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Recomendaciones del IPCC para cambiar hábitos de alimentación sin hacerse vegetariano

París / AFP
Paul Ricard

El segundo informe de expertos de la ONU sobre el cambio climático ofrece pistas sobre cómo cambiar los hábitos de alimentación sin necesariamente convertirse en vegetariano, para luchar contra el calentamiento global.

– ¿Qué dice el IPCC sobre los regímenes alimentarios?

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) señala que cambiar los hábitos de consumo y de producción alimentarios es una de las claves para combatir el calentamiento.

“Algunos regímenes alimentarios necesitan más suelo y agua y producen mayores emisiones que otros”, resumió uno de sus copresidentes, Jim Skea, al presentar la síntesis del informe.

Una frase en particular del texto destaca este punto:

“Dietas equilibradas a base de alimentos de origen vegetal, como aquellas basadas en cereales secundarios [otros que los principales como el arroz o el trigo], legumbres, frutas y verduras, los frutos secos y las semillas, y alimentos de origen animal producidos en sistemas resistentes, sostenibles y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, presentan grandes oportunidades”.

Esta perspectiva evolucionó a lo largo de las diferentes versiones redactadas en los últimos meses. La versión final es fruto de un consenso político, después de que los Estados analicen el texto.

– ¿El IPCC recomienda una dieta en particular?

Este grupo de científicos, bajo el auspicio de la ONU, se encarga de guiar las decisiones que los Estados adoptan sobre la cuestión climática.

“El IPCC no formula recomendaciones sobre los regímenes alimentarios”, especificó Skea. “Lo que hemos señalado, en base a pruebas científicas, es que algunos […] dejan una menor huella de carbono”.

El grupo no recomienda adoptar una dieta vegetariana (sin carne ni pescado) y menos aún vegana (sin ninguna proteína animal), en contra de lo que afirmaron algunos medios antes de la publicación del informe.

La afirmación se basaba en una cita del texto que omitía el paso a “alimentos de origen animal producidos en sistemas resistentes, sostenibles y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero”.

– ¿La carne es una cuestión central? 

Investigaciones científicas precedentes concluyen que la producción de carne, mediante la ganadería intensiva, tiene más impacto medioambiental que la de otros alimentos.

“Es evidente que reducir la demanda de carne es una forma importante de disminuir el impacto medioambiental del sistema alimentario”, recordó este jueves un especialista británico, Alan Dangour, en reacción a un estudio simultáneo al informe del IPCC.

Pero el informe del Grupo de Expertos de la ONU sobre la Biodiversidad (IPBES), publicado a principios de mayo, no pedía directamente comer menos carne. La formulación se suavizó con respecto a la versión preliminar, probable muestra de la hostilidad de algunos países productores de carne.

¿Cómo alimentarse en el futuro?

El IPCC sigue la senda de recientes recomendaciones al hablar de cereales, verduras y frutos secos.

En enero, un informe realizado conjuntamente por la revista médica The Lancet y la oenegé Fondation EAT recomendaba una “transformación radical”: reducir a la mitad el consumo mundial de carne roja y de azúcar y multiplicar por dos la frutas, verduras y frutos secos.

Según estos especialistas, la dieta diaria ideal serían 300 gramos de verduras, 200 de frutas, 200 de cereales integrales, 250 de leche entera, y solamente 14 gramos de carne roja, es decir diez veces menos que un filete tradicional. Las proteínas se obtendrían de la carne de ave, del pescado, de los huevos o de los frutos secos.

– ¿Cómo adaptarse a cada país?

Estos cambios variarían en función del país.

El aporte en proteínas animales a veces es insuficiente en los países pobres, pero demasiado abundante en los países ricos de Europa y América. Además los hábitos de alimentación también difieren.

“Las prácticas de producción locales y las costumbres culturales influyen a la hora de elegir alimentos”, recordó Jim Skea.

El informe de The Lancet tuvo en cuenta este parámetro y estableció “rangos de ingestión recomendados por grupos de alimentos” para un aporte diario total de 2.500 calorías, a adaptar localmente según “la cultura, la geografía, y la demografía”.

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