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Empleados de salud del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) viven en incertidumbre ante la falta de equipo de protección para atender la emergencia por COVID-19. Foto Diario Co Latino/Cortesía

Incertidumbre por desabastecimiento de Equipos de Protección Personal en el ISSS

Gloria Silvia Orellana
@GloriaCoLatino

“Es duro saber que alguien de salud está contagiado, o que es sospechoso, pero es indescriptible cuando sabes que falleció por COVID-19. No comprendes por qué fue, no sabes si la falta del Equipo de Protección Personal (EPP) o fue impericia al ponérselo o quitárselo. ¿Se contagió fuera del trabajo?, ¿fue atendida oportunamente o lo ocultó por temor a la discriminación?”, así describe Raúl (nombre ficticio) la situación de incertidumbre que viven a diario empleados de salud del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), en el marco de la Emergencia Sanitaria por la Pandemia del coronavirus (COVID-19).

Debido a los recientes decesos de dos enfermeras del Sistema Nacional de Salud, por COVID-19,  que suman para el Seguro Social ocho personas fallecidas y seis del MINSAL, estos trabajadores en la “primera línea” se encuentran preocupados por la situación que enfrentan a diario. El Ministerio de Salud -para este 9 de junio- reportaba 3,191 casos confirmados, con 1,720 casos activos, 58 fallecidos y 1,413 recuperados, que resume 87 casos nuevos, con 200 personas en estado grave y 103 críticos. Asimismo, en el observatorio de la Universidad Johns Hopkins confirman más de 7,1 millones de casos por coronavirus y 406,000 muertes a nivel mundial.

Para Raúl, otra de las situaciones que generan incertidumbre son los cambios constantes en atención al paciente, que se convierten en acciones “desordenadas” y que han sido establecidas por cada director en sus centros de atención. Así como la toma de decisiones que han tomado las autoridades, con el personal especializado en Epidemiología o Salubrismo, así como, la reubicación de clínicas y los griparios (que solo atiende síntomas relacionados con vías respiratorias) que han sido improvisadas su ubicación y al aire libre, que ahora con las tormentas Amanda y Cristóbal dificultaron la ubicación del personal, y que se encuentra abarrotada desde las últimas 24 horas.

“Tenemos temor por contagiarnos del COVID-19 y por la fase en que estamos, están enviando a sus casas a los confirmados. Y siguen las jefaturas de servicios diciendo que hay que cuidar el material, ya que cuando se eleven los casos no tendríamos, ejemplo en los griparios el Equipo de Protección Personal, que tiene que ser con mascarillas #95, que no han dado porque deben guardarse para después y se expone al personal. Como trabajadores nos comunicamos entre varios centros de atención a nivel nacional y estamos con conocimiento de las personas que van dando positivo al COVID-19, casos que no creo estén reflejados en las estadísticas del MINSAL, menos aún de los sospechosos y de los asintomáticos no tendrán ni idea, ya que a muy pocos empleados se  nos ha tomado la prueba y eso es vital”, sostuvo.

En su rutina diaria, al ingresar al establecimiento de salud, Raúl sabe que al vehículo le desinfectan llantas y chapas, con un baño de líquido que al principio de la pandemia era lejía, luego pasaron al alcohol y ahora líquido higienizante, cuando entra y sale; luego una enfermera le toma la temperatura y pasa al marcador de hora donde se aplica en sus manos alcohol gel para desinfectarse.

“En mi puesto de trabajo me cambio la ropa con la que llegué, al personal que atiende griparios y emergencias les han dado camisas y pantalones color verde, el resto lleva su ropa aparte. Y por la fase que atiendas, debes llevar un gabachón que te cubre cuello, brazos y hasta media pierna, te colocas un gorro y mascarilla quirúrgica, luego para atender público te dan guantes y caretas. Y si es personal de griparios o emergencia en algunas áreas muy pocas nos dan lentes protectores. Esto es por día, te da mucho calor, no puedes tomar agua si atiendes pacientes, ya que te puedes contaminar, tampoco ir al baño. Al final de tu jornada, desechas en bolsas rojas los guantes, gorro, mascarilla, en el lugar donde depositas el gabachón y ropa verde si te dieron. Con esta ropa hubo días en que no había ni para el personal de griparios, ni para emergencia, solo estamos esperando el abastecimiento con equipos nuevos; además, hemos sabido de cuadrillas del personal de lavandería infectados y en cuarentena, es una incertidumbre por falta de equipo y en cantidad suficiente para asegurar no contagiarnos”, explicó.

Comúnmente, el personal de salud en el Seguro Social recibe: 1 mascarilla quirúrgica por día, 1 gorro quirúrgico o tela por días (aunque hay centros que no lo proveen al personal) y 1 careta única (plástica) sencilla, que con el uso se deteriora rápidamente. Aunque Raúl afirmó que una parte del personal ha optado por comprárselas por sus medios, porque hay pacientes que llegan sin mascarilla, lo que consideró grave porque en el momento que se encuentra el país con el COVID-19 “todos son sospechosos”.

“Las administraciones solo te piden a diario que llenes la hoja donde firmas por el equipo que te han dado, del uso del alcohol gel, querían un estimado por persona de cuántas veces al día se usaba y la cantidad usada. Ante esto nos pusimos firmes y no lo hicimos, un simple ejemplo: la mascarilla que nos dan dura 4 horas su efectividad y recibimos una diaria en un horario de 8 a 12 horas diarias. ¿Cómo no vamos a contagiarnos? los médicos en unidades de atención son de 4 horas por turno, las enfermeras en hospitales de 24 horas cada 4 días y en las unidades médicas en horarios de 8 a 10 horas cada 2 días, y el personal técnico 8 horas diarias y un día libre, mientras el administrativo 8 horas diarias”, indicó.

A manera de reflexión y con el fallecimiento reciente de dos enfermeras, Raúl consideró: “Cuando te das cuenta que una persona que toda su vida ha trabajado en salud y que perdió su vida, dejando familia que dependía de ella, que con la pensión de sobrevivencia para los hijos, estos no tendrán lo suficiente, o con familia ampliada en donde ella o él eran el único ingreso económico; es sumamente difícil querer disipar ese dolor y frustración, más aún cuando compartiste la vida laboral con esa persona y, claro, institucionalmente cubren ese espacio con otra persona, pero como humanos esto nos lleva a valorar más la vida, la salud, el compañerismo y lo principal: estar en paz con Dios y el prójimo”, puntualizó.

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