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Waldo Chávez Velasco y su Sonata de la violencia

Luis Antonio Chávez

Escritor y periodista

 

Prejuiciado por el título del libro, discount sale Sonata de la violencia, rx escrito por Waldo Chávez Velasco, sales y editado por la Dirección de Publicaciones e Impresos de CONCULTURA, en la Colección Ficciones, Número trece, me aventuré a hurgar la novela para corroborar tales afirmaciones; además intenté hilvanar el por qué Sonata, pues el título le aviene a un ritmo musical.

Según el sitio Wikipedia, Sonata es el nombre dado a distintas formas musicales, empleadas desde el período barroco hasta las experiencias más futurísticas de la música contemporánea. Es importante tener en cuenta que la misma palabra alude a significados sutilmente diferentes en cada época: principalmente en cuestiones formales. Por sonata se entiende, según el modelo clásico, tanto una pieza musical completa como un procedimiento compositivo que utiliza dos temas generalmente contrastantes. Este procedimiento es conocido como Forma Sonata. Continuemos.

Waldo Chávez Velasco tiene suficientes méritos en su quehacer literario y lleva sobre sus hombros el peso de haber pertenecido a la pléyade de escritores laureados en lo que se denominó “Generación comprometida”, enlistándose en ésta Manlio Argueta, Eugenio Martínez Orantes, José Roberto Cea, Ítalo López Vallecillos, Álvaro Menéndez Leal y su esposa Irma Lanzas, Roberto Armijo, Mercedes Durán, Orlando Fresedo, Rafael Góchez Sosa, Alfonso Quijadaurias, Maurcio de la Selva, Armando López Muñoz, Jorge A. Cornejo, Tirso Canales, Ricardo Bogrand e Hildebrando Juárez (www. mcn biografías.com) entre otros.

A lo anterior agreguémosle que recibió el Premio Nacional de Cultura y tiene en su haber una gran lista de títulos publicados, entre ellos el libro de narrativa corta “Cuentos de hoy y de mañana”, aparecido en la palestra literaria salvadoreña allá por la década de los 60, causando gran revuelo en esa oportunidad.

Considerando las diversas rutas por las que incursionó este escritor salvadoreño de todos los tiempos, su fecunda trayectoria lo llevó -desde los 9 años que inició en el proyecto editorial de la Prensa Gráfica, denominado Hogar y escuela, asumiendo su dirección cuatro años después. (www. mcn biografías.com). Como un intelectual riguroso se comprometió de lleno con el desarrollo de la literatura salvadoreña, fundando el Diario El Mundo, dirigió el Diario Colatino y por último dirigió la revista Gente.

La lectura de Sonata de la violencia me trasladó a esa magia que tienen los escritores rusos, en su representante Máximo Worki, Fedor Dostoiewski, León Tolstoi y otros literatos de su talla.

Y es que el género que utiliza Waldo Chávez Velasco, cuyos personajes poseen la rara habilidad de escaparse del texto al que pertenecen y proporcionan multitud de pistas falsas, invitándonos a su lectura, tiene su precursor en la primera mitad de nuestro siglo: Édgar Allan Poe, nacido en Boston en enero de 1809 y muerto en Baltimore en octubre de 1849, así también en Conan Doyle (1859-1930), Agatha Christie (1891-1976), entre otros.

Poe, a través del cuento, crea -sin saberlo- los cimientos de la novela moderna, al plantear en Los crímenes de la Rue Morgue con brillantez y con ciertos toques de terror esos detalles propios de dicho género.

 

Locaciones

La novela Sonata de la violencia arranca en San Salvador, pero también tiene sus locaciones en Suiza, Italia, E.U. y Grecia, espacios que permiten al autor ubicar el suspenso y a los personajes en situaciones de violencia, elementos muy frecuentes en sociedades actuales.

Debo aclarar que la lectura del libro nos mantiene -sin pestañear- atentos a su desarrollo, pues no se sabe a ciencia cierta cuál será la reacción o el final de cada página, lo que despierta un interés especial por ésta.

“Al no encontrar la cruz provisional, se dio cuenta que habían desaparecido las coronas y los ramos. Era una costumbre. Por las noches, a pesar de la vigilancia, como pequeñas hienas llegaban los niños pobres, se robaban las flores y las llevaban al mercado, para revenderlas”. (P.14).

Cada página de Sonata de la violencia desconcierta, pues su lectura se asimila hasta identificarse con los personajes, dándonos cuenta que éstos no se andan con medias tintas para conocer el viejo mundo en que se desenvuelven, y la muerte la ven como si nada.

“En la estación del Metro, aunque estaba tan asustada, alcancé a fijarme cuando peleaba con los negros y en su cara no había ningún temor a la muerte. Por el contrario, parecía estar gozando”. (P.77).

Una de las impresiones de este libro es que los personajes se desenvuelven en las distintas clases sociales, donde se mueve la envidia, el egoísmo, el deseo de figurar, aunque se tenga que liquidar a quien esté en contra o a futuro pueda representar algún peligro para sus intereses: en síntesis, hay un denominador común: la violencia que pulula en todas partes del mundo.

“Roberto volvió a ver a Nino… y se dijo que era imposible amar a alguien a quien se acaba de conocer… Una ola de rencor avanzó hasta desbaratarse en la playa de su corazón, para ser destituida por otra de desaliento”. (P. 144).

Más adelante, Waldo escribe: “…Yo crecí en la violencia. A tu edad ya tenía muchos muertos que recordar por las noches. A un anciano, que denunció a mis padres con los nazis, lo estrangulé con mis propias manos, feliz de hacerlo. Maté frente a ella, no en defensa propia sino con la voluntad de matar”. (P. 150).

Si bien la novela arranca en San Salvador, cuando apenas se gestaban los grupos insurgentes, Waldo da giros que nos llevan al sometimiento español, a la segunda guerra mundial, a la revolución sandinista; a los grupos que con sólo mover un dedo pueden borrar del mapa a cualquiera, sin que ello les vele el sueño, en sí, es una novela que debe leerse.

 

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