Redacción Nacionales
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El padre Jhonny Flores presidió este domingo, la homilía en la Cripta de Catedral Metropolitana de San Salvador. La liturgia de este vigésimo séptimo domingo del tiempo ordinario, trató sobre la parábola de los viñadores homicidas y el llamado a dar frutos de justicia y amor en la viña del Señor.
El sacerdote inició su homilía, preguntando “¿Quién es o qué es la viña del Señor?”, en primer lugar, señaló que la viña del Señor es la casa de Israel. El líder religioso recordó el Génesis y citó el Evangelio de San Mateo para explicar los orígenes del viñedo.
“Ha dicho que un hombre plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar (recipiente), le construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. En el Génesis, cuando Dios nos cuenta el relato de la creación, dice que todo lo que Dios creó era bueno.
“Bendijo al hombre y a la mujer, diciéndole que sometieran a las bestias del campo, a los animales del mar y a los animales que estuvieran en el cielo. Dios le había diseñado al ser humano un mundo perfecto, donde el ser humano no iba a conocer la corrupción de la muerte, donde el ser humano no iba a conocer el dolor, ni la enfermedad, ni la agonía. Iba a estar dotado de lo que nosotros conocemos o llamamos de los dones preternaturales”, destacó Flores.
Sin embargo, más adelante, el ser humano es el primero en que le dice “no” a un plan perfecto de Dios.
“Dios le había diseñado un paraíso, totalmente bueno al hombre, pero el hombre le dice no cuando permite que su soberbia entre al corazón y entre el pecado. Luego del pecado de nuestros padres, Adán y Eva, el libro de Génesis nos cuenta la historia de Caín y Abel y como la envidia hace que un hermano termine matando a otro hermano. Más adelante, se repite la historia, los hermanos de José lo quieren matar por celo, pero lo terminan vendiendo como esclavo y llega a Egipto”, recordó el padre.
Por ello, es que el pueblo de Israel llega a Egipto y este queda esclavizado; sin embargo, Dios no abandonó a su pueblo ya que les envía a Moisés para que lo libere y los traslada a la Tierra Prometida.
En la Tierra Prometida, Dios envió jueces para guiar a Israel, pero el pueblo, de corazón frágil, caía en idolatría cada vez que era conquistado. Más tarde, llegaron los profetas para llamar a la fidelidad para anunciar “la buena nueva” del Señor.e
El pueblo rechazaba a los profetas que denunciaban sus pecados, llegando a perseguirlos y matarlos. Juan Bautista fue encarcelado y decapitado por Herodes al señalar su adulterio. Finalmente, Cristo, el Hijo de Dios, también fue rechazado y crucificado, cumpliéndo la parábola de la viña.
“Aquella viña que el Señor había hecho, que el viñador había construido y que nos habla también el profeta Isaías, era aquel paraíso perfecto que Dios había hecho para la humanidad. Pero la humanidad le fue diciendo no a ese plan perfecto. En la parábola, el Señor decía que los apedrearon, los maltrataron, los mataron, lo que hicieron con los profetas. Luego los mandó a otros en mayor número y los tratan igual. Por último, envió a su propio hijo pensando que lo respetarían. Pero los viñadores dijeron, -ese es el heredero, matémoslo-”.
Por ello, el viñero cambia de administrador, ahora, es el cristiano y no los ancianos. “Ahora la pregunta es, ¿y nosotros, estamos dando frutos? ¿de qué calidad son esos frutos?”, reflexionó el padre.
“Si tú y yo queremos dar frutos buenos para el Señor, preparemos la tierra, dispongamos nuestro corazón, preparemos nuestro corazón para que la palabra de Dios caiga en tierra fértil, abonemos nuestro corazón con la palabra de Dios, con la vida sacramental, con la vida en comunión y con la oración”, finalizó el padre.
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