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lunes , 23 octubre 2017
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Entre el sufragio y el recuerdo

Entre el sufragio y el recuerdo

@BautistaAstrid
Ana Margarita Gil, viagra sale ama de casa de 63 años de edad, medical espera a su esposo, sentada a la orilla de uno de los tantos pasillos del Centro Escolar Arturo Ambrogi, en los cuales, desde las siete de la mañana, parte de diez mil salvadoreños inscritos en el centro de votación se movilizan para ejercer el sufragio.
“Antes no habían votaciones como ahora, por ejemplo, durante el tiempo de la guerra no recuerdo haber ido nunca a votar”, explica mientras observa a los votantes que se dirigen a las urnas del centro de votación.
Su infancia evoca recuerdos de pobreza y trabajo pesado, comenta que su padre era jornalero y su madre ama de casa, y que hasta los diez años de edad ingresó por primera vez a un centro educativo para cursar el primer grado de educación básica.
 “Mis papás siempre vivieron ganando poquito, yo estudié en esta escuela de primero hasta cuarto grado, alrededor de la época en que era presidente José María Lemus, lo que más me gustaba era escribir, leer y dibujar, pero después me dio pena seguir viniendo aquí, porque ya era demasiado grande para estudiar en el grado en que estaba. Aquí también estudiaron mis hijos. Bien recuerdo que recibía clases ahí”, dice señalando un salón de clases a su izquierda.
Si Ana Margarita se encontrara frente al siguiente presidente de la república no le pediría más que una cosa: aumento en el número de empleos.
“Yo le pediría alguna ayudita para que mi señor esposo trabajara. Uno de pobre siempre la lleva de perder, estamos fregados ahora sin trabajo, lo necesitamos para comer, para sobrevivir. Si uno no gana sus centavitos no hay nada, si uno no trabaja no hay nada, ahí vamos pasando como Dios nos ayude”, dice Gil.
Sin embargo, Margarita reconoce que a pesar de que aún hay mucho por mejorar, definitivamente ha habido cambios en términos del desarrollo del área, lo cual atribuye al trabajo de la actual administración presidencial.
“Antes eran pocas las casas que habían en esta zona, todo era zacate, no era como ahora. Ahora las cosas son distintas, ya con la ayuda de zapatos, útiles, uniformes y el precio del gas, que nos ha suplido bastante, uno mira diferente las cosas”, expresa Margarita en el momento en que nota que su esposo ha vuelto a su lado y se dispone a abandonar el lugar.
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