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UNA CITA CON LA HISTORIA Conversando con Antonio Ramón Vallejo Cerna

Perla Rivera Núñez,

Poeta hondureña

 

Me embarqué en la agradable tarea de investigar sobre la huella de los Vallejo en Honduras, debido a mi profunda amistad también con un Vallejo. Todo va enlazado como decía mamá y por una rara coincidencia del destino y ahora la ayuda de las redes sociales, ubiqué a uno de estos intelectuales hondureños descendientes del Padre Vallejo en Honduras.

El Padre Vallejo es una figura que ha dejado una huella imborrable en la historia de nuestro país, aún la historia no le ha hecho justicia como debe ser, por sus estudios e investigaciones históricas en apoyo a la Reforma Liberal iniciada en 1876 en el gobierno de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, además de muchos libros e investigaciones realizadas.

Un intelectual comprometido con su tiempo, el padre Vallejo, presbítero que en su debido momento deja los hábitos y se dedica a ejercer la abogacía, las investigaciones y organización científica de la estadística en Honduras. (Biografía del Presbítero por Víctor Manuel Ramos)

Debido a sus aportes y trayectoria, el Congreso Nacional emitió el decreto No. -208-2013 donde en conmemoración de su muerte declara el 17 de marzo día del historiador hondureño. ( La Gaceta 5 de noviembre de 2013 p A3)

Este legado; su pasión por la investigación, también ha sido acogido en sus descendientes. Uno de ellos muy cercano, el también historiador Antonio Ramón Vallejo Cerna, (Su padre era bisnieto del Presbítero como él me cuenta) intelectual hondureño con una Maestría en Historia por la Universidad de Costa Rica, con un amplio perfil e historial académico.

Hice todo lo posible por obtener la anhelada cita con él.  Después de tres intentos fallidos por su ocupada agenda y su domicilio actual; la tercera fue la vencida. El café fue elegido por ser muy apartado de la locura capitalina.  Primero  una charla amena de reconocimiento y cordialidad y luego ya en la confianza que da el preámbulo de un amigo en común y el aperitivo de los temas históricos a tratar, la conversación fluyó.

Antonio me explica que se ha dedicado desde hace tiempo a la investigación, que le apasiona la historia y debido a esto pudo realizar estudios avanzados sobre el paladín centroamericano Francisco Morazán. Lo escucho atenta mientras me explica con un brillo en sus ojos aquello que le apasiona, me muestra el libro Lecturas Morazánicas: Escritos y comentarios a su obra, una edición muy fina y bien trabajada.

Lo noto en su bella portada y el cuidadoso trabajo editorial, sumado a una forma más genuina de ver al héroe, partiendo de sus notas. Este trabajo fue publicado con el apoyo de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, investigación realizada durante su post grado en Historia en Costa Rica. Lo observo con satisfacción ya que estos trabajos de investigación son un tesoro invaluable por las pocas personas que destinan este tiempo para contarnos la historia de manera tan profunda y profesional.

El café y los libros son el centro de nuestra mesa, lo prefiero negro para sentir las notas del tinto y el aroma. Antonio toma Latté. La charla sobre datos históricos, anécdotas, experiencias y sucesos desconocidos para mí y dominados por Antonio como historiador, fluye. Y así se va escapando la tarde sin advertirlo. La emoción al hablar de su trabajo es notable, es imposible negar su entusiasmo por la Historia, por la vida de Morazán y su legado. Pienso que al igual que el padre Vallejo, llevan en su sangre esa pasión por descubrir y mostrar la historia a pesar de todos los obstáculos.

He aprendido mucho más en dos horas y 33 minutos sobre  dos personajes que cambiaron la historia en estas tierras. El padre Vallejo con una producción bibliográfica extensa y que da idea de su trabajo y temáticas abordadas, tanto así que es obligatorio su nombre al hablar de la organización científica de la estadística de la historia hondureña y también es agradable reafirmar el legado de Morazán, figura sobresaliente por su valentía e intelectualidad en la historia centroamericana,  a través de las recientes investigaciones de Antonio Ramón Vallejo, un Morazanista apasionado como acertadamente él se denomina.

Valió la pena la espera. Después del intercambio de algunos libros me quedo con la inquietud de seguir estudiando a estos intelectuales que con sus acciones y su voluntad han participado para bien en el rumbo de la historia de nuestro país.

Antonio Ramón Vallejo tiene aún la juventud y las ganas para hacerlo, lo expresa con satisfacción. Lo dice sonriendo y lo repite orgulloso; soy un Morazanista apasionado. Me apresuro a anotarlo y es tan contagioso que sostengo con fuerza su libro y pienso en que no puedo esperar para leerlo.

No cabe duda que hay aún esperanzas sostenidas sobre el hombro de intelectuales como Antonio Ramón Vallejo Cerna.

–Ahh, lo olvidaba -me dice.

-Cada primogénito de la familia recibe el nombre; Antonio.

Yo sonrío y esa es para mí, tal vez una advertencia. Todavía hay investigaciones serias y profundas y están en las mentes de hombres como ellos, quizás muchos Antonios, hondureños o centroamericanos que apuestan por contar la historia, como debe ser.

 

Antonio Ramón Vallejo Cerna es Catedrático de la carrera de Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán. Egresado de la Maestría Académica en Historia de la Universidad de Costa Rica, Costa Rica

 

Antonio Ramón Vallejo Bustillo. Considerado el fundador de la historiografía de Honduras, también fue sacerdote, estadígrafo, periodista y filólogo.

Nació el 17 de marzo de 1844 en Tegucigalpa, Honduras y falleció en el año 1914. Su padres fueron don Román Vallejo y su doña Marta Bustillo. Su abuelo paterno fue don Antonio Vallejo.

Sus primeras letras fueron impartidas en una escuela privada, entonces no las había públicas, dirigida por sus tías maternas las señoritas Leonor y Antonina Bustillo, quienes daban instrucción elemental a niños del vecindario y de honorables familias quienes confiaban sus hijos al cuidado celoso de estas educadoras.

Los estudios secundarios los realizó en la academia del estado entonces no había centros de enseñanza secundaria y era la academia la encargada de otorgar el grado de Bachiller en Filosofía. En 1858 fue matriculado por el Secretario de la Academia presbítero Samuel Escobar, luego que demostró haber cursado y aprobado los cursos elementales de lectura y escritura.

Practicó su examen para optar al Bachillerato en Filosofía el 4 de octubre de 1862, pero fue hasta el 7 de febrero de 1872 que el rector de la academia del estado de Honduras, presbítero doctor Trinidad Estrada, y el secretario, abogado Rafael Alvarado, le extendieron el diploma. En esa misma fecha se le entregó el diploma de Bachiller en Derecho Civil. El examen lo había realizado el 20 de noviembre de 1864.

Posteriormente se trasladó a Comayagua y se inscribió en el Colegio Tridentino para seguir la carrera sacerdotal. A los 24 años, el 8 de septiembre de 1868, el Ilustrísimo Fray Juan de Jesús Zepeda y Zepeda, lo ordenó sacerdote en solemne ceremonia celebrada en la Catedral de Comayagua. Su primera misa la ofició en Tegucigalpa, el 19 de septiembre de 1868. En 1869 fue nombrado cura párroco del pueblo de Lamaní en el Departamento de Comayagua.

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