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¿Qué sabemos de los jóvenes? Principales desafíos..!!

Ricardo Olmos Guevara
Economista

En este proceso electoral uno de los grupos sociales bastante mencionados por los candidatos y dirigentes de los partidos políticos en contienda ha sido los jóvenes. Y es que son de esas oportunidades en donde los jóvenes se manifiestan sobre su futuro. Es por ello que a lo largo de esta campaña electoral a los jóvenes se les ha visto apoyando a una u otra fórmula presidencial con mayor o menor entusiasmo, acompañando a sus candidatos a la presidencia de El Salvador. Las variadas formas de apoyo han sido desde demostraciones en las calles o por los medios virtuales que hoy se encuentran a disposición por los avances tecnológicos en el mundo.

¿Qué sabemos de los jóvenes? ¿Cuáles son las razones para que se decanten más o menos por determinados candidatos? ¿Qué esperan los jóvenes en el corto y mediano plazo? ¿Cuáles son los desafíos de los jóvenes en la sociedad salvadoreña?

Veamos algunas cifras. En El Salvador somos alrededor de 6.4 millones de habitantes, donde el 28.0 % de la población es joven, es decir, 1,750,00. Para mayor precisión se designa como jóvenes al grupo etario que va desde los 15 a los 29 años de edad. Tomando estos datos, aprovecho una metáfora que la he tomado del coordinador residente del PNUD en El Salvador, el Sr. Roberto Alen: “Cuando una vasija se rompe lo que debe hacerse es buscar las piezas más grandes, las que están intactas, y en torno a ellas comenzar el complicado trabajo de pegar las demás partes”. Una de esas piezas grandes es la juventud.

El primer desafío para mejorar las condiciones de vida de los jóvenes es brindarles las condiciones para una mejor educación de calidad, abriéndoles la puerta a un mejor futuro y a un trabajo que les permita construirlo. Sobre este punto hay que decir que las oportunidades de formación técnica y vocacional han sido promovidas exclusivamente por determinadas ONG con el apoyo de INSAFORP. Esta formación técnica si bien cubre una demanda real de formación, sin embargo, no está articulada con el sistema educativo.

La cobertura que las ONG alcanzan de formación profesional técnica y vocacional es residual: no se atiende a todos/todas quienes no poseen oportunidades y no acceden a los estudios preuniversitarios y universitarios, es decir que la cobertura de este tipo de formación atiende un déficit estructural de formación que no se ha resuelto y requiere ser atendido de manera frontal, propiciando de manera rápida que los mismos centros de educación media atiendan e impulsen la formación técnica y vocacional.

El objetivo ha de ser resolver el divorcio con el mercado laboral en las áreas técnicas y vocacionales, ampliando la formación que se establece en la educación secundaria en el país. Más aún la medida podría ser extendida como parte de la currícula o fuera de ella para atender a aquellos jóvenes que estén en edades diferentes a las que atiende el sistema educativo nacional.

Además se podrían aprovechar los espacios que brindan los diferentes centros de educación media para el arranque de la formación vocacional de manera pronta y sin contratiempos de ninguna índole.

El segundo desafío es que el sistema educativo debe asegurar el desarrollo de las capacidades de los jóvenes, pues solamente el 30 % de la Población Económicamente Activa joven apenas ha estudiado la primaria. Es decir, la educación ofrecida por el Estado no ofrece la posibilidad de movilidad social. Con ese nivel de escolaridad formal, cuando se somete el joven al mercado laboral las oportunidades son limitadas.

No es extraño pues que más del 40 % de la población joven se inserte en actividades laborales que exigen poca calificación y ofrecen poca estabilidad, restringiendo las posibilidades de que el trabajo sea fuente de realización y satisfacción: según información estadística, más de la mitad de la población joven percibe que no tiene ninguna o muy poca oportunidad de acceder al trabajo. De hecho, 21 de cada 100 jóvenes no estudian ni trabajan. Esto es un problema para el futuro gobierno, pues es un rasgo permanente que debe ser atendido urgentemente. No es extraño que bajo estas circunstancias, el mundo real, y de las condiciones de vida y formación de los jóvenes, se expresen con más emotividad en esta campaña electoral. En el corto plazo, para el próximo gobierno 2019-2024 no hay que pensar solamente en revisar únicamente el modelo educativo o definir de manera general que se requiere la reforma educativa y quedarse hasta ahí. Se debe realizar una intensa revisión del modelo fiscal, financiero, laboral, etc., para avanzar y proponer soluciones que puedan pegar los otros componentes de la vasija rota, es decir, el conglomerado social restante.

Un tercer desafío es proceder a identificar las oportunidades que pueden ser previstas para los jóvenes, algo que debe ser debidamente realizado con pensamiento estratégico, dejando de lado coyunturas electorales. Se debe poner atención en el porvenir de las mayorías sociales. Cada candidato ha ofrecido algunos programas y proyectos. Ojalá que sean de conformidad a lo que los jóvenes solicitan de los futuros gobernantes en el país y que correspondan a sus necesidades más urgentes, del futuro cercano y del mediano plazo.

Los cambios para que se gesten y ofrezcan resultados efectivos y generen soluciones a lo largo del tiempo requieren de nuevas perspectivas y enfoques para no quedarse solamente con lo que otras generaciones ya propusieron. Se requiere que se les tome en cuenta a los jóvenes y demás sectores sociales, debiendo ser escuchados en sus peticiones.

Hay que tener en cuenta la voz de los jóvenes para que los nuevos planes y programas respondan a los ideales de ellos mismos. Sin duda debe de conocerse la demanda de las capacidades laborales que las empresas requieren. Hay que revisar el entorno nacional e internacional y las oportunidades para desarrollar económicamente nuestra economía para que exista una sincronía, elevando al mismo tiempo el perfil técnico y vocacional de nuestros jóvenes.

En los últimos dos gobiernos del FMLN se han abierto nuevas oportunidades para los jóvenes pero todavía la cobertura de tales programas es exigua, sin embargo, han superado con creces los nulos resultados de las gestiones gubernamentales que antecedieron. Hay que educar y trabajar con la gente, con los jóvenes, que sean ellos los que participen desde las etapas iniciales de diseño de nuevos programas. Hay que vencer las posibilidades de apatía y de desconfianza de los jóvenes sobre las nuevas propuestas que se ventilen.

Hay que afirmar que aquellos programas que han tenido impactos positivos o cuyo alcance no haya tenido los impactos deseados deberán ser motivo de evaluación. Otros, y por supuesto, nuevos programas y proyectos, deberán ser promovidos sin descuidar la cobertura, las capacidades básicas de todos los sectores sociales y que requiera la economía nacional para generar esperanza de una inserción efectiva de la juventud a la vida laboral.

Los jóvenes deben saber que ellos son los artífices de su futuro. Serán ellos los responsables también en demandar los mejores servicios educativos; serán ellos, en consecuencia, los responsables de consentir o no a aquellos gobernantes que les aseguren vencer los desafíos que les garanticen su formación profesional, técnica y vocacional a la brevedad posible.

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