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VUELTA DEL POZO DE LA HISTORIA

Álvaro Darío Lara

  • En memoria del poeta Mauricio Vallejo Marroquín

Recientemente se llevó a cabo en La Galera Teatro Café un emotivo Recital Homenaje en memoria de los escritores Jaime Suárez Quemain (1949-1980) y Mauricio Vallejo Marroquín (1958-1981).

Recordar su vida entregada juvenilmente por los grandes ideales de una patria más justa, humana y democrática es un imperativo histórico para los hijos de esta tierra salvadoreña. Su obra debe de ser siempre leída, estudiada y valorada, ya que constituye un legado invaluable para las letras nacionales.

Hace veintiún años el poeta Mauricio Vallejo Márquez, hijo del escritor desaparecido preparó en las páginas de este Suplemento Cultural Tres Mil, una edición homenaje a su padre. Fue, probablemente, de los primeros homenajes que se rindió públicamente al escritor ausente.

Tuve el agrado de escribir en aquella ocasión el editorial, que titulé: “¿Dónde están los desaparecidos?”. Transcribo más de dos décadas después un fragmento:

“El 4 de julio, en un país desmemoriado, se cumplieron veinte años de la desaparición del escritor Mauricio Vallejo Marroquín, padre de nuestro compañero de redacción, poeta Mauricio Vallejo Márquez.

Fuerzas oscuras de nuestra trágica vida nacional fueron las responsables de lanzar al silencio y a las sombras, al joven escritor Vallejo.

Indudablemente su desaparición se inscribe dentro de la vorágine de terror y de persecución política que caracterizaron las décadas del 70 y 80.

La intelectualidad y los sectores artísticos comprometidos con un proyecto vital más humano y democrático se convirtieron en las víctimas favoritas de regímenes de profunda intolerancia política. Su pecado fue cantar y acompañar al pueblo en sus patrióticas luchas. Vidas truncadas, talentos mutilados, constituyen imborrables máculas sobre la derecha bestial de El Salvador.

Sin embargo, otros grupos, por desgracia, aquellos que tradicionalmente han proclamado su identidad con los sectores más sufridos cometieron, en menor proporción, pero en idéntico error histórico, crímenes abominables como los de Roque Dalton y otros escritores.

Mauricio Vallejo desaparecido en 1981, a los 23 años de edad, era un joven prometedor, polifacético, teatral, así lo recuerdan muchos de sus amigos, como joven escritor había publicado en abundantes suplementos literarios. Cultivaba la poesía, la narrativa, el artículo. Su literatura, especialmente la narrativa, propendía al uso del lenguaje popular, con gran invención y riqueza metafórica. Trastocaba la sintaxis tradicional, para crear piezas de gran intención. Es fácil advertir en estos escritos, la mayor parte de ellos inéditos, su admiración por Salarrué y por los clásicos nacionales de corte costumbrista. Pero Vallejo, no pretendía ser Salarrué, buscaba como todo novel escritor de talento, su propia voz. Menudo lío. Gran rompecabezas para complicarse gustosamente.

Quedan sus materiales, que su hijo, Mauricio Vallejo Márquez, lee, ordena y selecciona, aguardando el momento oportuno para su necesaria publicación”.

El dolor, la angustia, el desconcierto de las familias de los desparecidos no tiene nombre. Al contrario de las personas objetivamente fallecidas, cuyos cuerpos y razones de muerte pueden de alguna manera establecerse, y de esta manera, ser sepultadas e incluso continuar con las investigaciones, si se quiere; la familia de los desparecidos sólo puede asirse a la fe y a la esperanza suprema por el día en que existan indicios seguros del paradero final de sus seres queridos.

Han transcurrido 21 años desde aquella edición que hicimos un sábado 7 de julio de 2001 y 41 años de la desaparición del poeta Vallejo Marroquín, cuyo canto hacia Cuscatlán aún suena y permanece con nosotros. Su familia y amigos no cesan de recordarlo y han iniciado la publicación de sus obras, para que su voz sea conocida por su pueblo y por las nuevas generaciones de escritores.

Por ello cuánta razón tenía Neruda al decir “Cuando la tiranía oscurece la tierra y castiga las espaldas del pueblo antes que nada se busca la voz más alta, y cae la cabeza de un poeta al fondo del pozo de la historia. La tiranía corta la cabeza que canta, pero la voz en el fondo del pozo vuelve a los manantiales secretos de la tierra y desde la oscuridad sube por la boca del pueblo”.

Y contra esto, queridos amigos y amigas, no hay mal que prevalezca. Celebremos, entonces, y conmemoremos la vida del poeta Vallejo Marroquín una vez más. Que así sea.

 

 

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