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El jugador Luis Suárez de Barcelona, festeja su anotación, durante el partido de la Liga Española ante Real Madrid. Foto Diario Co LatinoXinhua/Italy Photo Press/ZUMAPRESS

¡Bravo por el Barça!

Santiago Leiva
@DiarioCoLatino

Alrededor de una pelota, sales un Camp Nou colorido y lleno hasta las banderas atestiguó ayer un certamen de arte en estado puro. Pincel y brocha en mano, viagra Barcelona y Real Madrid dibujaron cuadros para museo.

Quizá sea la estampa Luis Suárez celebrando la que venda hoy en los diarios, pero nadie pasará por alto la foto de Claudio Bravo en vuelo para sacar un balón en el último tramo.

El Real Madrid pintó con pincel y claridad sus primeros lienzos, pero acabó sus últimos cuadros con brocha, confusos, a lo Picasso.

Allí ganó el Barcelona, un equipo que renunció esta vez a la pelota, pero a quien le alcanzó un par de trazos para concluir su obra: un 2-1 que, aunque se ve pálido, le deja la liga servida en paleta de pintar.

Desde la puesta en escena hubo claridad de intenciones. Real Madrid priorizó la posesión del balón mientras el Barca, lejos de su estilo, no pudo impedir que los blancos conquistaran y colonizaran el medio terreno.

Así, con el triunfo en mente y el balón por bandera, fue Real Madrid quien dibujó la primera acción: un centro medido de Karím Benzema que llegó a los botines de Cristiano Ronaldo, pero que solo alcanzó para lijar el horizontal. El fallo acabó por ser un pecado, porque el Barça se cobró con creces la ofensa.

De la nada, los catalanes se inventaron un gol. Claro, mucho tuvo que ver el movimiento torpe de Pepe para regalar una falta innecesaria. El portugués derribó a Suárez y llegó Messi con un trazo para que Jéremy  Mathieu le diera el acabado final. Gol de cabeza del francés ante un Sergio Ramos despistado.

Pese al gol, los catalanes seguían bajo el yugo merengue y pudieron independizarse antes, pero Neymar, de forma inexplicable, salpicó su mala noche con un tanto cantado. No pudo el brasileño acariciar un balón que le quedó servido y que pudo finiquitar el duelo antes de la media hora.

El yerro tuvo consecuencias porque, acto seguido, Lukas Modric depositó el balón en Benzema y este, con más recursos que un banquero, sirvió de tacón para un Cristiano Ronaldo práctico y con protocolo solo para celebrar. El luso punteó la pelota y dejó a Bravo sin chance.

A partir de ahí, el simposio fue blanco. Toni Kroos y Modric en el centro de la cancha coloreaban con pincel, mientras la brocha de los catalanes se enduraba por desgastes. El 4-3-3 de Luis Enrique quedó si colores ante el 4-4-2 de Carletto Ancelotti.

El dominio merengue, sin embargo, no se tradujo en goles y la culpa fue de Bravo por sacarle un misil a CR7 y a Gareth Bale, que se puso los tacos al revés.

Salvó el pito de Mateu Lahoz a un Barcelona que urgía de descanso y que, al cabo de los 90 minutos, también rezó porque acabara el partido.

Al regreso, el ímpetu merengue siguió intacto. Una gran jugada de la dupla Cristiano-Benzema bajó el azúcar de la hinchada catalana, pero todo acabó en susto y no hubo que usar insulina gracias a una nueva tapada de Bravo.

El color se puso sepia para el Real Madrid cuando el cronómetro cruzó el minuto 56. Dani Alves castigó la pelota con un trazo largo y Luis Suárez corrió como “conejo” para disparar y poner el 2-1. Iker Casillas, que salió a achicar, se vio como portero de parvularia ante un remate manso, pero cruzado.

En adelante, el Real Madrid rompió con su esquema, presionó y ahogó la salida del Barça, pero dejó fisura y jugó al filo de la navaja debido a la cartulina amarilla. Eso aprovecharon los discípulos de Luis Enrique para jugar a la contra y justificar la victoria. Y es que, si bien los blancos marcaron la posesión, era el equipo culé quien generaba las mejores opciones con Neymar y Messi en avanzada.

De ahí que, en el acto de cierre, el 2-1 pudo convertirse en 3-1, 4-1 y hasta 5-1, pero falló Neymar, Messi en sus intentos y hasta Jordi Alba que redujo a Gareth Bale en simple adorno de mesa.

Al final, aunque el fútbol del Real Madrid pintó paisajes a ratos, no alcanzó para superar a un Barcelona que apostó por lo práctico y los trazos sencillos, que acabó pidiendo la hora, pero que se quedó con tres puntos y una felicidad que dará para largo rato.

Así se cerró un clásico más dulce para unos y amargo para otros.

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