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lunes , 25 junio 2018
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El concepto de Control Territorial en la producción económica material la producción intelectual y la seguridad social pública y privada

Pedro Ticas

Desde el año 2005 he trabajado y propuesto el concepto de lo que por ahora denomino “Control Territorial”. Este concepto constituye una de las partes que conforman lo que también he denominado “Mapa ciudadano de seguridad social”, pilule el cual comprende una construcción holística organizada mediante múltiples determinaciones de orden histórico, sociocultural y político, epistemológico y geográfico. El concepto de Control Territorial pues, no está referido únicamente al ámbito de la Seguridad Pública, ya que dicha seguridad debe comprenderse como consecuencia de la Seguridad Social, la cual, como hemos dicho, requiere una construcción holística, articulada y concatenada a la población en su sentido natural, biológico, físico y geográfico. Desde esa premisa, ejemplifiquemos el concepto de Mapa Ciudadano en el siguiente esquema:

Al respecto del esquema, es importante indicar que cada uno de los elementos que denomino “de constructo” comprenden a su vez, disimiles elementos, indicadores, variables y aspectos que les proporcionan su existencia diacrónica y sincrónicamente a los tipos y formas de sociedades a las que se aplican, tanto en los niveles micro como macro. Cierto es, que la explicación de cada uno de ellos merece un trato epistemológico mas holístico pero a la vez concreto. Esa condición epistémica, metodológica, empírica y teórica, se halla desarrollada en mi trabajo inicial elaborado en el año 2005.

Por ahora, precisamente, debido a la extensión de cada uno de los “elementos de constructo”, únicamente nos ocuparemos de señalar algunos de esos “elementos” que resultan substanciales para iniciar una aproximación al concepto de Control Territorial de manera muy general. Así pues, expondremos someramente algunos elementos de contenido del Control Territorial. Iniciamos con señalar, que cada una de las articulaciones que aquí presentamos, se hallan concatenadas, es decir, cada una es la superación de la otra de manera que cada una se renueva constantemente en un proceso ascendente en el que cada renovación o transformación,  requiere de incorporar a su análisis nuevos elementos relativos a la población, hábitat, economía, cultura, familia, etc. Dicho esto, expondremos distintos “elementos de constructo” necesarios para comprender el concepto de Control Territorial construido a partir de la articulación entre Territorio y Contexto,  Territorio, Institución e  Institucionalidad, Territorio y economía, Territorio y Lenguaje y otros tantos que, por razones de extensión presentaremos en otro trabajo. Por ahora, veamos los que anteriormente indicamos.

Territorio y Contexto.

“No debe entenderse el territorio sin su Contexto. Las condiciones del territorio no se modifican ipso facto. Requiere, primero, de la transformación del contexto que le otorga la existencia y Segundo comprender que ahora las realidades de contexto no están circunscritas solo a lo local, dependen de lo regional, lo nacional y lo internacional, es más, algunas realidades han rebasado lo nacional para depender directamente de lo internacional, particularmente en materia económica. Así las cosas, lo local está puesto en función de lo internacional, pero lo internacional no se ocupa de solventar las precariedades y problemas de lo local. Esa asimetría geopolítica devora la localidad mediante el enfrentamiento y confrontación interna hasta que la desaparece. El contexto no surge solo. Se establece a través de la interdependencia de lo macro y el entorno  con la microunidad familiar, la cual, carece de instrumentos necesarios para su articulación con una sociedad envolvente que succiona sus modos de vida. Cada unidad familiar posee su propio Contexto, y éste a su vez, se convierte en un micro contexto del entorno. Servicios básicos precarios tales como agua, sistema de drenaje, diseño habitacionales horrendos, costosos, con materiales de construcción de baja calidad, uso del suelo inadecuado, montaje de infraestructuras inadecuadas, mezcla y desorden del uso del suelo (vivienda, comercio, producción, etc.), crecimiento amorfo del hábitat y otros tantos más, producen predominantemente una cultura asfixiante del hierro y el cemento”[1].

Sin duda el escenario geográfico (que no se refiere únicamente a la ubicación física) incide plenamente en la relación territorio-contexto. En El Salvador, dichos escenarios no se modifican sustancialmente desde hace más de 50 años. Las mismas calles, caminos, panorama  de desesperanza, abandono, frustración, ansiedad y olvido. El paisaje rural silvestre, habitacional y de infraestructura continúa reproduciéndose, parece no haberse modificado, se ha detenido en el tiempo, salvo pequeños destellos de aparente progreso tecnológico. Frente a dicho panorama, las opciones para una vida mejor de las nuevas generaciones parecen ser una ilusión. De manera directa o sutil, son más inducidas a una cultura emigratoria que al posicionamiento de sus propias identidades territoriales. Esa posible motivación sutil de emigrar generada por las condiciones de vida a las que se enfrentan, así como la motivación directa de sus familiares, han creado el rechazo, desdén y apatía de lo propio y quizás por ello, “la migración deja de ser el sueño de muchos y posiblemente se convierte en el proyecto de vida de casi todos” [2].

Territorio y contexto constituyen entonces,  la unidad indivisible de lo material y lo humano. “El territorio era la base, el fundamento del Estado-Nación que, al mismo tiempo, lo moldeaba. Hoy, viviendo una dialéctica del mundo concreto, evolucionamos de la noción, tornada antigua de Estado Territorial a la noción posmoderna de la <<transnacionalización>> del territorio” [3]. Al respecto, en 2008 señalé que los territorios en el mundo globalizado actual representan dos componentes substanciales “1º. Por la nueva organización político-administrativa  del estado (gobernabilidad local y participación ciudadana) y 2º. La económica (surgimiento de unidades comerciales de rápida circulación de mercancías que aseguren la rápida circulación del dinero y transfiguración de éste en diversas formas técnicas, legales y monetarias. En ese sentido la pequeña localidad deja su condición histórica de invisibilidad y pasa a ocupar un nuevo rol en la reorganización política-económica del estado…el fenómeno migratorio mundial y su peso monetario, étnico y cultural, han hecho resurgir o emerger los diminutos territorios que hoy representan y constituyen las principales fuentes de captación y circulación de dinero tanto en lo local, nacional y regional”[4]

La evolución, cambio o transformación de lo material debe ser sincrónica con lo humano. En virtud de lo humano se transforma lo material, pero éste último no siempre va de la mano con lo humano. Por ejemplo, un individuo, familia o sociedad puede poseer los últimos avances tecnológicos en informática, televisión, telefonía, etc., y no por ello, avanzar a otro estadío del desarrollo. Progreso tecnológico y desarrollo humano deben, en teoría, ser sincrónicos y simétricos con lo humano. Ese, es uno de los problemas: el escenario de lo material contrapuesto con lo humano. Cuando lo material se halla plenamente desvinculado, desarticulado o ausente de lo humano, el sentido del territorio pierde contexto, y ese contexto pierde identidad. Así pues, ninguno de los dos adquiere el valor y configuración étnica esencial para su debida armonía. Tanto el territorio como el contexto se hallan distorsionados tanto en su Representación Simbólica como en su Contenido. Los individuos ocupan el espacio físico porque les refiere una condición de posesión, la identidad que imperativamente genera un territorio se vuelve confusa, inestable, efímera. Así que entonces, los individuos toman y defienden su territorio no porque éste les proporcione todos los elementos de identidad, sino, porque el Contexto les confiere la posibilidad de existir y establecer sus propias formas de Contexto, las que el grupo predominante adopte o decida.

Visto de esta forma, en el caso de sociedades con identidades inestables, confusas o emergentes, los elementos de identidad proporcionados por el territorio se configuran de manera convulsa y muy poco sostenible, su sostenibilidad depende de momentos y circunstancias determinadas por una correlación asimétrica entre las identidades emergentes, el territorio y el contexto. Esto podría explicar, por qué el Contexto determina al territorio y no a la inversa. El Contexto no depende únicamente de las circunstancias locales. Su condición de variabilidad o consistencia está determinada por lo macro, por lo que hace a lo externo, esto es, familia, instituciones, gobierno y esfera internacional. Veamos entonces qué sucede con la articulación territorio-instituciones- institucionalidad.

Territorio,  Institución e Institucionalidad

En medio de esa relación territorio-contexto surge el concepto de Institución. No debe confundirse la institución con la institucionalidad. La primera constituye un instrumento público o privado del estado en pleno. La segunda se alcanza mediante la identificación de los individuos con las instituciones, esto es, la asimilación ideológica de observar en las instituciones la representación de sus intereses y solución de sus necesidades. Mientras esto no suceda, muy difícilmente puede hacerse referencia al concepto de Institucionalidad de las instituciones y menos aún, en los individuos. Dicho de otra manera, uno de los primeros logros de las instituciones consiste en alcanzar la reciprocidad con los individuos debido a que “la reciprocidad se consigue a veces mediante el intercambio de determinadas equivalencias en beneficio del asociado que está escaso de alguna clase de necesidades (una institución fundamental de las sociedades orientales antiguas). En las economías sin mercado estas dos formas de integración —la reciprocidad y la redistribución— suelen de hecho presentarse juntas”[5].

El territorio no solo es geografía. El territorio expresa el Contexto. Contiene la expresión in situ, fáctica y real de las configuraciones familiares. La familia no consiste únicamente en determinar sus relaciones o estructuras elementales de parentesco, es más que eso. En ellas se deposita la expresión de lo económico, de la vida material, de la vida intelectual, de lo humano. Por ello, como señalamos antes, el Contexto determina el territorio porque la familia es vida, actividad, pensamiento, emociones, sentimientos. Esa condición le provee el carácter y posibilidad de transformar, es decir que, transformar el Contexto pasa por la transformación de la familia sin la cual, el territorio pierde su identidad. En medio de todo ello, sin menoscabo de su función, surge el concepto de institución.

“Rousseau afirmó que la familia es la más antigua de las sociedades y la única que surge espontáneamente por razones naturales. Aunque la continuidad en la misma se da por una voluntad de sus miembros de seguir unidos” [6] de tal suerte, que precisamente, en la familia se reproducen históricamente las formas y modos de vida heredados por el grupo familiar o del Contexto.  Si el Contexto no alcanza la satisfacción armónica, mucho menos puede alcanzarla el grupo familiar. Así que entonces, siendo la familia una forma de institución natural (nomotética e ideográfica), cómo puede lograrse la institucionalidad de una institución voluble, incierta en su territorio y éste en su contexto?

La unidad familiar como institución presupone una reproducción de la expresión del estado político, de las instituciones del estado. En el caso que nos ocupa, posiblemente, en El Salvador, “las instituciones han sido objeto de constantes usos y desusos. Esto ha generado su propia desarticulación, inconsistencia sistémica y en consecuencia su propia vulnerabilidad. Su protagonismo ha dependido de coyunturas, estados críticos y disposiciones internacionales. Esta esfera, propia del estado político vigente en cada tiempo, ha configurado una especie de “cultura del olvido” o “contracultura de la historia” en casi todos los órdenes del estado nacional tanto en lo urbano como rural” [7]. Sin embargo, aún con la aparente desconexión y eventual contraposición entre lo rural y lo urbano, buena parte de las instituciones sobreviven y subsisten con esfuerzo desmedido por no desaparecer y cumplir con su cometido. Empero, las condiciones históricas pesan sobremanera sobre sus estructuras.

La estructura de una institución no está constituida por un organigrama de funciones y cargos. La estructura se halla precisamente en lograr que las funciones de esos cargos se articulen con su esencia, es decir, con su cometido. Esto significa que cada individuo o grupo, debe considerarse representado en esa función y que el cargo, es únicamente una representación simbólica de control para el cumplimiento del cometido. De esta manera, lo que importa no es el cargo, sino la función que debe cumplirse, es decir,  no a las responsabilidades del cargo, sino, fundamentalmente, a su Cometido, su sentido, su propia tautología.

Sin duda que el cumplimiento del Cometido lleva intrínsecamente la debida articulación entre territorio, institución e institucionalidad. Como hemos señalado, ninguna forma de institucionalidad es posible en tanto los individuos no encuentren en ellas la representación de sus intereses. Esa representación es real. Responde al carácter holístico y abstracto del pensamiento y la identidad. Solo mediante ella, las instituciones y la institucionalidad alcanzan su concreción.

Territorio y economía

Sobre lo anteriormente expuesto, hemos señalado que el concepto de Institución e Institucionalidad, es una construcción teórica y empírica que debe ser sincrónica y diacrónica a la población, contexto y territorio. En esa sincronía, la territorialidad económica no refiere únicamente la actividad económica, ésta, solo representa el acto de intercambio de valores, lo cual, desde luego, es sustancial. Sin embargo, también lo económico va más allá de la esfera plenamente de la producción material. Como hemos dicho, lo material se halla plenamente articulado a lo intelectual, esto es, cultura (gustos, preferencias, tradiciones, costumbres y valores) entre otros. Así pues, el abordaje del concepto territorial requiere de la participación y articulación de distintas disciplinas. Un trabajo multi e interdisciplinario. Para el caso, la antropología económica “no es una cuestión de hecho, sino de derecho. Y esta cuestión de derecho consiste en el verdadero papel, en la importancia relativa de las relaciones económicas en la lógica profunda del funcionamiento y la evolución de las sociedades humanas; se trata, pues, de la cuestión de la relación entre economía, sociedad e historia. Esta cuestión teórica implica otra, epistemológica esta vez: la cuestión de las condiciones y modalidades de la práctica teórica que permite el conocimiento científico de las estructuras económicas de las sociedades estudiadas por los antropólogos” [8].

En el plano estrictamente de la producción material, el territorio geográfico comprende dos elementos esenciales. Primero, el USO del suelo, es decir, la forma productiva a la que esta orientada la producción material (industrial, agropecuaria, mercantil, comercial, servicios, etc.) y Segundo, la posición que le otorga esa ubicación geográfica en el proceso de producción global, entendido éste, en lo local, regional, nacional e internacional. Pero nada se haya resuelto si no explicamos a la población que conforma ese territorio en dos planos. Primero, aquella población que participa en el proceso de trabajo  in situ, es decir, en la producción y Segundo, aquella que nace, crece, se reproduce, se desarrolla, emigra e inmigra en la localidad y que no se haya vinculada de forma alguna, a la producción material de esa empresas.  En otros términos, territorio y economía deben concatenarse por su población y en ésta última, las particularidades y singularidades de la misma. Una empresa productora de bienes materiales que produzca en una localidad con población importada, seguramente enfrentará más tropiezos que otra empresa con fuerza de trabajo local; incluso, en función de minimizar costos de capital variable y constante, mayor identidad institucional y transformación del escenario habitacional y natural, la contratación de fuerza de trabajo local permite mayor capitalización territorial debido a que el PIB generado en esa localidad se reinvierte en ella misma en cualquiera de las esferas de su vida; con ello, los municipios y la administración pública de los mismos alcanzan mayores niveles de autonomía e independencia.

Pero también, en estricto sentido de los intereses económicos empresariales, familiares o individuales, vista la economía como la conjunción de todos los elementos y articulaciones sociales, culturales, políticas, ideológicas que hacen posible la actividad humana para la producción tanto material como intelectual, podrá descubrirse, que son esos elementos los que precisamente dan vida estructural a las economías territoriales. No es pues, la actividad mecánica de la producción material lo que soporta al grueso de la población, sino, principalmente, es la población la que da soporte a la expresión económica, a la condición económica en la que se halla el modelo productivo, es decir, que el modo de producción de una sociedad no está determinado por lo económico sino por lo tecnológico. Lo económico es solo una condición de la sociedad en tanto es dinámica y cambiante. Los humanos no producen únicamente economía, por ello, son los elementos de Contexto los que propician la forma de relación entre el territorio y la economía. Se trata en síntesis, de observar el territorio como la construcción del Todo Humano. El territorio no es el punto de partida, es el resultado, la concreción de múltiples determinaciones y construcciones humanas históricas, cambiantes, eventuales, temporales o permanentes.  La expresión de la unicidad natural, biológica, material y física no resuelta por el saber común o científico. La consolidación del cambio o la transformación.

Dicho de manera práctica, como suele llamarse a la actividad mental y física muy propia del pensamiento concreto, reduccionista, improvisto, cortoplacista y de la inmediatez, lo “práctico” no ha mostrado ningún signo de desarrollo y avance social; por el contrario, ha fomentado una cultura de ese pensamiento  concreto en donde el asunto del progreso económico territorial es todavía, una deuda histórica.  Pero aún desde ese mismo “practicismo” que supone la resolución de problemas de manera fáctica, habremos de comprender que el diseño de formas productivas en cualquiera de sus áreas a partir del concepto territorial, reduce costos de producción y aumenta la posibilidad de mayores niveles de producción y mejores logros de productividad, es decir, mejoramiento de la calidad de la fuerza de trabajo. Sin esa conjunción, muy difícilmente puede alcanzarse la competencia y la competitividad.

Como hemos señalado anteriormente, lo que hace al territorio es su población. Así pues, cuando tratamos el asunto de la producción material, la economía individual, familiar, micro, pequeña, mediana o gran empresa, adquiere mejores condiciones de Contexto para su producción si se halla organizada mediante los mismos recursos humanos y materiales que la localidad le ofrece y proporciona. Las condiciones humanas y materiales objetivas necesarias para la producción se articulan con mayor facilidad a las identidades del trabajo, del territorio y de la población. Con ello, el sentido de pertenencia socioeconómico genera un Contexto nuevo y de arraigo de y entre los individuos, lo que garantiza la estabilidad, armonía, identidad, solidaridad orgánica, intervínculo y construcción colectiva y participativa del mundo local, municipal y regional. Aunado a esto, los tiempos de la producción expresados en el proceso de trabajo, adquieren condiciones más simétricas entre el salario y el tiempo socialmente necesario para la producción. Salud, educación, recreación y otros tantos requerimientos humanos se articulan con la producción material y la transforman de Forma Productiva en Modo Productivo.

Territorio y lenguaje

El territorio nos habla, nos cuenta sobre él. Nos dice lo que hace y construye. Se resume en él, su historia y su contexto. Cada elemento que le acontece lo vuelve dinámico. Ciertamente, los hechos no hablan. Esa concepción positivista y mecánica desvinculada plenamente de las configuraciones humanas se supera con saber, que quienes nos hablan son los que actúan en el hecho. Así pues, dichos hechos no pueden ser tratados como “cosas”. Se requiere leer detrás de las imágenes, figuras, símbolos, códigos, nomenclaturas, signos, señales, letras, palabras, colores, formas, conductas, comportamientos y aún la más absoluta indiferencia humana para comprender que los hechos revelan el estado inducido, latente  o directo de la población que lo expresa. En el proceso de formación social, los elementos de lenguaje antes señalados constituyen avisos o expresiones  substanciales que nos indican las formas en las que la población se configura, es decir, su pensamiento, organización sociocultural, económica y territorial, pero particular y fundamentalmente, la conformación de la estructura familiar, ésta última forma, la que más interesa para conocer el territorio.

Sin duda, la familia comprende disimiles elementos de análisis desde distintas disciplinas, por ahora señalemos algunos puntos. Con relación al asunto lingüístico y de todo lo que lo conforma, en el caso de la unidad familiar, las mismas relaciones y estructura de parentesco hace complejo descifrar un sistema homogéneo de intervínculo. Poder, autoridad, lenguaje, costumbre, valores, historia y otros tantos enquistados en cada grupo familiar durante generaciones imposibilita la definición homogénea y absoluta de familia, salvo dos formas. La primera, que se trate de definiciones producidas por la convivencia profunda y ampliamente prolongada con el grupo familiar (esfera etnográfica) o segunda, porque se trate de la más clara especulación teórica muy difícilmente sustentada y fundamentada.  Así pues, suponer una definición homogénea y absoluta sobre el concepto de familia nos puede llevar al más trágico reduccionismo genético, el cual, sin duda alguna, contiene una de las expresiones más radicales de racismo, discriminación y exclusión ontogenética y antisocial. Desde esta premisa, considerando el peligro determinista, el lenguaje ocupa uno de los lugares más importantes en la configuración intrafamiliar. Los primeros mensajes, códigos, símbolos y signos se generan al interior de la unidad familiar. Esto marca las formas de relación de la familia con el mundo externo, entendiendo que, el territorio, es una parte del mundo externo. Los mensajes, códigos, símbolos y señales de orden lingüístico expresados de forma oral, escrita o simbólica en la comunidad, constituyen la primera forma de  identificación, posicionamiento y expresión territorial, incluyendo en ello, aquella que se halle sutil o subliminalmente constituida. Colores, olores, formas, figuras, arquitectura, letras, conforman el lenguaje mudo que nos habla desde su concepción primaria en la que se construye el mundo  individual, familiar, comunitario y colectivo. Esa debe ser entonces la primera observancia sobre el pasado, presente y futuro del contexto en el que se configura el territorio.

[1] Ticas, Pedro, Maras, estado y sociedad en El Salvador: el mapa de seguridad social. Una construcción antropológica, Co-Latino, El Salvador, martes 1 de julio de 2014.pp.20-21.

[2] Ticas, Pedro, La migración salvadoreña: el peligro de la desesperanza y de la identidad nacional, Co-Latino, El Salvador, miércoles 4 de noviembre de 2015.pp.18-19

[3] Santos M. Citado en Llanos Hernández, Luis, El concepto del territorio y la investigación en las ciencias sociales, Universidad Autónoma Chapingo. Chapingo Estado de México,2010 http://www.colpos.mx/asyd/volumen7/numero3/asd-10-001.pdf

[4] Ticas, Pedro, Cambios culturales, economía y migración en Intipucá, La Unión, Ed. Universidad Pedagógica de El Salvador, 2ª. Edición, 2008. pp.8-9.

[5] Polanyi, Karl, El sistema económico como proceso institucionalizado, Citado en Clásicos y Contemporáneos en Antropología CIESAS-UAM, UIA, Antropología económica, Maurice Godelier (ed.) Anagrama, 1975. http://www.ciesas.edu.mx/publicaciones/clasicos/00_CCA/Articulos_CCA/CCA_PDF/23_POLANYI_Enfoque_substantivista.pdf

[6] Rousseau, Juan Jacobo, El Contrato social, Ed. Porrúa, México, 1979.pp. 4-9. Citado en Pérez Duarte y N., Alicia Elena, Derecho de familia, http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/1/311/9.pdf

[7]  Ticas, Pedro, Maras, estado y sociedad en El Salvador: el mapa de seguridad social. Una construcción antropológica, Co-Latino, El Salvador, martes 1 de julio de 2014.pp.20-21.

[8]  Godelier, Maurice, Antropología y economía, Ed. Anagrama, España, 1974. p.280.

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