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«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)

¿Años del Cambio?

Efectivamente, en su DIARIO habla unas catorce veces de la Congregación Pasionista y de los Pasionistas; siempre con respeto, estima y consideración.170

Pero es con el P. Juan Macho con el que más manifiesta esta amistad y confianza; él llegó a ser un verdadero amigo personal y confidente de Mons. Romero. El P. Juan siguió muy de cerca a Mons. Romero, sobre todo a partir de su estancia en Santiago de María, siendo su Vicario de Pastoral; después, en julio de 1977 es trasladado a San Salvador donde desempeña el servicio de párroco de S. Francisco en Mejicanos. Esto le hace estar de nuevo cerca de su amigo íntimo, y así pueden continuar su amistad y ayuda mutua hasta la muerte de Monseñor.

Quiero poner aquí solamente tres citas de Monseñor, entre las muchas que podría poner, en las que expresa el concepto de amistad, de valía y de estima que tenía del P. Juan Macho. La primera cita la saco de la homilía que predicó con motivo de la toma de posesión de la parroquia de Mejicanos:171

“Hoy es para mí un día muy agradable y alegre, y vengo a hacerles a Uds., la parroquia de San Francisco Mejicanos, un regalo: Les vengo a poner al frente de la parroquia a la comunidad de los Pasionistas, y concretamente al P. Juan con el que tengo una gran amistad”172.

En su DIARIO, el 9 de enero de 1980, dice:

“Fui a la Vicaría de Mejicanos, pero ya no encontré a los sacerdotes reunidos, sino sólo hablé con el P. Juan Macho, a quien acaban de elegir como vicario de aquella vicaría, por lo cual estoy muy satisfecho, ya que es un sacerdote muy pastoral y muy espiritual. Platicamos de varios problemas de la vicaría, pero él cree que llevando el trabajo a nivel de equipo vicarial, todos estos problemas de la vicaría se irán resolviendo con la ayuda del Señor”173.

Podemos leer en su DIARIO, el 22 de febrero de 1980:

“También me visitó el P. Provincial de los Pasionistas, junto con el P. Juan Macho… De manera especial nos referimos a los seminaristas y vocaciones, ya que ellos tienen entre nosotros un grupo de estudiantes pasionistas y desean lo mejor, porque son la esperanza de la Congregación. A este propósito comentamos si era suficiente la formación filosófica y teológica que están recibiendo sus alumnos en la UCA. Yo expuse claramente mi pensamiento diciendo que lo sometieran al juicio del P. Juan, que me parece muy seguro, para ir completando lo que pueda haber de deficiente”174.

El motivo de expresar aquí el alto concepto que Monseñor tenía de su amigo Juan Macho, es para justificar de alguna manera las líneas e ideas que vienen a continuación, como testimonio muy personal del P. Juan; él nos habla de “Cómo vio a Mons. Romero”; quiere contarnos algo de la interioridad del amigo que supo compartir problemas, dudas, limitaciones, angustias y alegrías; así pudieron caminar juntos por la senda de la fe y de la fraternidad sacerdotal y apostólica. Indiscutiblemente, esta relación de amistad, confianza y cercanía ayudaron a ambos a recorrer juntos los caminos difíciles de los cambios que la Iglesia universal (Vaticano II) y latinoamericana (Medellín), estaban pidiendo a todos los cristianos.

ALGUNOS RECUERDOS MUY PERSONALES DEL P. JUAN MACHO:

No soy escritor ni me tengo por teólogo; (aunque Mons. Romero me llamara “teólogo” y me dijera muchas veces: “Padre, Ud. como teólogo qué opina sobre…”); definitivamente, no tengo nada que ver con ambientes intelectuales. Soy sencillamente un misionero y de los populares; siempre he pensado que lo mío, lo que Dios me ha pedido es eso, transmitir el mensaje evangélico a los sencillos y a los pobres.

Aunque ya he contado muchas anécdotas y sucesos sobre Mons. Romero a través de todo este libro, quiero hacer un último esfuerzo para recordar y exponer algunos testimonios más, muy personales por cierto, que expresan la idea de cómo vi yo a Mons. Romero, especialmente en Santiago de María:

1.-Un hombre de convicciones firmes: honrado con su conciencia y consecuente con sus principios

2.-Un hombre profundamente humilde.

3.-Un hombre de oración.

4.-Un hombre que supo ser siempre Pastor y Padre.

Con esta narración que para mí supone un gran esfuerzo no sólo porque me cuesta mucho escribir, sino, sobre todo, porque voy a hablar de algunas interioridades mías a las que no soy inclinado ni me gusta, quiero, digo, pasar por esta situación sacrificial y con ella agradecer al Señor dos grandes regalos que me ha concedido:

-vivir casi 25 años en El Salvador donde aprendí mucho, -y la oportunidad de conocer y tratar muy de cerca, en especial desde el año 1976, a Mons. Romero.

Que todo este esfuerzo y trabajo sirvan para mejor conocer, amar e imitar a Monseñor.

Antes de llegar a Santiago de María, (1974) apenas conocía a Mons. Romero. La primera vez que lo vi y platiqué con él esporádicamente fue en el año 1960: uno de nuestros misioneros estaba predicando unas misiones en unos cantones o aldeas, en la faldas del volcán de San Miguel que pertenecían a la parroquia del P. Romero; yo estaba visitando al misionero.

Después le vi varias veces cuando estaba de obispo auxiliar de San Salvador, ya que él era el Director nacional de los Cursillos de Cristiandad, y yo entonces trabajaba también con Cursillistas en la Diócesis de Santiago de María con Mons. Castro y Ramírez; coincidimos en varias reuniones.

También me recuerdo de una reunión con toda la Conferencia Episcopal de El Salvador: nos habían convocado a todos los representantes de los Centros de promoción de la Iglesia que había en El Salvador para pedirnos algunas aclaraciones sobre lo que estábamos enseñando en los Centros. Mons. Romero estaba presente en esa reunión, era entonces Auxiliar de San Salvador y Secretario de la CEDES… No había tenido, pues, mayores contactos con Monseñor antes de estas fechas.

La imagen que yo tenía de él cuando llega a Santiago de María es la que tenía la inmensa mayoría de la gente comprometida en la Iglesia: la de un obispo auxiliar muy tradicional y conservador, y con una actitud incomprensible y tirante con la pastoral que se llevaba en la Arquidiócesis por creerla él muy avanzada y hasta desviada; esta postura le aislaba de tal manera de los sacerdotes de la Arquidiócesis que ni iba a las reuniones del clero.

Llega a Santiago de María y el primer año 1975 ya saben cómo lo pasó; lo hemos contado ampliamente en este libro: empieza a conocer su nueva Diócesis y quiere dar una impronta pastoral; pero se encuentra con grandes limitaciones, lagunas y problemas, tanto de orden personal, económico, ideológico, social y eclesial. No esconderá su cabeza, como la avestruz, ante esta realidad, sabrá encararse a ella y buscar nuevas soluciones y nuevos métodos ante estos nuevos desafíos. Es lo que hemos calificado en este libro como “siembra del cambio”.


170. Podemos leer estas alusiones en el Diario, pags: 78, 79, 176, 186, 248, 285, 322, 343, 375, 377, 381, 438, 445 y 470.

171. Ver Diario de Mons. ROMERO, pág. 285

172. Testimonios: Grupo nº 1: JZE: pág. 27 y Grupo nº 2: pág. 23.

173. Mons. ROMERO, Diario, pág. 381.

174. Mons. ROMERO, Diario, pág. 438.

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