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La directora ejecutiva de Pro-Vida Graciela Colunga explica los esfuerzos que la fundación humanitaria ha hecho en áreas como salud, medioambiente, gestión hídrica, entre otros temas, durante 34 años de existencia. Foto Diario Co Latino/Ludwin Vanegas.

PRO-VIDA desde la organización social para un salto en calidad de vida

Gloria Silvia Orellana
@SilviaCoLatino

“Nacimos en un entorno del conflicto armado y la meta era atender a la población en situación crítica”, recuerda Graciela Colunga, sobre la fundación de la Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria (ProVida), una organización a la que ha dado sus esfuerzos junto a compañeros y compañeras, que trabajan desde hace 34 años en la salud, medioambiente y gestión hídrica, entre otros temas, comentó en entrevista con Diario Co Latino.

¿Cuándo deciden organizarse y definir sus áreas de trabajo?

-Nacimos con la meta de atender a la población que era, en este caso, sufría mucha agresión y fue así que nació en Chalatenango y otros frentes en la parte urbana y teníamos un orfelinato donde atendíamos niños y niñas víctimas de la guerra y madres que estaban a punto de parir y necesitaban atenciones especiales.

En el caso del conflicto fue una atención maravillosa tanto de médicos, enfermeras, promotoras de salud, que se hizo un sistema de salud impresionante, que realmente sin casi recursos económicos se lograron grandes cosas con los recursos humanos, fue una bendición, un honor, haber hecho un sistema de salud que venía desde la población y llegaba hasta los hospitales.

En el contexto del conflicto armado la población enfrentaba violaciones en sus derechos humanos, opresión para hombres, mujeres y jóvenes, quienes exigían acceso a la tierra, prerrogativas sindicales y justicia social.

¿Cómo se organizaban en este sistema social?

-Era impresionante, no teníamos clínicas, ni hospitales, pero teníamos salud. No teníamos escuelas, pero teníamos educación, era una organización muy fuerte con los poderes populares que estaban en constante sinergia, edificando un solo sistema que permitía la menor cantidad posible de personas enfermas.

Esta fue en la fase inicial originando la fundación de Centros de Educación Infantil (CDI) en los mercados, entonces siempre fuimos con niñez y mujer muy de la mano en lo urbano y lo rural.

Finalmente, vino la fase intermedia al concluir el conflicto armado, entonces médicas, médicos y enfermeras estaban en el monte, salieron y legalizaron su condición y se impulsó la salud desde el saneamiento del agua, higiene, saneamiento, educación en salud, también, temas en nutrición porque una cosa es comer y otra nutrirse.

ProVida concentró sus esfuerzos en la atención en salud, por medio de brigadas médicas voluntarias, donde muchos profesionales de la salud ofrendaron su vida tratando de ayudar a la población y salvarles la vida a la población infantil, mujeres, hombres y los y las jóvenes, que eran afectadas por el conflicto armado.

¿Cuál fue el referente de ustedes?

-Trabajamos en la atención fisiológica y psicológica de esa población, nuestros compañeros y compañeras trabajamos en lo que llamamos “determinantes de la salud” y el Alma Ata (atención primaria en salud) era la consigna y era nuestra referencia de origen.

Y así logramos obtener atención de fuentes financieras y entrar de manera fuerte con lo que eran sistemas de agua, letrinas, cocinas, calidad de vivienda, o sea, que fuera ventilada, repellada para evitar la chinche que genera el mal de Chagas. Y en el recuento de esa situación post cese al fuego, nos vinieron enfermedades fuertes, como una epidemia del cólera que en este país parece mentira pero se llevó a mucha gente mujeres y hombres, quienes murieron por una enfermedad que estaba superada desde la Edad Media. Y todas luces esta enfermedad que por falta de higiene y saneamiento se expandió. No nos quedamos de brazos cruzados, la respuesta nuestra fue la instalación de los laboratorios de calidad del agua, porque no basta tener agua, si no garantizamos que debe ser consumida sana.

¿En qué trascendió este esfuerzo?

-Con esta última fase, nos vimos obligados a establecer cuatro grandes programas, que hasta la fecha los conservamos, el primero fue un Programa de Salud Integral, con énfasis en determinaciones de la salud. El segundo fue el programa de Gestión Hídrica y Descontaminación, por la importancia del agua potable además de cosechar agua, producirla y filtrarla.

El tercer gran programa es la Gestión de Riesgos y Cambio Climático y el último programa, aunque no menos importante, fue el de Fortalecimiento Institucional, no solo para ProVida, sino también para los Comités Comunitarios de Salud, las Juntas de Agua, y las cooperativas o asociaciones de mujeres.

¿En qué aspecto radicó ese éxito?

-Fue en esa fuerza que implica la autogestión y la no dependencia de terceros para ir avanzando. Ahora nuestra satisfacción es que la gente ya sabe exigir a las autoridades sus políticas municipales, según sus intereses y hacen sus planes y tienen presupuestos etiquetados, esto es importante y cómo van haciendo vigilancia ciudadana, pero también trabajo en sinergias en donde se tienen derechos pero también responsabilidades y eso es grande por la línea transversal generacional que atraviesa, todo estos programas. Porque atendemos a las personas en todo el transcurso de su vida.

Por ejemplo, las mujeres, su necesidad práctica es resolver la manutención de su familia, pero ella también tiene necesidades estratégicas como es el respeto, el cariño y autocuido, es grave si una mujer dice que con solo que respeten a sus hijos y ella no importa, esto es grave.

¿Cuál fue la experiencia con la investigación de campo?

-En el tema de la investigación, supimos que a grandes problemas, respuestas replicables porque muchas veces el tema que queremos resolver no es suficiente lo que se hace o no hacemos nada, como el tema del cambio climático.

En la morbimortalidad materna como el cáncer cérvico uterino la movilidad de recursos es caro, porque tienen que llevar a ginecólogas, instrumental y transporte, entonces qué hacer para detener el flagelo del cáncer.

Encontramos que con el ácido acético aplicado al cuello del útero se identificaban las células cancerígenas y entonces con una botella de ácido acético que cuesta 2 dólares con 50 centavos. Se pueden hacer 500 pruebas y evitamos todo el gasto que reclama la clínica y atendemos de manera más certera a la identificación de células cancerígenas. Esto lo presentamos años atrás, a varios ministros de salud y creyeron que eso no era profesional y fue hasta que llegó el nuevo gobierno, que comenzó a tomar en cuenta nuestras experiencias y propuestas porque teníamos resultados científicos y palpables y salvamos vida. Somos también parte de otros espacios y articulamos esfuerzos a nivel mundial desde el Foro Mundial por la Salud de los Pueblos, Foro al Derecho al Agua y el Foro Mundial por la Justicia Climática.

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