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Rescatar La UES: Un compromiso histórico

Oscar A. Fernández O.

La Universidad de El Salvador  deber volver a ser la más importante fuente de formación ética de la sociedad y como organismo público autónomo, order compensar su misión batallando por la igualdad de todos ante la cultura.

Y es que los universitarios estamos obligados a creer en la fuerza de las palabras, pills de las ideas y de los conceptos por encima de la fuerza irracional de las armas y los dogmas; creer en la fuerza creadora del significado por encima de las desmesuras del poder; creer en la fuerza de la reflexión humanista por encima de cualquier fanatismo político, religioso o moral; creer en el análisis y la comprobación por encima de la aceptación obediente de consignas. Somos enteramente críticos frente a los hechos, por más obvios que parezcan.

Debemos creer y luchar, en suma, por una Universidad que albergue el pensamiento plural y democrático y lo ofrezca generosamente a la comunidad.

Esta es nuestra tarea: pensar, ayudar a pensar, educar en la razón y en la libertad, imbuir el espíritu de honradez intelectual, crear y recrear expresiones de cultura, formar personas éticamente responsables y lograr que la educación sea el medio por excelencia para la edificación de una sociedad democrática y humanista.

No son pocos ni menores los problemas que gravitan sobre la enseñanza pública y sobre la UES. Junto a las dificultades propias de una globalidad económica y cultural que avasalla los espacios locales y nacionales, también afrontamos incomprensión, recelo, suspicacia y temor.

Para dar respuesta, es preciso formar una comunidad universitaria sólida y solidaria; es preciso fortalecer la presencia de esta comunidad académica en la sociedad, en las instituciones públicas y privadas, pero particularmente es de primer orden que la docencia, la extensión y la investigación correspondan con el desarrollo social necesario para el país. La Universidad debe salir en defensa de los cambios profundos que necesita  El Salvador, en pro de la justicia, la libertad y la igualdad.

La defensa de la Universidad Nacional, no ha de ser una argumentación aislada, una reiteración de frases hechas, sino un sistema bien ordenado de razones y argumentos basados en la seriedad académica, en el pensamiento político de avanzada, en la calidad de alumnos, maestros e investigadores, y en los valores que tiene una educación emancipadora.

Sobre todo en épocas de crisis e incertidumbre, no hay mejor inversión que la destinada a la educación. Por tanto, la defensa responsable de la Universidad es la defensa de la civilización y la cultura, la defensa de la democracia popular y sus valores, particularmente el diálogo, la tolerancia, la igualdad y la participación.

Nuestra propuesta general es que consolidemos la presencia de la comunidad universitaria en el desarrollo cultural y social del Estado salvadoreño que en esencia debe ser el pueblo organizado; que la fortalezcamos mediante la generación de conocimientos, prácticas y valores que hagan de la cultura un bien público.

Necesitamos reiterar el proyecto de una Universidad socialmente pertinente, financieramente viable y públicamente responsable. Para ello debemos desarraigar un mito, como es la inadecuada comprensión del principio de autonomía. Este debe ser asumido no como extraterritorialidad, sino como el derecho de autogobierno al servicio del país, con la conciencia añadida de que no hay derecho sin responsabilidad, esto es, no hay autonomía razonable sin rendición de cuentas obligada. Y esa no es únicamente una rendición de cuentas financiera o funcional, sino también moral y cívica: la autonomía de la Universidad, que hay que defender, debe defenderla también de la colonización de los claustros por ideologías ciegas e intolerantes y por intereses políticos minúsculos que, paradójicamente, terminan alejando a la Universidad de su preocupación por la cosa pública y divorciándola del pueblo.

Tenemos, en primer lugar, un compromiso con la educación científica. Comprender los fines, definir los medios y manejar adecuadamente los recursos, son los conceptos que delimitan nuestra responsabilidad y fortalecen la verdadera autonomía universitaria. Tenemos, desde luego, un compromiso con la gestión de recursos para que la Universidad cumpla dignamente con sus fines y garantice la satisfacción de sus obligaciones laborales.

En este sentido, es preciso responder con una administración ordenada y transparente; es preciso revisar la estructura administrativa y las funciones, adecuar los espacios, erradicar inercias, deshacer burocratismos y desmantelar prácticas arbitrarias; es preciso renovar el espíritu de comunidad, mover las voluntades dispersas y articularlas en torno de grandes objetivos, despertar el gusto por la lectura, la seriedad de la investigación, el hábito del diálogo y el debate; promover la acción política y motivar la generosidad del conocimiento, haciendo de la Universidad una Institución abierta al tiempo y al mundo.

El liderazgo de la autoridad universitaria deberá propiciar el entusiasmo por la enseñanza y el aprendizaje, por la investigación compartida, por la extensión del conocimiento, por la difusión de la pluralidad cultural, por el humanismo, el pensamiento crítico y la solidaridad, para ayudar a construir una sociedad consolidada en los valores de la convivencia pacífica, la igualdad y la justicia.

Superar el lamentable estado en que se encuentra nuestra Alma Mater, exige reconocer que en este momento no tenemos un modelo de universidad que haya sido el resultado de un cuidadoso diálogo entre Estado y sociedad. Existen los residuos dejados por la decadencia de un modelo anterior y,  de otra parte,  los nuevos aditamentos de un pseudo-modelo nuevo, resultante de una visión oportunista o, en el mejor de los casos, irreflexiva y cegada por el fetichismo empresarial. Debemos, pues, reconocer la necesidad de plantear un modelo distinto que rompa con ciertos mitos paralizantes  para así  revitalizar a la UES.

Nuestra convocatoria es que iniciemos una reflexión sobre la Universidad Nacional para una nueva sociedad democrática; una reflexión sobre la presencia que ella debe tener en un mundo abierto, complejo e incierto; una reflexión sobre el potencial que tiene la ciencia, el arte y la educación en la construcción de una sociedad menos injusta.

Tenemos un compromiso con las reformas políticas y sociales del Estado, en especial con aquellas que refuercen la distribución equitativa de recursos y un nuevo marco de relaciones entre la sociedad y las instituciones públicas. Tenemos un compromiso en materia de planeación, vigilancia y evaluación del desarrollo integral del Estado. Es mucho lo que la Universidad puede aportar en la determinación de prioridades y en los modos de atenderlas. Hagámoslo!

El desafío humanista de la Universidad es el liderazgo de la inteligencia de una sociedad en movimiento y transformación permanente.

Pero entendamos que ninguna propuesta puede ser válida, sin tomar en cuenta nuestra historia y nuestras mejores tradiciones. En ese marco se inscriben estas líneas, que apenas garabatean la posibilidad de otro futuro para la UES, el cual debe repensarse y rehacerse en un tiempo histórico caracterizado no tanto como época de cambio sino, más bien, como cambio de época.

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