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Poemas para Mauricio Vallejo

EL POETA Y SU

YO ORGÁNICO

El poeta a tenue luz encuentra

su última profesión de fe

Hay un escapulario

con oscuros abalorios y angustias

enhebradas entre sí

Un designo con credencial inválida

para nadie y todos

Incendio a media noche

y carcoma torrencial en las venas

Un promontorio de cosas absurdas discrepan

con un pervertido placer de ácaros infiltrados

cráneo adentro

Doscientos abortados años de historia nacional

Promontorio de huesos inmortales

y raíces con nuevos caminos en versos y poetas

Puños alzados…

Y los últimos setenta mil muertos torturados cada noche en las luces de una valla publicitaria y discursos oficiales

Tanto la palabra unísona    El ojo en vigía

El puño alzado

es signo vital

A veces

brújula imprecisa en la tormenta

pero signo vital

A tenue luz

el poeta encuentra su última profesión de fe

Divaga intangible

en el cuerpo bondadoso de una inspiración

y su anonimato

En la ternura de una caricia

En el desamor y su desdén

Se extingue en la miseria cósmica de su yo poeta

En deshechos y fluidos de palabras que nadie escucha

En semillas entre piedras a la vera del camino

Se desvanece ante el poeta colectivo

El verso lastre y su silencio

El silencio y la complicidad

La complicidad

y

lo estúpido

que uno se siente entre el sistema y su criatura

y nuestra profesión de fe

El poeta muere

-sin estado de gracia alguno-

en un predio baldío de aciertos y desaciertos

en manos de la misma palabra

que

le

dio vida…

(¡Vaya ironía!…)

José Roberto Ramírez

DOM 23:16

 

 

AGONÍA 

Sucumbe el silencio

ante el infinito incierto

El tiempo arrastra minutos eternos

Sonrisas se esconden entre recuerdos dormidos

La belleza calla; palidece el encanto.

Entre los dedos se escriben otoños

ya muertos

Se inundan palabras que no fueron ciertas

La vida y la muerte

se besan inquietas

El alma angustiada espera desnuda…

…La dócil figura

vestida de olvido.

Mercedes Pineda Melendez

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