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Privatizar el agua: crimen de lesa humanidad

Carlos Girón S.

Un crimen de lesa humanidad están queriendo perpetrar los mal llamados “padres de la patria” y concretamente aquellos de la claque derechista, arenera, ganera, pecenera, pedecera y demás que, como enemigos jurados del pueblo, siguen con su terquedad de querer conculcarle al pueblo su bien preciado del agua, privatizándola para ponerlo al uso exclusivo de las grandes empresas embotelladoras, comenzando con las del agua potable, las cerveceras, las de gaseosas, de alcoholes, etc.

Crimen de lesa humanidad es esa intentona dado que somos casi siete millones de habitantes en el país que necesitamos del agua potable para nuestra subsistencia. Atentar contra ese derecho es inhumano y pecaminoso.

Pero en su torpe y estúpida contumacia, los que falsamente se llaman y consideran “representantes del pueblo” se niegan a escuchar las voces y reclamos de importantes sectores de nuestra sociedad, comenzando con las iglesias y sus fieles que forman la Conferencia Episcopal, que han denunciado claramente que privatizar el vital líquido sería “matar de sed al pueblo”. Antes ya se han pronunciado, en lo particular, defendiendo los intereses del pueblo, el arzobispo metropolitano monseñor Escobar; la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, junto a otras organizaciones sociales que están luchando en defensa de ese bien público. Pero, a los “padrastros de la patria” les interesa única y exclusivamente defender los intereses de un grupúsculo de comerciantes que quieren seguir explotando para su exclusivo beneficio el recurso hídrico de nuestro país.

Aquí hay que recordar el acierto del dicho “mal paga el diablo a quien bien le sirve”. Los padrastros derechistas que recibieron del pueblo la mayoría de votos, con lo que han logrado tener mayoría dominante en la Asamblea Legislativa, están ocupando ese favor para volverlo un puñal y con él asesinar a sus favorecedores al robarles el derecho al agua potable.

El pueblo debería aprender esta lección y evitar cometer otro error fatal eligiendo como presidente de la República el próximo 3 de febrero de 2019 al candidato arenero –quien por cierto no dice “esta boca es mía” en este delicado caso de la intentona de privatizar el agua. “Chucho no come chucho”, dice otro dicho. Es comprensible entonces. Pero si el pueblo vuelve a equivocarse y hace esa nefasta elección, que no siga quejándose de males que él mismo se echa encima, “soberanamente”…

Quien sí se ha pronunciado y llamado a cerrar filas en defensa del agua y contra su privatización es el candidato presidencial del FMLN Hugo Martínez, quien sí merecería el apoyo multitudinario de los votantes durante los comicios.

Lo que el pueblo está viendo es que esa mafia derechista, arenera, ganera, pedecera, pecenera se está convirtiendo descaradamente en una dictadura feroz que pretende imponer a raja tabla sus caprichos a nuestro pueblo, sin guardarle el menor respeto ni obediencia a lo que le exige: respetar sus derechos inalienables como es este del usufructo del agua potable que no es de nadie más sino de todos los salvadoreños, no de unos pocos mercantilistas.

Por eso, con razón ya se oyen voces diciendo que se va haciendo necesario, apremiante, el prepararnos todos, como pueblo, para lanzarnos a una abierta rebelión en contra de los desmanes de los abusadores del Congreso y en defensa de ese don vital del agua potable, e impedir que lo privaticen para la comercialización en beneficio de unos cuantos privilegiados, y dejar al pueblo padeciendo sed o viéndose obligado a comprarla embotellada a altos precios.

La rebelión no es cosa nueva. Ya hemos visto manifestaciones de miles de salvadoreños protestando precisamente contra los intentos privatizadores del agua y exigiendo que se respeten sus derechos, como es el derecho humano de tener el agua necesaria para su consumo y demás menesteres.

Nuestro pueblo es pacífico por naturaleza; no es revoltoso, pues bastaría que algún agitador se mezclara entre las manifestaciones y comenzara a azuzar a la gente a ir ante la Asamblea Legislativa y ponerse a apedrear, a romper ventanas, quemar llantas, volcar o incendiar automóviles y así armar Troya. ¿Quiénes serían los culpables de esos desmanes, que esperemos no lleguen a producirse?

Por otro lado, no tiene sentido, no es justo, que el Gobierno esté haciendo grandes y millonarias inversiones perforando pozos aquí y allá, en muchos lugares del territorio nacional, precisamente para abastecer del vital líquido a la población, y que vengan los privilegiados a robárselo para su lucro particular.

Si los endiosados del Parlamento cometen su error histórico, despreciando el clamor popular de respetarle su derecho natural y legítimo al agua potable, no quedará más que alzarse en rebelión patriótica.

¡Viva El Salvador! ¡Viva el pueblo soberano!

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