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Alianza Honduras, Nicaragua, El Salvador y Gaceta de Costa Rica

Caralvá

Intimissimun

Gaceta del Salvador en la República de Centro-América

San Salvador abril 19 de 1850

(fragmento)

La Gaceta de Costa Rica

Sensible y escandaloso es por demás que, en plena paz, pueblos hermanos se dirijan dicterios que pudieran agriar los ánimos y conducir a desagradables resultados. – Y crece de punto el sentimiento y escándalo de semejante conducta, cuando se considera que el periódico oficial, órgano de un gobierno ilustrado, sirve de instrumento de injustificables desahogos.  – Los redactores de la Gaceta de Costa Rica nos han arrojado un  guante; nosotros lo recogemos más no para devolver el insulto por insulto; no para usar en represalia, del sarcasmo y  diatriba, sino para discutir  y dilucidar las cuestiones a cuyo examen se nos provoca. – Aun más diremos; si nuestros contendores no reforman su lenguaje; si olvidando la dignidad que debe caracterizar a publicaciones de esta especie continúan tratando trivialmente asuntos de la mas alta importancia; si no renuncian a esa amarga  y destemplada ironía que reina en sus escritos, desde luego les abandonaremos el campo, persuadidos de que en un periódico oficialse halla muy fuera de su lugar los artículos a lo Larra; máxime cuando falta al agudeza que distingue los escritos de aquél esclarecido ingenio, y abunda solo el prurito de zaherir y denostar.

Hasta el título de nuestro periódico ha sido blanco de una ácre censura.  Dicen que es una ¡¡¡ mentira !!!  –  ¿Sabéis señores redactores de la Gaceta de Costa Rica,  lo que es una mentira? Es el acto de engañar con una especie contraria a la verdad; ¿y a quién se pretendería engañar cuando se pudo al principio de nuestra publicación: “Gaceta del Estado del Salvador en la República de Centro-América?”  _ ¿Hay quien ignore que la tal República no existe? – Entonces, tal vez nos redargüireis, a qué hacer de ella mención cuando en realidad no existe? – Pero si tal interpelación nos dirigís será  por que no comprendéis ese entusiasmo del patriotismo que, echando de menos aquel orden de cosas que existió en un tiempo al cual esperamos que hemos de volver, nos hace enlazar el pasado con el¡ porvenir y cerrar los ojos sobre nuestro presente fraccionamiento para no ver en todos los pueblos de Centro-América más que un solo pueblo, y en todos sus hijos una misma familia. – Será un sueño si queréis, pero es el suelo de la buena fe y el patriotismo; y cuando suele la hora de nuestra reorganización (la cual quizá no esta distante) será nuestro mas bello timbre ese epígrafe que ahora calláis de mentira, eso que ahora os parece ridículo tal vez.  – Decir  que nada en nuestra “Gaceta” merece crédito, es una calumnia tan atroz, es una suposición tan arrojada como destituida de la más ligera prueba; es finalmente un ultraje tan inmotivado como  poco delicado, y no merece el honor de una refutación.

¿Con que Costa Rica progresa? – Desearíamos que así fuese; empero, nos sobran datos para no creer tal cosa. Para probar vuestra aserción nos hacéis una innecesaria enumeración d ellos adelantaos de aquel Estado. – Pero permítasenos deciros que no es progresar sino retroceder el  decorar el pomposo nombre de Liceo una miserable escuela que en nada  se diferencia de las más comunes; no es progresar sino retroceder el calificar de magníficos edificios unas sencillas habitaciones construidas por particulares; no progresa sino retrocede una nación que tiene  que ocultar sus apuros pecuniarios con una mentira pintura  del estado halagüeño de sus rentas; no es una prueba de progreso sino de retroceso el decantar artículos laudatorios pagados so mendigados en países extranjeros, como hacer tanto mérito de un convite aborde del Navío “Asia”

Mal puede decirse que prospera la hacienda de un Estado donde llega el caso de no percibir sus deberes los empleados, por término de cuatro (¿?) meses y más; donde circulan 25,000 en billetes nacionales; donde no se solventa una deuda enorme de empréstitos a particulares con un crecido interés; donde los empleados para subsistir se ven en la triste necesidad de aceptar soborno y todo esto y mas sucede en Costa Rica.

Nos preguntáis lo que entendemos por progreso, y a renglón seguido, contestándoos vosotros mismos hacéis mérito, para probar que Costa Rica prospera, de tal cual casa que edifica, & & y todo con tan pronunciadas exageraciones que se acerca mucho a la patraña. – Pero ¿sabéis vosotros mismos, os preguntamos a nuestro turno, lo que es el progreso?. – No vayáis a buscarle en los portentosos monumentos que los faraones levantaron con el sudor de pueblos esclavos, ni en el lujo casi fabuloso que la corte de la Puerta ostenta a expensas de la miseria de las clases inferiores, ni en el fausto de la República Veneciana víctima del poder invisible del tribunal de los diez. Buscadle si en los Estados Unidos del Norte asombrando al mundo con sus leyes, su industria, su marcha libre y   majestuosa y su constante tendencia a mejorar  la condición de sus hijos menos favorecidos; y en la Francia misma, aun en los principios de su primera revolución, cuando marchaba con los pies en el lodo y los brazos destilando sangre; cegada con la intensidad de la luz que alumbró más dulcemente al resto de la Europa. – Y si en lugar de ejemplos queréis definiciones, os diremos que progresar es adelantar hacia el fin al cual propenden mas o menos las naciones todas y  al cual llegarán tarde o temprano, y este fin es la perfección del hombre, el mejoramiento de la condición del género humano que algún día no reconocerá más poder que el de la ley, ni otros títulos de nobleza que el talento y las virtudes. – Puede decirse que se halla en progreso una nación cuando es verdaderamente libre, cuando por medio de leyes sabias y adecuadas se presta protección a la industria, cuando se han depurado las costumbres y hay patriotismo y rectitud en los que manejan la cosa pública donde nada de esto existe no hay progreso.

Gaceta del Salvador en la República de Centro-América

San Salvador abril 26 de 1850

Ventajas de la alianza

Toujours la dagne au poing,  toujours la rage au cœurt  (L. Delplanque )

La guerra monstruo voraz que se alimenta de lágrimas y sangre, vorágine que absorbe los recursos de las naciones que la soportan, es la mayor calamidad que se puede infligir a la especie humana. – Sin un conquistador en medio de esas pomposas victorias pudiera, a través del velo de la ilusión que lo fascina, abrazar de una mirada y en todos sus detalles el cúmulo de horrores que su ciega ambición produce; o no tendría sentimientos de hombre, o era preciso que, iluminada su razón con un destello de repentina luz, suspendiese su marcha victoriosa; y arrancando con un amano el laurel ensangrentado de sus sienes presentase la otra en signo de paz a sus enemigos vencidos. – Pero por una fatalidad maldita aquellos guerreros que la historia llama grandes midiendo por su crueldad su elevación, una vez lanzados en la vía de los combates cierran los oídos a la voz de la razón, de la humanidad y la justicia; y deslumbrados con el fugaz reflejo de eso que llamamos gloria, caen en una especie de vértigo, dejándose arrastrar de sus feroces pasiones. – Tentados no vemos a creer que el corazón del conquistador se halla defendido por una triple armadura que cierra el paso a todos sentimiento dulce y humano. – César lloró cuando le presentaron la cabeza de Pompeyo; Napoleón después de una gran batalla excitaba a uno de los cirujanos de su ejército a que probase los medios de salvar a un soldado herido mortalmente, pronunciando entre lágrimas estas sentidas palabras: “Probad doctor, si se salva será una víctima menos, siempre es algo”. Pero no nos admiremos de estos rasgos aislados de estéril sensibilidad; también las fieras nos dan algunas veces ejemplos de mansedumbre y blandura; pero no por eso le hemos de atribuir virtudes de que, como ellas, se halla despojado el conquistador. La sensibilidad es la base de todas las virtudes y mal puede suponer aquella en el buitre que vive de sangre, en el hombre despiadado que sacrifica a millares de sus semejantes, por dar pábulo a su insensato orgullo que impedía al Emperador de los franceses asentir a las justas reclamaciones de la Europa coligada, temiendo dar una idea desventajosa de su poder; y que puso en boca de Alejandro aquellas palabras llevas de vanidad, con las cuales contestó a las pacíficas proposiciones de Darío: “El mundo no puede sufrir dos soles, ni Asia dos Señores”.

Felizmente la ilustración del siglo repele ese espíritu de conquista que tantas veces ha conmovido la tierra trastornando de diversos modos su faz. Y sin embargo, doloroso es decirlo, en América, en el suelo de los libres no faltan genios inquietos y ambiciosos  que, después de burlar la confianza de sus compatriotas, extiendan sus miras opresivas a los Estados vecinos. – Ridículos imitadores de los guerreros de antaño, cuyos hechos feroces y violentas defraudaciones se han calificado hoy tan mal, de sublimes locuras y que entonces no inspiraban el debido horror por la absoluta ignorancia en que yacían los pueblos sepultados, y el total olvido de la dignidad del hombre y los derechos del hombre y los derechos del ciudadano;  se arrojan a mil actos de odiosa arbitrariedad para extender su dominación, sin considerar lo que va de tiempo a tiempo, de naciones a naciones; y sin advertir que abusando del poder preparan propia ruina.

Si, por que las tendencias al despotismo y el espíritu de conquista jamás tendrán un resultado feliz en América. A bastante costa han experimentado esta verdad en diferentes secciones de nuestro continente algunos de sus hijos extraviados; porque, o han sido víctima de su propia tentativa, o después de una lucha obstinada y fratricida, en que los empeñaba la patriótica resistencia de los pueblos, han descendió del alto puesto que escalaron cubiertos de ignominia y agobiados por el anatema universal. – Así es como pereció Iturbide en México, así es como cayeron Santa Cruz en el Perú y Flores en el Ecuador, y entre nosotros mismos otros varios, y así es como caerá el autócrata de Guatemala y cuantos quieran imitarlo.

Raras son, en verdad en nuestra América esas guerras de Estado  a Estado por miras de conquista; empero son muy frecuentes en cambio, por desgracia, las contiendas interiores suscitadas por el espíritu de partido y el prurito de asaltar el primer puesto. – De aquí toman pie los partidarios de la monarquía para desacreditar nuestro sistema republicanos. – No hay duda que en una República, máxime cuando empieza a constituirse, es algo más fácil para un ambicioso hallar elementos de desorden que, desarrollados hábilmente, sirvan a sus inicuas miras. ¿Pero qué sistema de gobierno se halla exento de inconveniente? Si aún el mejor de todos adolece de ellos, eso prueba solamente que nada sale perfecto de manos del hombre; que su más bella obra  tiene siempre un lunar… o más bien dicho acaso, que del mejor instrumento puede hacerse el peor uso, puesto que el desorden no es inherente al sistema representativo, sino una consecuencia del mal uso que la libertad suele hacerse. Ahora, el abuso de una cosa, nada prueba contra la bondad de la cosa misma.

Muchas veces nos han dicho los monarquistas (resumiendo sus palabras) “abusáis de la libertad, luego la libertad es un mal” ¡Extraño raciocinio, que solo puede tener lugar en una cabeza trastornada por las pasiones, en un entendimiento viciado, en un sofista obcecado! Esta absurda conclusión contestada siempre victoriosamente, apenas merece ser combatida. – Partiendo de tan extravagante principio  sería  forzoso convenir en que anda bueno hay en nuestro planeta; porque ¿de qué no abusa el hombre? Según la lógica que emplean los adeptos de la tiranía, la religión de Jesús será nociva de detestable porque ha habido fanáticos que abusando de su santo nombre han ensangrentado la tierra; digno de nuestro anatema sería el sol, si alguno llegando a descubrir el secreto que murió con Arquímedes, emplease en una guerra injusta y desastrosa el terrible instrumento que inventó aquel genio eminente para incendiar la flota que llevó el terror a su patria… malo será en fin todo lo que puede desnaturalizar el hombre.

Dicen que nuestros pueblos no se hallan en estado de gobernarse republicanamente; que carecen todavía de ilustración y patriotismo… ¡Mentira! La prueba mas relevante del buen sentido de nuestros pueblos es su invencible horror a la tiranía, y sus valientes esfuerzos por recobrar su libertad cuando se intenta sojuzgarlos. –   Que los encargados de dirigirlos obren de buena fe, que lejos de poner diques a las luces favorezcan su difusión, que sean ellos los primeros en dar ejemplo de sumisión a las leyes, que no se abuse de la credulidad de las masas y nuestros ciudadanos serán lo que deben ser. – Los pueblos, ha dicho un sabio escritor, son lo que se quiere que ellos sean. – No faltarán entre nosotros atenienses que quieran escribir en la concha de ostra el nombre de sus Arístides; o romanos que doblen la rodilla para besar la mano del César que los oprima; pero esas vergonzosas excepciones de ingratitud en los unos y de servilismo en los otros, no arguye de ningún modo en contra de las virtudes cívicas y de la  idoneidad para ser gobernados republicanamente, que sin una buena dosis de mala fe no se podrían negar a la generalidad de nuestros compatriotas.

Pero volvamos a anudar el hilo de nuestro discurso, en el punto en que lo interrumpimos para combatir las perniciosas especies fraguadas por el servilismo. – Decíamos que en nuestros Estados han sido harto frecuentes las disensiones intestinas promovidas por la ambición de unos pocos y fomentadas por el espíritu de partido de otros muchos. –  Preciso es que tratemos de poner un dique al torrente de ese mal que carcome nuestras sociedades y amenaza destruirlas. – Palpables son los deplorables efectos del aislamiento en que por tanto años hemos vivido. – ¿Qué es lo que prometen de su egoísmo los partidarios del absurdo sistema que nos tiene divididos? ¿cuáles son los resultados que esperan? Después de lo que ya hemos visto, aumentar las probabilidades de guerras fratricidas con aquellos pueblos que llamados por tanto títulos a ser miembros de un cuerpo de nación respetable, no pueden mirar sin una especie de resentimiento la separación obrada por un capricho inconcebible.

¡Que endebles, que mezquinos aparecemos ante las demás naciones, constituidos como nos hallamos al presente! ¡ cuan expuestos a conmociones interiores, que pueden conducir a cada uno de los Estados al borde de un abismo! Y viceversa, ¡que hermoso espectáculo presentarían las acciones de la antigua Unión marchando de acuerdo y uniformes, presentándose apoyo mutuamente, y trabajando en mancomún por restablecer en el exterior el crédito que destruyó nuestra escisión! ¡cuan diversa fuera entonces la suerte de Centro-América!

Nuestra alianza con los Estados de Honduras y Nicaragua es un ensayo de cuyo pronto y feliz éxito con justo título nos envaneceremos, y que augura otro más glorioso, cuando una unión más estrecha todavía nos ligue a las demás secciones. – No bien levantó en Honduras el monstruo de la anarquía su deforme cabeza, cuando obrando sus saludables efectos el pacto de la triple alianza, le obligó a deponer su fiereza conjurándose así la nube de males que amagaba a aquel Estado hermano. – Este hecho, mas elocuente el solo que cien artificiosos argumentos, abona de una manera incontestable el sistema cuyo estandarte ha levantado El Salvador. –   Ojalá que convencidos al fin de su error los partidarios del sistema opuesto, den un día de gloria a la patria prestándose a la unión que reclama la tranquilidad presente de Centro-América y su futuro bienestar. – Estos son nuestros votos; y a pesar de los obstáculos con los enemigos de nuestra prosperidad se afanan por embarazar la marcha que han emprendido Nicaragua, Honduras y El Salvador, sabrán abrirse camino a través de las dificultades que se les presenten hasta tocar el fin al cual se dirigen bajo los mas felices auspicios. Y aun cuando la ciega fatalidad, o los conatos del partido opositor, triunfando de sus esfuerzos malograsen por acaso su patriótico y bien calculado plan, siempre les quedaría gloria de la iniciativa, y el consolador convencimiento de haber agotado sus fuerzas haciendo posible por levantar a Centro-América del fango en que los anarquistas la han sumido; en tanto que la facción retrógrada y desorganizadora, sin tener tiempo de gozarse en su obra de maldición, se vería arrebatada por el torrente que desbordaba ella misma.

Ver también

ALMARIO III

Compartir        LA VENTANA (OBRA INÉDITA, SIN FECHA) SALARRUÉ Rafael Lara-Martínez Professor Emeritus, New Mexico Tech [email protected]