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¿Por qué soy candidato?

Nayib Bukele

Hace unos días, cure case tarde para una reunión, ampoule decidimos bajar a comprar algo de comer en un restaurante de comida rápida. Algunas personas se me acercaron para saludarme y decirme que me apoyaban, otras para decirme que aunque no podían votar en San Salvador me deseaban suerte; otras no me saludaron, talvez por pena o simplemente no sabían quién era ese muchacho insignificante que no parece tener nada especial. Sin embargo, hubo un grupo de gente que, sin disimular, volvió a ver a otro lado y murmuró: “Ahí está ese candidato del Frente”.

La verdad, todas las opiniones son válidas, hasta las que no nos gustan. Así que lo murmurado no tuvo nada de malo, de hecho es verdad, ahí estaba ese candidato del Frente.

Pero por muy inofensivas las palabras, y por más que nos la llevemos de que no duelen, me obligaron a pensar en algo, que talvez no había pensado de esa manera: ¿Qué pensarán algunas personas de mi candidatura?

Para los que votan usualmente por el Frente, los independientes, los no partidarios y los apolíticos (los que ni siquiera les interesa la política), las opiniones variarían en un espectro entre “es lo mejor que nos puede pasar” a “no creo que las cosas cambien”. Sin embargo, ¿qué pensará alguien quien desde hace mucho tiempo, se enseño a si mismo, o le enseñaron a votar SIEMPRE por ARENA, aún no creyendo en los candidatos, en las propuestas, o no estando de acuerdo con las actuaciones del partido? ¿Qué pensará esa persona, sobre ese candidato del Frente?

Las heridas en nuestro país vienen desde hace mucho, mucho antes de la guerra. Vienen de la división social que se generó con la Colonia. No han podido ser superadas en su totalidad, y en el camino, han dejado una estela de sangre y resentimiento, de odio y de miedo que han sido un factor clave para sumergir a nuestro país en el subdesarrollo.

En El Salvador, siempre han habido 2 grupos, y los del “otro grupo” deben ser todos malos… ¿verdad? La respuesta lógica sería: “por supuesto que no”. Lastimosamente, como salvadoreños, no siempre hemos estado dispuestos a dar el paso, y entender que en “ambos grupos” hay padres, madres, hijos, abuelos, nietos, jóvenes, estudiantes, gente trabajadora, emprendedores, artistas, atletas, soñadores. Es algo tan sencillo, pero a la vez tan difícil. Nuestra actitud ha hecho que nuestro país no avance. Lo sabemos, pero no cambiamos. Como si en el fondo quisiéramos seguir siendo subdesarrollados. Para ser sincero, a veces me lo he preguntado. ¿Será que estamos mal por qué queremos estar mal? Naciones han estado en peores situaciones que la nuestra y han salido adelante porque sus ciudadanos decidieron hacerlo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Japón estaba devastado, había perdido una guerra y le habían caído 2 bombas atómicas encima. En ese momento, en el que en Japón no habían edificios en pie, nuestro país estaba intacto. Cualquiera hubiera pensado que 70 años después El Salvador estaría mucho mejor que Japón, pero es todo lo contrario. Ellos decidieron salir adelante de la adversidad y nosotros decidimos que nos íbamos a odiar entre hermanos; que los del “otro grupo” eran malos. ¿Acaso eso no debe cambiar? Estoy seguro que todos, o la gran mayoría, estarán de acuerdo en que la respuesta es: Si.

Pues si, eso debe cambiar, y creo que el día en que cambiemos ha llegado. Por eso soy candidato. No sólo por el gran reto de cambiar San Salvador, sino para cambiar la forma en la que vemos la política y lo que representamos los políticos. Que veamos que hay buenas ideas y buenas personas en “el otro lado”. Que recordemos que las grandes cosas que nos unen son mucho mayores que las pequeñas cosas que nos separan. Que tomemos la decisión de vernos como lo que somos: hermanos. Para que decidamos salir adelante. Sé que será una campaña dura. Sé que me atacarán e inventarán cosas sobre mi. Sé que rehuirán al debate de ideas (que no pueden ganar) y tratarán de atacarme personalmente. No les tengo miedo, talvez un poco por mi familia, por mis papás, pero ellos conocen al hijo que educaron y saben que si queremos vencer la política sucia, esta no va a desaparecer sin dar su lucha. Van a usar todo lo que tienen, todos los trucos viejos, toda su campaña de miedo. Pero vamos a ganar, con una campaña propositiva, de ideas, de esperanza, de cambio, de inclusión.

Por eso soy candidato. Por que nuestro país necesita un cambio de pensar. Y ya no podemos, ni debemos, esperar más. La verdad, aún lográndolo nos habremos tardado. Cuánto tiempo perdido… Duele pensar en todo lo que seríamos como país si hubiéramos tomado esa decisión hace mucho. Pero ahora sólo queda mirar hacia el futuro y decidir, de una vez, que vamos a dejar atrás lo poco que nos divide, que vamos a construir sobre lo mucho que nos une y que vamos, como nación, a decidir salir adelante. Estoy seguro que llegó la hora. ¿Me acompañan?

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