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Sociedad y garrote

Mauricio Vallejo Márquez

Golpear primero y preguntar después, ha resultado la lógica para mantener la violencia bajo la raya. Aunque la medida me recuerda a la acción de acumular el polvo bajo la cama. Lamentablemente se sigue creyendo que la violencia detiene a la violencia, al parecer. Sí, por muy cantinflesco que parece, el asunto es la realidad. Ya de por sí la realidad supera la ficción en nuestro pulgarcito, parece que vivimos Un mundo feliz o un 1984 tropicalizado.
Al iniciar mis estudios de Derecho en el recordado atardecer de la década de 1990 nos labraban en la mente que el «derecho es el conjunto de normas coercibles que rigen a una sociedad». Lo cual es sin duda así, pero nuestras sociedades entre más garrote recibe, más desea golpear y la situación se descontrola emulando la ruta de una montaña rusa sin final con subidas y bajadas. Alternando el día con la noche.
Albert Einstein decía que hacer lo mismo pretendiendo resultados diferentes con los mismos resultados siempre es una locura. Y en cuestiones de violencia es la realidad. Las cárceles son centros de tortura, las comunidades afectadas por la violencia verdaderos campos de concentración. Se criminaliza la pobreza, el origen, el nombre y hasta la apariencia.
La represión solo trae resentimiento, división y el genuino deseo de venganza. Tarde o temprano, en esta generación o en la próxima el desquite vendrá. Al final todos somos víctimas de ello. Un país con resentimientos que crecen y crecen, esos resentimientos hacen que un presidente tome el poder, que un partido gane elecciones, que se cultive un nuevo ciclo de resentimientos.
Ya vimos que los partidos políticos no trajeron nada bueno. ¿Por qué permitir que vengan otros que se portan igual que los anteriores solo porque tienen otro color? Por el resentimiento, por ser una sociedad del garrote y la represión.
Esa misma cultura reproducida en el trabajo donde las jefaturas tienen conductas de capataces que golpean la dignidad de los trabajadores mientras sonríen y hablan con dulzura.
Esa es nuestra sociedad injusta en la que cada vez hay más divisiones, resentimiento, revanchismo y corrupción.
Todo a la espera de lo dicho por Roque Dalton: «el turno del ofendido».

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