo Mármol, Rafael Mendoza El viejo… El evento permitió hacer lecturas simultáneas en escuelas, bibliotecas y universidades. César, quien irradia un aura de humildad, pero cuya voz no conoce de fronteras, dio muestra de su canto y fue ovacionado en cada lugar donde leyó su trabajo. Tres años después nos vimos en el Primer Festival Poético realizado en Huehuetenango, Guatemala. De nuevo volví a leer poemas con él, comprobando que Lazo abre su corazón en cada verso para emerger con su voz desde las sombras, gritar al mundo su dolor, la esperanza por una patria nueva con destellos de luz con equidad proporcional a las necesidades de su pueblo. César Lazo nos entrega una voz depurada envuelta en un corazón lleno de zozobra, pero altivo, rebelde e iconoclasta, versos de amor… Hoy daremos una muestra de su bregar poético a través del Suplemento Cultural 3000 de Diario Co Latino.

Luis Antonio Chávez
Escritor y periodista

Recordando a un padre que murió protestando contra el Golpe de Estado

cuando papá se marchó se llevó
un pedazo de nuestras vidas;
se fue de repente, sin decir adiós;
sólo nos dejó un retrato, un futuro cierto
y un ejemplo sembrado en el corazón.

La casa no es la misma y en su silla
se sienta la tristeza.
Mi madre lo recuerda y solloza
en la penumbra de su existencia.

Yo pienso
que todavía cabalgo
sobre las espaldas de un gigante.

Impunidad

otro día con el olor a muerte
la calle sitiada
en la huida el miedo
con el corazón en la boca
grito que desgarra
el pecho de una madre
inhalación en el vapor de la mentira
desplegada en el escrito que hiere
la impunidad hace de las suyas
mientras tanto
los labios inocentes se tragan el silencio

Canción de un pepenador del basurero municipal
A los pepenadores de todos los países

puedo morir cualquier día
no importa el lugar si es día soleado
o mi cuerpo reposa debajo de un aguacero
sin mirar el cielo
estrella y luna
o acariciar la flor que agoniza junto al día
en medio de la nada
puedo morir entre la basura
que importa
si me mata la polución o el asma
en el olor de la asfixia el espasmo bronquial
la nariz en el gas metano
la bacteria en la mosca
el dolor es un niño hurgando los desechos
dolor en el dolor
no lastima
ni mil virus en mis ojos
que no contienen paja
ni misiles
que causan llanto
la mujer y el hombre no son nada
la muerte anda paseando en este espacio
cada día se ahoga en una lágrima
fuego y lodo
nauseabundo
en el abrazo
pepenadores de sufriente oficio
ríen olvidados en el sometimiento
me pregunto si será un castigo
en este espacio una cárcel
y sus barrotes de humo
donde la tristeza no se arraiga
ni el corazón palpita en el instinto
se prohíbe el llanto
y se arrodillan
hombre y mujer
en la omnipotencia de otro
ahora lo saben
el agua y la comida
en la alucinación de una quimera
placenta que se disputan zopilotes y canes
en este lugar la palabra no tiene casa
no hay poesía los versos son blasfemia
nos hacen vomitar
por eso los poetas se vuelven maldición
un poema
no es un arma
que asusta
a los corruptos
pandilleros
no educa a nadie
ese olor día y noche
a gas metano
por eso puedo morirme cualquier día
sin que le importe a nadie

El recuerdo es la última puerta
A Nelda Graciela Soto Puerto

escucho  tu risa desde la última tarde
en el lugar exacto
donde se esconden los espejos
el deseo picotea las palpitaciones vegetales
de tus muslos
mientras la risa del viento
se filtra por la única ventana
en el fondo abisal de la ternura

tu ausencia
me ahoga en esta casa
en el dolor
una marejada se duerme eternamente
coral y pez superpuestos
en la noche de una gaviota prendida
en la retina del horizonte
ojo y llanto atrapado en la memoria
un rumor de mar
abandona las huellas

en un lecho de fuego
dos cuerpos
que se abrazan
en un campo de trigo que se quema
la hiedra se marchita en el olvido
para unir tanto amor
en un instante
se cerró el ojo del tiempo
que nos mira desde el otro lado
cíclope que transfigura la memoria
sonando el cuerno que horada el cielo
escucho el último latido
el aleteo de tu risa
que se escapó y se fue
de casa en casa
azuzando golondrinas

cómo olvidar tu risa
si es el eco de la tierra
escondido en la memoria del abismo
está en mis oídos
como el rumor
cuando bailan los relojes
que remueven los párpados del silencio
y alborotan las palomas en los techos

qué fácil fue perderte
que difícil es ir con el dolor
buscando a tientas la última puerta
con la nostalgia de un hombre
que mudo de piel
cuando le quitaron la lluvia
de tu sueño.

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