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Una explicación antropológica

Dr. Fredy Rosales Meyer

Médico Pediatra, Neonatólogo.

La madre que duerme con el hijo y derrama su leche no quiere levantarse para asearse porque quiere descansar; lo que hace es limpiarse o secarse los pechos con cualquier trapo que se encuentra o que tiene a la mano. También pueden usar una mantilla y más frecuentemente el pañal del bebé, un pañal que en ocasiones está nuevo, limpio o usado. Al estar el pañal saturado, impregnado o húmedo de leche materna, lo descarta tirándolo por debajo de la cama en que duerme amontonándolos o lo mete debajo del petate (una especie de alfombra de yerba acuática llamada Tule) con que recubren ya sea el camastrón o la tijera de lona. El fuerte olor a “chuquilla” de la leche humana atrae a este tipo de culebra, la cual baja en la oscuridad por los pilares y horcones del rancho. La madre encontrándose cansada y dormida no se da cuenta de que la culebra se prende a su seno materno para alimentarse. Cuando el niño llora de hambre y la culebra está prendida al pecho, la culebra le ofrece al niño su cola y la introduce en la boca del bebé sustentándolo de este modo, pero sin satisfacer el hambre. Ni modo que la madre dormida no se da cuenta de a quién alimenta. Al amanecer y levantarse se siente con los pechos vacíos, escurridos y el niño que no ha recibido nada de alimento por la noche, solo sustento, llora de hambre. En el recuerdo de la madre surge la pregunta: ¡¿yo creía que estaba dando de comer al niño?! ¿Por qué llora entonces?

La comunicación oportuna con la ayudante, la suegra o su madre, le relatan entonces el cuento o leyenda de la culebra Mazacuata y la aconsejan, como recomiendan los curanderos antiguos que debe de encender una luz, un candil o un foco, una candela o una lámpara y que tiene que sentarse en la orilla de la cama, en una silla y tomar al niño en brazos para amamantarlo y así se asegura de que es a su bebé a quien alimenta.

Este hecho de por sí debería de generar un cambio en la mala y perniciosa costumbre de alimentar a los niños recién nacidos estando acostadas. Al sentarse como el cuento recomienda y sin darse cuenta, alimentar a su bebé también sentado, como “Dios manda” logra así una ganancia: una mejor salud para su hijo.

Pero siempre hay madres que se oponen a estos mandatos culturales y no creen en “cuentos de camino real”. Como el cambio de la costumbre de dar de mamar acostadas no les permite “descansar” y dormir, hay madres que continúan con la necedad o terquedad de darle de mamar a su hijo estando el bebé también dormido y acostado. Así la madre duerme y descansa partiendo de un argumento falso, pues el niño se le enfermará con demasiada frecuencia y luego la madre ni descansará ni dormirá noches enteras. OBSERVACIÓN: es mejor desvelarse por ratos y sentarse a alimentar al bebé y tenerlo sano que alimentarlo acostado y tenerlo enfermo. Los gastos de recuperar la salud del niño cada vez que se enferma son importantes y deterioran el presupuesto familiar, la armonía conyugal y familiar, llevando incluso a profundizar la pobreza de la familia. A esta oposición permanente a cambiar una mala costumbre cultural se le llama Idiosincrasia. Los hospitales públicos y privados y también los cementerios están poblados de niños que han perdido su salud e incluso la vida por comer acostados.

Los curanderos personajes folklóricos con mucha experiencia, observadores y con conocimiento, además de ser muy confiables para la comunidad, se dieron cuenta de que las técnicas de alimentación empleadas por las mujeres de los caseríos daban problemas y dedujeron que las enfermedades y mortalidades de los niños de las comunidades dependían de la actitud para alimentar a los niños. Vieron que los niños se atoraban al mamar como no se debía y como responsables de la salud de su tribu comenzaron a recomendar con su lenguaje, que las mujeres se sentaran para amamantar a sus hijos. Como la observación es madre del conocimiento, les sirvió para notar que el niño que mama sentado se enferma menos y con menor gravedad y menos mortalidad. Pero siempre hubo mujeres que no entendieron el conocimiento ni la recomendación del curandero y dijeron: “sí, pero no” y continuaron dando de mamar acostadas y los niños se les seguían enfermando y muriendo. En un ambiente y época cuando no había recursos científicos, el curandero solo se valía de los consejos y del ofrecer esperanzas o consuelo en caso de la muerte de un niño. De modo que para reforzar su recomendación se inventaron una maniobra del “no hacer” (hacer humano) y para eso ya con su intento crearon la leyenda que por sí misma lo que hace es presionar, atemorizar o asustar a las madres con la leyenda de la Mazacuata pero con elementos reales de lo que sucede en el campo.

El empleo y la inducción que logra el relato traen una mejoría de las morbilidades y mortalidades de la población infantil, mejorando la expectativa en la conservación de la especie y de la raza… ¡Siempre habrá madres caprichosas que no oyen consejo y así no se llega a viejo!

LA EXPLICACIÓN DE LA MEDICINA COMO CIENCIA

Nota: a las madres que no son estudiantes de Ciencias Biológicas no les debe preocupar entender o no estos términos. Continúe despacio y pausado, leyendo y entenderá el concepto o idea de qué es lo que sí importa.

*REFLEJOS INVOLUNTARIOS EN UN NIÑO QUE SE AMAMANTA SENTADO

En un recién nacido, hay reflejos primitivos, instintivos y funcionan automáticamente, es decir, funcionan sin intervención de la voluntad del niño. Estos reflejos aseguran la sobrevivencia del niño pues tienen que ver con el proceso de alimentarse para nutrirse.

El primer reflejo que necesitamos conocer es el reflejo de búsqueda, el cual se activa o funciona cuando el niño acerca sus mejillas contra el seno materno y lo busca. Se puede demostrar su presencia cuando con el dedo índice apretamos-presionamos la mejilla del bebé. Él inmediatamente voltea su cabeza hacia el lado del estímulo. También está el reflejo de succión. Consiste en que cuando al bebé se le estimulan los labios, él abre la boca para permitir la entrada del pezón de la mama de la madre, aprieta las encías, succiona el pezón para provocar la bajada de la leche o el apoyo. Luego continúa el reflejo de deglución o de tragar, el cual es coordinado al ritmo de la succión. Busca, succiona y traga. Sí el bebé tiene llena la boca de leche para de succionar y da dos o tres tragos seguidos para ingerir la leche acumulada en la boca, toma un descanso para respirar y luego continúa succionando. El siguiente reflejo en activarse es el del cierre de la válvula llamada epiglotis. Está válvula se encuentra en la encrucijada esófagolaringea y sirve para cerrar la laringe y evitar que la leche se desvíe hacia los pulmones. Ver Fig. #49 y Fig. #50 A y B.

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