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¿FIESTAS PATRONALES O FIESTAS CIUDADANAS?

Alberto Romero de Urbiztondo

Twitter: @aromero0568

En los próximos días San Salvador, celebrará sus fiestas agostinas “en honor del Divino Salvador del Mundo”. Nuestra capital al igual que muchas ciudades salvadoreñas tiene como topónimo el nombre de una figura venerada por el catolicismo, con la que los españoles durante la colonización nombraron a los pueblos y ciudades que conquistaban o fundaban. Con ello imponían su religión, como una forma de dominación cultural. Por eso muchas ciudades tienen nombres de vírgenes o santos católicos, aunque en algunos casos aún perdura también su denominación náhuatl o lenca, como: San Pedro Puxtla, San Juan Tepezontes o Santiago Texacuangos.

Como consecuencia las fiestas locales fueron celebrándose en conmemoración del nombre religioso que tenía la localidad, y denominándolas “fiestas patronales”, es decir, del patrón o patrona, entendido como figura del catolicismo que da protección a la localidad, realizándose una serie de actividades y rituales religiosos, pero mayoritariamente organizando actividades recreativas, algunas gratuitas y públicas y otras comerciales y fomentadoras del consumo.

Esta práctica ha ido generando una mezcla y confusión, entre la celebración de los feligreses de una iglesia y las celebraciones ciudadanas del conjunto de la población. En nuestro país el 45 % de la ciudadanía se declara católica; el restante 55 % pertenece a otras religiones o no pertenece a ninguna. Por ello, mantener como festividades de toda la ciudadanía una celebración del culto católico, que se financia con los impuestos municipales de todas las personas, es una realidad que debe de cambiar. Además muchas de las actividades que se realizan en estas “fiestas patronales”, tienen contenidos muy pocos religiosos y contradictorios con los códigos morales que dice promover la iglesia católica. Por ello parece más razonable que los creyentes católicos, o de otras religiones que deseen celebrar fiestas importantes para sus creencias, tengan el derecho a realizarlas, para sus fieles y financiándolas por sus integrantes. Por otra parte, las ciudades y pueblos celebren fiestas ciudadanas con un carácter cultural y recreativo, cívicas y para toda la ciudadanía, independientemente de las creencias de cada uno y pagadas con las tasas municipales de todos los vecinos.

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