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De izquierda a derecha, Catalina Ayala, Verónica López, Katherine Susman (IRC) y Adriana Aguirre, en la inauguración del Centro Comunitario/Espacio Seguro. Foto Diario Co Latino/Silvia Orellana

DIKÉ inaugura centro comunitario y espacio seguro a población LGBT+

Gloria Silvia Orellana

@GloriaCoLatino

La inauguración del Centro Comunitario/Espacio Seguro, por centro DIKÉ de personas transgénero LGBT+ es un gran paso porque es una respuesta para brindar protección y bienestar a este grupo poblacional, que se enmarca en valores como la solidaridad y sustentación de los derechos humanos, explicó Modesto Mendizábal, médico regente de la clínica salud transgénero.

Es una clínica de salud transgénero con espacios colectivos como salas para charlas, sesiones psicológicas, dormitorios y cocina, para quienes necesiten una asistencia de hogar temporal. El Centro DIKÉ innova la respuesta de las organizaciones sociales frente a los desafíos que representa el respeto a los derechos de la población LGBT+ en el país.

El centro desecha el concepto de “oficina”. DIKÉ abre este espacio de seguridad a la población LGBT+, que será atendida por una recepcionista, que se encargará del registro y un grupo de especialistas clínicos y psicólogos, que darán asesoría y acompañamiento.

“La clínica de salud transgénero, lo que busca es la reafirmación del género de las personas trans. La reafirmación en el caso de las mujeres trans es lograr ciertos cambios -se le llama transexual- porque los cambios son más biológicos, y en el caso de los hombres trans, también está esa transición de masculino a femenino en cuanto a lo biológico y aquí los apoyamos, en esa reafirmación. Como la disforia de género, que es un odio hasta de su propio cuerpo, entonces, este tratamiento le ayuda a esta persona a superar esa situación de depresión o ansiedad, que son cuestiones eminentemente, biológicas”, explicó Mendizábal.

Asimismo, la funcionalidad de la clínica está aprobada por Consejo Superior de Salud Pública y las hormonas que se suministran han sido autorizados por la Dirección Nacional de Medicamentos. Es una clínica que trabaja desde el año 2014, por lo que han dado asistencia a un centenar de personas, y en la actualidad están dando atención alrededor de 150 personas, que reciben el tratamiento hormonal.

Mendizábal informó que durante la pandemia hubo complicaciones por falta de transporte, por la cuarentena domiciliar, así como la seguridad de las personas para evitar contagios por COVID-19. Los controles se tuvieron que realizar de manera “remota”, aunque reconoció que el “seguimiento inicial” es el más delicado, pero luego las personas aprenden a manejar sus tratamientos y preparada para identificar cualquier riesgo en su salud, aunque siempre hay una supervisión más general.

“La consulta es gratuita y los medicamentos se consiguen al precio más bajo, que es, el que damos a la persona. Incluso, hay medicamentos que nosotros subvencionamos una parte. Puede que el costo sea de 13 dólares y nosotros la damos en 8 o 7 dólares, no hay utilidades de los medicamentos”, señaló.

Sobre el rango de edad para la atención clínica es de 18 años en adelante, aunque reconoció que la LEPINA no tiene nada regulado nada sobre la niñez, pese a que ha recibido mensajes de niños que quieren iniciar su transición. No obstante, el doctor Mendizábal señaló que un hombre trans no puede iniciar este tratamiento por estar en período de crecimiento y sus huesos grandes podrían dejar de crecer.

“Si una persona viene se le hacen exámenes, y si tiene algún problema, pues no le damos el tratamiento, como un hígado graso no podemos iniciar, o plaquetas altas, no podemos iniciar tratamientos, y a los menores de edad solo orientación, aunque nos digan que traerán tutores, no damos el tratamiento hormonal, por ser un tema delicado, además biológicamente no tenemos todas las condiciones farmacológicas para dar atención.

El Ministerio de Salud debería hacer esto no nosotros. En el país hay pocos avances porque no conocen el tema y no hay interés político por apoyar a estas poblaciones”, expresó Mendizábal.

Katherine Susman, sub directora Programas del Comité Internacional de Rescate (IRC) y donante al centro DIKÉ, afirmó: “En estos espacios pueden definir ¿qué quieren aprender?, ¿qué quieren hacer?, o cómo es la prevención de violencia para ellos, es una forma que utilizamos para mitigar el riesgo de violencia basada en género y para crear lazos entre las personas, entre más personas más unidos. Y, también este espacio es un área en donde se puede coordinar servicios legales, médicos, psicológicos y se centra todo en un lugar”.

De los marcos legales y convenios de derechos humanos, Susman indicó que hay suficientes marcos legales internacionales, pero estos deben ser implementados y contar con recursos financieros para adecuar las nuevas disposiciones.

“Nosotros, como una organización humanitaria, apoyamos a las comunidades que responden a sus necesidades, y a la vez, fortalecemos instituciones para que ellos estén más preparados, y que no solo cuenten con recursos, sino la capacidad de atender a las personas en una forma integral y diversa. Creo que para llegar a la inclusividad desde el Estado, se debe llegar por muchas formas porque no podemos pensar que solo es el contenido legal. Hay que hacer acciones comunitarias y trabajar en los diferentes niveles que existen con funcionarios, la gente que atenderá a la población y trabajar con ellos, de forma adecuada, porque no importan leyes, marcos legales o reglamentos, sino estamos concienciados, las personas que dan la cara a la población”, argumentó.

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