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El Salvador: entre la pandemia del COVID-19 y la pandemia política electoral del 2021.

  Hugo Fajardo Cuéllar*

Se acercan las elecciones y gana la misma gente, vamos puño otra vez (…)”. Esa es parte de la letra de una de las históricas canciones del grupo Los Guaraguao. Canción, con la que se denunciaba a través del arte de la música popular los fraudes electorales que se cometían por los partidos de los militares y las derechas gobernantes durante las décadas de los 70, 80 y del siglo XX en El  Salvador.

Después de varias décadas y en pleno siglo XXI, las amenazas de fraudes electorales aún no han desaparecido, solo que ahora estas han asumido nuevas formas y estilos en el marco de la supuesta democracia y los avances de la tecnología con la llegada de la era digital. Antes los fraudes electorales se realizaban mediante la punta de los fusiles del ejército y en los últimos  años mediante la manipulación de los padrones electorales y de los resultados a la hora del  escrutinio final, por parte del  Tribunal Supremo Electoral (TSE)  o  por los partidos políticos en sus elecciones internas.

Una vez mas El Salvador realizará elecciones el próximo 28 de febrero del 2021, para elegir alcaldes y diputados, por lo que el año 2020 es un año preelectoral, solo que ahora no es un periodo pre electoral común y corriente, sino que está marcado por un fenómeno jamas visto como lo es la pandemia  del COVID-19 que tiene amenazado a todo el mundo. En tal sentido el presente artículo tiene como objetivo esencial, plantear algunas reflexiones de carácter crítico sobre la situación política coyuntural de El Salvador que transita entre una pandemia natural y otra de tipo político electoral.

La tesis central, punto de partida de estas reflexiones, es que la pandemia del COVID-19 vino a sumarse a otra pandemia local que ya existía desde muchos años atrás en El Salvador, es decir, la pandemia política electoral que cada tres o cinco años afecta a nuestro país cada vez que vienen elecciones, lo cual es un fenómeno que históricamente mantiene a este país en una situación de corrupción y riqueza en beneficio de unos pocos y de pobreza, exclusión y marginación en perjuicio de las grandes mayorías. Pero, ¿por qué la idea de una pandemia política electoral? Tres son entre otras las razones fundamentales a saber. Porque:

1) La política partidaria está marcada por la demagogia y la corrupción.

Históricamente la política en El salvador ha sido objeto de rechazo e indignación por parte de la mayoría de la población, debido a los altos niveles de corrupción y demagogia o mentiras que caracterizan el actuar de la gran mayoría de políticos. La palabra política proviene del griego, Polis, y significa el arte de gobernar una ciudad, para servir a sus habitantes. Sin embargo, en América latina y en El Salvador en particular, la política se ha convertido en un instrumento de privilegios y enriquecimiento para unos pocos, que son aquellos vinculados al circulo de las cúpulas partidarias y de los que ostentan el poder del gobierno; mientras las grandes mayorías, es decir, el pueblo pobre sigue siendo instrumentalizado por la propaganda electoral fundada en las promesas y no en los hechos reales.

La demagogia y la corrupción son el binomio de la política salvadoreña que desde hace buen rato sigue manteniendo al país en el atraso y subdesarrollo para las grandes mayorías. Los veinte años de gobierno del partido ARENA y los diez años de gestión del FMLN, demuestran tal situación, a tal grado que el ultimo de los presidentes de ARENA, Elías Antonio Saca, se encuentra hasta este momento (20-12-20) bajo prisión por ser el principal responsable del robo financiero al Estado por mas de 300 millones de dólares y también el primer presidente del FMLN, Mauricio Funes, se encuentra prófugo de la justicia salvadoreña, con asilo político en Nicaragua, por el supuesto delito de enriquecimiento ilícito y desviación de fondos del Estado. Habrá que analizar en que medida este fenómeno se esta superando o no en la actual gestión del gobierno de Nayib Bukele.

2) Las elecciones son un instrumento de fachada democrática

Cada vez que hay elecciones, los partidos políticos se acercan  a la gente para pedir votos a cambio de favores; pero una vez pasadas estas, se alejan y se olvidan de quienes los llevaron al poder. Este es otro fenómeno característico de la pandemia local que afecta desde hace mucho tiempo a la política salvadoreña. Sin embargo durante las campañas electorales todos los políticos (salvo raras excepciones) dicen en sus discursos que son los representantes de la democracia y de los cambios que el pueblo necesita, cuando en realidad solo son negociantes de la política que a nombre de la democracia se sirven del pueblo para luego olvidarse del mismo, convirtiendo a la política en una democracia de fachada o de simple discurso.

En palabras de Abraham Lincoln: “La democracia es el poder del pueblo por el pueblo y para el pueblo”. Esa es la verdadera concepción de democracia que debería aplicarse en la practica salvadoreña, pero los políticos de este país simplemente o ignoran o se hacen que ignoran tal situación y llaman democracia a cualquier cosa, siempre y cuando responda a sus intereses  como grupos que viven de la política pero no viven para la política. De ahí que las elecciones, sean las internas  de los partidos políticos o las generales en todo el país, siguen siendo un show de lo que dicen llamar democracia,  en donde antes de los resultados los que serán electos ya están elegidos por las cúpulas partidarias.

3) Después de cada elección los cambios sustanciales siguen esperando.

Elecciones van y elecciones vienen y la promesa del cambio no se detiene. El cambio para mejorar de ARENA y el cambio para el buen vivir del FMLN, nunca llegaron y la esperanza del pueblo en dichas promesas fueron defraudadas. Esa es la triste realidad  que enfrentan las grandes mayorías en El Salvador hasta hoy en día, en donde las promesas electorales cargadas de mentira nunca se convierten en realidad, ya que los verdaderos cambios que se necesitan para mejorar la calidad de vida de la gente siguen siendo una fantasía  y una deuda histórica de los partidos políticos hacia la población; porque aun los cambios que se están implementando por el gobierno de Bukele, siguen siendo cambios cosméticos y superficiales y no los cambios sustanciales que este país necesita.

En síntesis, El salvador necesita superar no solo la pandemia del COVID-19, sino también  la pandemia en la que lo mantienen los partidos políticos, que tradicionalmente siguen haciendo de la política un negocio y un botín en beneficio de unos pocos y en perjuicio de las mayorías. Ante  esta situación el pueblo organizado debe seguir en la lucha por los verdaderos cambios que se necesitan para la construcción de una sociedad mas justa y democrática, en donde el poder se construya con el pueblo y para servicio  verdadero del pueblo, con cambios sustanciales tales como: Aumento significativo del salario, más y mejores empleos, bajo costo de la canasta básica, política integral de seguridad ciudadana, reforma integral de la Salud y la Educación, reforma agraria integral, reforma fiscal integral, nacionalización de los bancos, entre otras medidas que en verdad signifiquen cambios progresivos en beneficio de las grandes mayorías.

* Profesor en Ciencias sociales. Sociólogo, abogado y notario, máster en Derechos Humanos y Educación para la Paz, candidato  a doctor en  Educación. Docente de la Universidad de El Salvador, Facultad Multidisciplinaria de Occidente.

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