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Seis palabras

Carlos Burgos

Fundador

Televisión educativa

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Amaneció desnuda, ed inmóvil, here a la intemperie.

De inmediato un lector podría pensar: está muerta o inconsciente o borracha. La palabra dominante es inmóvil, las demás agregan información a ese hecho.

Con estas seis palabras se podría iniciar un cuento, un relato o una novela. Sería una entrada con suficiente fuerza, una  introducción para despertar el interés del lector, y lo induce a seguir leyendo. ¿Qué es lo que sucedió en esa escena? La frase podría desencadenar una serie de posibilidades. Veamos algunas.

La abandonó su primer novio. Amaneció (hecho sucedido anoche), su novio la obligó a tener relaciones íntimas (desnuda); ella se opuso y él la asfixió (quedó inmóvil); era una joven confiada que caminó por los jardines del parque (intemperie).

Una segunda posibilidad podría ser que anoche, después de un encuentro íntimo, ella discutió con su amante quien la golpeó y dejó en un área desolada.

Otra posibilidad podría ser  que ella fue asaltada, violada y lapidada por facinerosos del área rural.

Imaginemos que nuestro escritor no consideró ninguna de esas posibilidades para su historia.  ¿Qué sucedió para él? La joven asistió a una fiesta de tormenta tóxica, consumió sin parar sustancias alucinógenas, sus sentidos se embotaron de manera que liberó sus excesos sexuales y caminó sin rumbo hasta quedar tirada en la grama de un camposanto.

Es asombroso el poder de esas seis palabras para enrumbar el pensamiento del lector hacia el desarrollo de las acciones. Es importante que el autor no deje indicios para que el lector descubra o adivine lo que sigue a cada momento, porque él se convertiría en el autor y perdería el interés en la historia, y de seguro la lanzaría al cesto de papeles.

Cada una de esas seis palabras en forma independiente, tiene varios significados, pero al ordenarlas de esa manera presentan un significado diferente al de cada palabra. El contexto puede generar múltiples significados, y algo más, cada lector podría derivar sus propias interpretaciones de acuerdo con diversos significados.

Algo extraordinario sucede en esta emisión y recepción de significados a través de la palabra, a partir del marco de referencia del autor con su mensaje y de la llegada dentro del marco de referencia del lector o receptor. Para lograr eficiencia en este acto de comunicación, el significado del mensaje debe caer dentro del marco de referencia del lector. Esto obliga al autor a definir a sus lectores como su población blanco, la que no debe perder de vista  en ningún  instante dentro del proceso escritural.

Recordemos que el marco de referencia mental de una persona está constituido por el conjunto de sus experiencias, vivencias, estudios, cultura, relaciones familiares, entorno social, costumbres, creencias, en suma todo lo que una persona es, su totalidad. No existen dos personas que tengan el mismo marco de referencia. Lo ideal es que el emisor y el receptor tengan la mayor parte de conocimientos en común para una comprensión total de los mensajes.

De este modo el escritor selecciona de su propio marco los significados representados por palabras que registra en grafías para que caigan en el área del marco de referencia del lector y este identifique, interprete, y de acuerdo a su marco de referencia asigne el o los significados, con lo que va formando una red de significados que le dan sentido a la historia que lee.

Se puede advertir el valor de la palabra para el escritor y el lector, y para todo hablante. Las palabras son la salsa de la vida y fundamentales en la intercomunicación en el mundo. Usemos nuestro idioma para el buen vivir y que las palabras se traduzcan en fuente de armonía.

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