Por: Luis Rafael Moreira Flores
Colaborador
Bajo la sombra de las copas de los árboles que están a punto de desaparecer, los habitantes de la emblemática Colonia Zacamil transformaron el dolor en protesta y la memoria en resistencia. Para cerrar el domingo 15 de febrero, jóvenes, adultos mayores y colectivos sociales se reunieron en un «Homenaje Póstumo a los Árboles», una actividad cargada de mística y denuncia ante el inminente inicio de las obras de una torre del proyecto Metrocable, que sacrificará parte del pulmón verde de la zona.
La actividad no fue solo una despedida; fue un acto de interpelación directa a las autoridades. Con velas, flores y expresiones artísticas, los vecinos denunciaron la ausencia de estudios de impacto ambiental transparentes y la falta de una consulta previa, libre e informada a la comunidad, cuyos proyectos de agricultura urbana también se encuentran bajo la amenaza del concreto. Rigo Días, (vecino histórico), relata, “bajo el maquilishuat sembramos sueños y ahí cosechábamos alimentos, le mostramos al resto de vecinos la importancia de cultivar”
Un ritual de conexión y memoria
La jornada inició con una atmósfera solemne. Billy Calles, acompañó el evento, realizó invocaciones indígenas para recordar el vínculo ancestral entre el ser humano y el territorio. Sus palabras resonaron entre los edificios de la colonia: “No somos extraños en esta tierra, los elementos están aquí para acompañar su actividad y llenarnos de energías”, afirmó, enfatizando que la destrucción de un árbol no es solo un tema estético, sino un golpe a la vida misma y al legado de quienes han habitado este suelo.
El arte se convirtió en la herramienta de denuncia. La música popular de Jorge Vlanco y la lectura de poemas de la «Antología 1524» envolvieron a los asistentes, recordándoles que la lucha por la tierra es una constante histórica en la región. El acto cultural sirvió para cohesionar a una comunidad que ve con preocupación cómo el paisaje que han cuidado por décadas está por cambiar drásticamente.
Una radiografía de la vulnerabilidad
El momento central de la actividad fue la lectura del comunicado oficial por parte de Oscar “Toto” Aleman, miembro del Colectivo Micelio Urbano. Con voz firme, detalló la crítica situación ambiental que atraviesa el país, contextualizando la pérdida de estos 17 árboles dentro de un panorama nacional desolador.
«El Salvador se mantiene como el segundo país más deforestado de América. Entre 2021 y 2024, el 96% de la pérdida de cobertura arbórea ocurrió en bosques naturales», señaló Toto, citando informes de la FAO.

Según el colectivo, el proyecto de infraestructura urbana en la Zacamil es un síntoma de un modelo de desarrollo que ignora la crisis climática. Con un 89% del territorio nacional vulnerable a desastres y casi el 96% de la población residiendo en zonas de riesgo, la eliminación de barreras vivas en zonas densamente pobladas como la Zacamil aumenta el peligro de deslaves y el efecto de isla de calor.
El impacto directo
A partir del lunes 16 de febrero de 2026, la fisonomía de la colonia comenzará a cambiar. Los datos son alarmantes para los residentes:
- Tala total: 17 árboles que sirven de refugio a aves, mamíferos e insectos.
- Podas severas: 10 ejemplares más que perderán su capacidad de brindar sombra y aire puro.
- Plazo de obra: 90 días de construcción intensiva.
- Horarios: Jornadas de 7:00 a.m. a 10:00 p.m., lo que implicará contaminación auditiva y caos vehicular.
Además de la pérdida ecológica, la comunidad lamenta la destrucción de uno de sus proyectos más emblemáticos: el huerto comunitario. El Colectivo Micelio Suburbano presentó los resultados de su investigación “Huertos urbanos y huella de carbono”, demostrando que solo tres huertos en la zona logran mitigar 24 kg de CO2 por ciclo de cultivo. La eliminación de este espacio no solo reduce la seguridad alimentaria local, sino que aumenta la huella de carbono de la comunidad.
El Metrocable
El proyecto del Metrocable, impulsado por el Gobierno a través del Ministerio de Obras Públicas (MOP), se presenta como una solución de movilidad moderna para conectar los densos núcleos urbanos de San Salvador y Mejicanos. En esta primera etapa, se busca establecer la línea que servirá de eje para el transporte aéreo por cable, una obra de ingeniería que requiere la instalación de pilonas (torres de gran envergadura) en puntos estratégicos.
Si bien el MOP argumenta que el sistema reducirá los tiempos de tráfico y las emisiones del transporte terrestre, los vecinos de la Zacamil sostienen que el costo ambiental es demasiado alto. Señalan que la instalación de una pilona justo sobre un área verde y un huerto es una decisión que pudo evitarse con una planificación que priorizara el ecosistema existente.
«Los árboles no son simples objetos del paisaje: son seres vivos que nos brindan frescura y un vínculo silencioso con la naturaleza», reza el comunicado. La preocupación principal es que, al quitar la «barrera viva», los edificios circundantes queden expuestos a la erosión del suelo, incrementando la vulnerabilidad ante las lluvias torrenciales que cada año azotan el país.
Resistencia y esperanza
El homenaje concluyó con un llamado a la acción. Los vecinos colocaron velas al pie de los árboles marcados para la tala, una imagen poderosa que simboliza la luz de la conciencia frente a la frialdad del acero y el cemento.
La comunidad de la Zacamil ha dejado claro que no se opone al progreso, sino a un progreso que se construye sobre la destrucción de su entorno vital. Exigen que se detengan las obras hasta que se presenten los estudios de impacto ambiental y se establezca una mesa de diálogo que garantice la compensación real —y no simbólica— del patrimonio natural que están a punto de perder.
Mientras las máquinas se preparan para ingresar el lunes, el aroma de las flores y el eco de las artes de esta jornada permanecen en el aire de la colonia, como un recordatorio de que la Zacamil sigue viva y en pie de lucha por su derecho a un ambiente sano.
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