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El Nobel de la Paz, a una Túnez ejemplar pero frágil

Por Pierre-Henry Deshayes/Oslo/AFP

Un cuarteto de organizaciones tunecinas recibe este jueves el Premio Nobel de la Paz por haber salvado la transición democrática en Túnez mediante el diálogo, decease decease un método que los galardonados quisieran ver aplicado en Siria y Libia.

“Las armas, unhealthy a fin de cuentas, solo traen destrucción”, afirmó Adbessatar Ben Moussa, presidente de la Liga Tunecina de los Derechos Humanos (LTDH), justo antes de la ceremonia de entrega del premio en Oslo.

“Hay que resolver (las situaciones) en los países vecinos por el diálogo con la sociedad civil, con la sociedad política, y poner desde luego de lado a las facciones terroristas” añadió.

La presidenta del comité Nobel, Kaci Kullmann Five, entrega el prestigioso galardón al cuarteto formado por la LTDH, el poderoso sindicato Unión General del Trabajo (UGTT), la organización patronal Utica y la Orden Nacional de Abogados.

Sometida a estrictas medidas de seguridad, la ceremonia comienza a las 13H00 (12H00 GMT) en el Ayuntamiento de Oslo en presencia del rey Harald de Noruega y del Gobierno noruego. Los demás premios Nobel (literatura, química, medicina, física, economía) también se entregarán el jueves, pero en Estocolmo.

Las cuatro organizaciones contribuyeron a afianzar la frágil democratización de Túnez en 2013, al organizar un largo y difícil “diálogo nacional” entre islamistas del partido Ennahda y sus opositores.

El ejemplo tunecino “muestra que movimientos políticos islamistas y laicos pueden trabajar juntos para lograr resultados significativos”, dijo Kullmann Five, el pasado 9 de octubre, al anunciar el galardonado.

Túnez, cuna de la Primavera Árabe en 2011, logró su transición política mientras que, a su alrededor, el movimiento se transformó en caos en Libia, Yemen y Siria, y la represión regresaba a Egipto.

“Por ahora Túnez es una excepción entre los países de la Primavera Árabe, pero no significa que esto no pueda ser imitado en otros países”, opinó el miércoles Houcine Abassi, secretario general de la UGTT.

“Las diferencias, sea cual sea su naturaleza, siempre pueden superarse mediante el diálogo”, añadió Fadhel Mahfoudh, presidente de la Orden de Abogados.

Luchar contra la pobreza

Pero el proceso de democratización sigue siendo frágil ante la amenaza yihadista. Las autoridades decretaron, por segunda vez este año, el estado de emergencia a raíz de un atentado suicida reivindicado por el grupo Estado Islámico (EI), en el que murieron 12 miembros de la guardia presidencial, el 24 de noviembre.

La semana pasada, la oenegé Amnistía Internacional mostró su preocupación por los numerosos registros y arrestos llevados a cabo por las fuerzas de seguridad tunecinas y lamentó “un recurso abusivo a las medidas de excepción”.

“La libertad no puede aceptar ningún sacrificio”, afirmó Ben Moussa. “El terrorismo se alimenta esencialmente de la opresión de los derechos humanos”, dijo.

Antes del atentado del 24 de noviembre, Túnez ya había sufrido dos ataques sangrientos en 2015: el de marzo contra el museo del Bardo de la capital (22 muertos) y otro en junio cerca de Susa (este), donde murieron 38 turistas.

Precisamente la medalla del premio Nobel de la paz obtenida por el cuarteto será expuesta en el museo del Bardo.

“Este premio no es un premio atribuido al cuarteto exclusivamente” afirmó a la AFP Houcine Abassi. Según él, también premia a las víctimas de la revolución de jazmín, y de los ataques yihadistas, así como a los partidos políticos y, en su conjunto, a la sociedad tunecina.

Vivero terrorista

Túnez es uno de los mayores viveros de combatientes extranjeros para los movimientos yihadistas, según la ONU, que calcula que unos 5.500 tunecinos viajaron a Siria, Irak o Libia para alistarse en esos grupos.

“Debemos tratar las raíces del terrorismo”, esto es, “la pobreza y la marginación”, aseguró Ben Moussa.

Pero no será una labor sencilla, teniendo en cuenta que el sector clave del turismo, que representaba cerca del 7% del PIB tunecino y unos 400.000 empleos directos e indirectos, está casi paralizado desde el atentado de Susa.

A finales de octubre, la caída de las pernoctaciones hoteleras era de más del 60% respecto al mismo mes de 2014, según cifras oficiales.

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