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Oliver Giroud y Antoine Griezmann comandan el ataque de la selección francesa. Foto Diario Co Latino/ @BelRedDevils.

Francia-Bélgica, una semifinal exquisita como un buen vino

Moscú/Rusia/AFP

Pensar en el Francia-Bélgica, una de las semifinales del Mundial Rusia 2018, es sentarse a manteles para disfrutar de una exquisita cena. ¿El menú? Mbappé y su alucinante talento o la finura de Hazard. El Mundial vuelve a vestirse de “frac” camino a la final en Moscú.

La primera fase de la Copa del Mundo había reservado boletos para la ópera con Cristiano Ronaldo y su duelo personal con España, que asomaba en cualquier charla como candidata al título, y el partido superó todos tipo de pronósticos.

El cinco veces ganador del Balón de Oro se mandó una fantástica tripleta ante la Roja en un choque cargado de adrenalina que finalizó en un 3-3 súper aplaudido, dejando un gusto en el aficionado de buen sabor, complacido con aquel recital.

El Argentina-Croacia, por Messi y Luka Modric, despertaba un interés particular. La Albiceleste siempre es un polo que genera toda tipo de sentimientos y los balcánicos se presentaban en Rusia con un equipo poderoso, rigurosamente ordenado.

¿El resultado? El astro argentino lo había anticipado cuando se entonaban los himnos frotándose la barba y masticando bronca cabizbajo por lo que veía en su mente. Un 3-0 memorable que agigantó la figura de Modric y sus valientes corsarios.

La primera fase también tuvo otros partidos disfrutables como un buen vino, como la victoria azteca 1-0 que originó la catástrofe alemana, o el 3-0 de Colombia a Polonia con un gol de Falcao que la FIFA celebró en su página web por lo sucedido hace cuatro años atrás con el ‘Tigre’, que se perdió Brasil-2014 por una lesión.

Llegaron los octavos de final y con ellos La Marsellesa.

Francia sepultó el sueño de Messi de convertirse en campeón del mundo con un Mbappé demoledor. Era inevitable comparar al prodigio ‘Bleu’ de 19 años con aquel Pelé de inocentes 17 que maravilló al mundo en Suecia-1958.

Los Diablos Rojos belgas fueron la noticia en los cuartos de final. Amenazantes desde que llegaron a Rusia, sometieron al divo Neymar y a un pálido Brasil. Palmada en el hombro al astro del París Saint-Germain y deseo de buen regreso a casa.

La llamada ‘generación de oro’ de Bélgica igualaba lo hecho por aquel equipo de ensueño de Scifo, Ceulemans y Pfaff en México-1986, cuando llegó a las semifinales pero cayó rendido ante Diego Maradona.

Hazard, Lukaku, De Bruyne, Fellaini, Kompany, Courtois… y detrás de ellos un míster inteligente, metódico y silencioso como el español Roberto Martínez.

La que podría haber sido una final de etiqueta el próximo domingo en el fastuoso Luzhniki en Moscú es ahora una de las mejores semifinales que pudo haberse imaginado el Mundial de Rusia.

La joven Francia de Didier Deschamps y los diablos belgas de Martínez hacen homenaje al ‘fútbol champán’, porque les sobran artistas para interpretarlo y se acogen al concepto del juego de conjunto, el que gana partidos por encima de la individualidad.

Los ‘Bleus’ encontraron poca resistencia en Uruguay para llegar a las semifinales, pero les bastó la inteligencia de Griezmann, la picardía de Mbappé y la solidez defensiva con un Kanté multipulmón para asegurar el pase.

Bélgica fue la del ‘jogo bonito’. La única selección en Rusia que ha ganado los cinco partidos que ha disputado. Compacta, experimentada, furiosa en el contragolpe y con un golero que perpetúa temporada tras temporada su altísimo rendimiento.

San Petersburgo será mañana el escenario para que el Mundial vuelve a vestirse de frac.

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