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domingo , 22 octubre 2017
365-1276

365-1276

Harry Castel
Escritora y dramaturga

318. Resurrección
Sin nada más que decir, buy viagra se quedó mirando al horizonte. Desde el acantilado donde había soltado una andanada de improperios a gritos hacía solo unos segundos, podía contemplar la luz de media tarde, no había un solo tono melancólico en aquel cielo perfecto, ni siquiera las nubes amenazaban tormenta para más tarde. En aquel solitario recodo de la carretera habría sido de lo más fácil salir del auto, del hastío en que la había sumido el desencanto, de las traiciones cotidianas, de la vida y tener por un momento la ilusión del vuelo, tal vez hasta lo habría pensado al ver las copas de los pinos en la curva, tal vez fue eso lo que la hizo parar el vehículo y subirse al pequeño muro, más decorativo que de protección, tal vez… tal vez ni siquiera pensó en algo, cuando su garganta se abrió para vomitar en el espacio todos los reproches guardados contra su momento de absurda realidad que ya duraba un año, tal vez… tal vez era ese el acantilado perfecto para dejar de ser la buena y cuerda persona que soporta todo con el mejor talante  en espera de tiempos mejores y era ese el momento para desaforarse en insultos que ni siquiera sabía que sabía… tal vez… sea cual haya sido la razón, cuando se hubo calmado lo suficiente y logró respirar de nuevo sin dificultad, sintió cómo curiosamente, volvía a ser capaz de amar al mundo.

319. Tormenta
Llovía como suele llover en ese país, sin esperanza de conservar un solo centímetro seco si uno se quedaba por más de un respiro bajo la lluvia. El, sin embargo, permanecía allí de pie, como si aquella cantidad de agua que amenazaba con ahogarle fuera la brisa de la tarde. La cortina de agua era espesa y seguramente no vería sus manos si las ponía frente a él, pero sus manos estaban quietas a los lados de su cuerpo que permanecía quieto también, conteniendo toda la agitación de su espíritu. Toda el agua del mundo no alcanzaría para lavar la tristeza que se escapaba por sus ojos y ni siquiera se notaba, porque se confundía con la lluvia.

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